YouTuber Peter Sripol creó una máquina voladora usando 50 motores de drones, piezas impresas en 3D y cinta adhesiva, logrando realizar vuelos cortos.
En 2021, el inventor y YouTuber Peter Sripol llamó la atención de millones de personas al presentar un proyecto que parecía imposible incluso para entusiastas de la aviación experimental. En lugar de utilizar un motor aeronáutico convencional, decidió construir una máquina voladora eléctrica utilizando 50 motores de drones, piezas impresas en 3D, baterías y una cantidad considerable de cinta adhesiva. El resultado fue uno de los experimentos más inusuales jamás vistos en la aviación de garaje.
El objetivo no era crear un vehículo comercial ni una aeronave práctica. Sripol quería descubrir si decenas de pequeños motores de drones podrían generar suficiente empuje para levantar a una persona del suelo. Contra todas las expectativas, la respuesta terminó siendo sí. El equipo logró realizar vuelos cortos durante las pruebas, convirtiendo el experimento en un fenómeno de internet.
La idea surgió a partir de una pregunta aparentemente simple sobre el límite de los motores de drones
Los drones modernos pueden levantar cámaras, sensores y equipos relativamente pesados. Pero Peter Sripol decidió llevar este concepto al extremo. En lugar de utilizar cuatro o seis motores, como ocurre en drones convencionales, decidió instalar cincuenta unidades trabajando simultáneamente para producir sustentación.
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El concepto recordaba a un paramotor eléctrico, equipo utilizado en parapentes motorizados. La diferencia es que, en lugar de una gran hélice trasera, el sistema utilizaba decenas de pequeños motores eléctricos distribuidos en una estructura circular sujeta a la espalda del piloto.
La propuesta parecía absurda incluso para especialistas en drones, pero era precisamente eso lo que hacía el proyecto tan interesante.
El equipo fue construido con impresión 3D, baterías y mucha improvisación
Gran parte de la estructura fue producida en impresoras 3D. Los soportes de los motores, conexiones y diversos componentes estructurales fueron creados específicamente para el proyecto. El conjunto también recibió baterías de alta capacidad responsables de alimentar simultáneamente los cincuenta motores eléctricos.
El propio Sripol dejó claro que el proyecto no debería servir como ejemplo de construcción aeronáutica.
En su vídeo, repitió varias veces que el experimento involucraba riesgos significativos y no debería ser reproducido. Diversos componentes fueron montados de forma improvisada durante el desarrollo, incluyendo partes fijadas con cinta adhesiva mientras soluciones más definitivas no estaban listas.
Esta mezcla de creatividad, improvisación y audacia terminó convirtiéndose en una de las marcas registradas del proyecto.
El mayor desafío era generar empuje suficiente sin hacer la estructura demasiado pesada
La física detrás del experimento era más complicada de lo que parecía. Cada motor individual generaba poco empuje. Para que cincuenta unidades fueran capaces de levantar a una persona, era necesario mantener el conjunto extremadamente ligero. Cualquier exceso de peso reduciría drásticamente las posibilidades de éxito.
Por este motivo, el equipo utilizó materiales ligeros y una estructura simplificada.
Aun así, el margen entre sustentación y peso total permaneció pequeño durante todo el desarrollo. Pequeñas fallas o pérdidas de eficiencia podían comprometer completamente el funcionamiento del sistema.
Las primeras pruebas revelaron problemas inesperados
Como ocurre en muchos proyectos experimentales, no todo funcionó en el primer intento. Durante algunas pruebas, motores presentaron fallas, tornillos se soltaron y componentes necesitaron ser reforzados.
En uno de los vuelos relatados por la prensa especializada, uno de los motores llegó a desprenderse parcialmente de la estructura, obligando a la interrupción inmediata del intento. Otro desafío importante fue la autonomía.
Según los relatos publicados en la época, el conjunto de baterías permitía aproximadamente cinco minutos de funcionamiento, limitando bastante el tiempo disponible para pruebas. Aun así, el sistema logró demostrar que el concepto era técnicamente viable.
La máquina realmente logró despegar
El momento más esperado finalmente ocurrió cuando las pruebas mostraron que el conjunto de motores producía la sustentación suficiente para levantar al piloto.
Los vuelos realizados fueron cortos y experimentales, pero demostraron que el concepto funcionaba. Imágenes registradas durante las pruebas muestran el equipo despegando del suelo y permaneciendo sustentado por el empuje combinado de los cincuenta motores eléctricos.

Aunque el rendimiento estaba lejos de cualquier estándar aeronáutico convencional, el simple hecho de que la máquina volara ya representaba una victoria para el experimento.
Fue precisamente esta combinación de improvisación extrema y resultado inesperado lo que hizo que el proyecto se volviera viral.
El ruido de los 50 motores se convirtió en una atracción aparte
Quienes asistieron a las pruebas notaron rápidamente otro detalle. El ruido producido por los cincuenta motores funcionando al mismo tiempo era impresionante.
Vehículos especializados en drones y aviación describieron el sonido como una mezcla entre un enjambre gigante de insectos y docenas de drones operando simultáneamente.
El ruido terminó convirtiéndose en una característica destacada del proyecto, ayudando a reforzar la apariencia futurista y al mismo tiempo caótica de la máquina voladora.
El experimento mostró hasta dónde la creatividad puede llevar proyectos de garaje
El proyecto de Peter Sripol no tenía objetivo comercial ni pretendía competir con aeronaves reales. Su valor estaba precisamente en la demostración práctica de un concepto que pocas personas imaginarían probar.
Al combinar impresión 3D, motores de drones, electrónica y mucha experimentación, el YouTuber logró transformar una idea aparentemente absurda en una máquina que realmente despegó del suelo.
El proyecto nunca tuvo la intención de revolucionar la aviación. Aun así, mostró algo que fascina a los inventores desde hace décadas: a veces, una idea que parece completamente imposible puede terminar funcionando cuando alguien decide probarla en la práctica.
Con cincuenta motores de drones, una impresora 3D y mucha creatividad, Peter Sripol transformó una experiencia de garaje en uno de los experimentos de vuelo más curiosos jamás registrados en internet.


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