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A 5.000 metros de profundidad, donde no hay luz solar, investigadores encontraron ADN antiguo preservado en el lodo del Atlántico Sur y descubrieron señales de organismos que no coincidían con los registros conocidos.

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Escrito por Geovane Souza Publicado el 09/07/2026 a las 15:36
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Sedimentos retirados de llanuras abisales revelaron fragmentos genéticos preservados por hasta 32,5 mil años, indicando que el fondo del océano guarda una parte de la biodiversidad que la ciencia aún no puede ver solo por fósiles

Científicos encontraron ADN antiguo preservado en sedimentos del Atlántico Sur, a unos 5.000 metros de profundidad, en un área donde la luz solar no llega y la presión del agua hace que cualquier recolección sea una operación compleja.

El material estaba en capas de lodo acumuladas en el fondo del mar y fue asociado a organismos unicelulares, principalmente foraminíferos y radiolarios.

El trabajo, publicado originalmente en la revista Biology Letters, analizó cuatro testigos de sedimentos retirados de profundidades abisales en el Atlántico Sur e identificó ADN eucariótico en capas con hasta 32,5 mil años, según el conjunto de datos depositado en la plataforma científica Dryad.

El hallazgo muestra que el fondo del océano funciona como un archivo biológico, capaz de preservar pistas de seres que vivieron en períodos antiguos y que ni siempre dejan marcas claras en el registro fósil.

El lodo retirado del fondo del mar se convirtió en un archivo genético de miles de años

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Vehículo operado remotamente con muestras recolectadas, imagen capturada por el ROV Odysseus. (Créditos: Microbial Stowaways)

El equipo trabajó con sedimentos compactados, retirados en columnas del lecho oceánico. Este tipo de muestra permite observar una secuencia temporal, ya que las capas más profundas suelen guardar material más antiguo, acumulado lentamente a lo largo de miles de años.

De acuerdo con el estudio, los investigadores buscaron fragmentos de ADN ligados a dos grupos de microorganismos marinos, los foraminíferos y los radiolarios.

Ambos son unicelulares, pero tienen un papel importante en la reconstrucción de la historia de los océanos porque algunas especies forman estructuras minerales que pueden fosilizar.

La diferencia es que el ADN sedimentario también alcanza organismos que no entran bien en el registro fósil. Esto cambia la lectura del pasado marino, porque revela grupos que podrían pasar desapercibidos si los científicos dependieran solo de caparazones, conchas microscópicas o vestigios minerales.

Lo que apareció en el ADN no coincidía totalmente con las bases de datos modernas

Al comparar las secuencias recuperadas con bases de datos genéticas, los investigadores encontraron señales de diversidad que no corresponden perfectamente a los registros conocidos.

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Científicos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), manipulan un núcleo de sedimento recolectado del fondo del mar. (Foto: Art Howard)

Esto no significa que cada fragmento represente una especie nueva formalmente descrita, pero indica linajes poco documentados o ausentes de las bases usadas como referencia.

Como informó la revista Science en 2013, el trabajo identificó ADN de pequeños organismos unicelulares que vivieron hace hasta 32,5 mil años en el Atlántico Sur, en un área a 5.000 metros bajo la superficie.

El reportaje también destacó que parte de las secuencias no aparecía en el registro fósil tradicional, precisamente porque muchos de estos organismos no dejan fósiles fáciles de reconocer.

Este detalle es lo que hace que el hallazgo sea relevante para la oceanografía. El lodo del fondo del mar deja de ser solo sedimento y pasa a ser una especie de biblioteca natural, con datos sobre biodiversidad, temperatura, cambios ambientales y composición de los ecosistemas antiguos.

Por qué el ADN logró resistir en un ambiente tan extremo

La preservación del ADN en el fondo del océano depende de una combinación de factores. La baja temperatura, la ausencia de luz y la estabilidad física de las llanuras abisales reducen parte de los procesos que degradan el material genético.

En las profundidades, la descomposición es más lenta que en ambientes cálidos e iluminados. El lodo fino también ayuda a proteger fragmentos orgánicos, aislando parte de este material del contacto directo con corrientes, oxígeno y microorganismos que acelerarían la degradación.

La NOAA explica que el ADN ambiental, conocido como eDNA, es el material genético liberado por organismos en el ambiente, a través de partículas de tejido, moco, heces u otros vestigios. Después de ser recolectadas, las muestras pasan por filtración, preservación y secuenciación para comparación con bases de datos genéticas.

En el caso del Atlántico Sur, la importancia está en el uso de este principio en sedimentos antiguos. En lugar de buscar solo ADN presente en el agua actual, los científicos analizan capas acumuladas en el pasado, lo que permite reconstruir parte de la vida marina en períodos anteriores.

El descubrimiento muestra cuánto el océano profundo aún es poco conocido

El océano cubre cerca de 70% de la superficie de la Tierra, tiene una profundidad media de 3.682 metros y sigue poco explorado en detalle. Según la NOAA, hasta abril de 2026, 28,7% del fondo oceánico global había sido mapeado con tecnología moderna de alta resolución, y menos de 0,001% del fondo del océano profundo había sido observado visualmente.

Este dato ayuda a explicar por qué una muestra de lodo puede revelar tantas cosas. El océano profundo es mayor que cualquier bioma terrestre, pero aún depende de barcos, vehículos operados remotamente, sensores, robots y análisis de laboratorio costosos para ser estudiado con precisión.

La lectura genética amplía este alcance. No sustituye cámaras, redes, perforaciones o microscopios, pero añade una capa de información que puede detectar organismos invisibles en vídeo o ausentes de las muestras físicas tradicionales.

El ADN sedimentario también puede ayudar a reconstruir cambios climáticos antiguos

Un artículo de revisión publicado en Frontiers in Marine Science en 2023 describe el ADN antiguo en sedimentos marinos como una herramienta para reconstruir la historia de los ecosistemas a lo largo del tiempo geológico.

El texto resalta que el método amplía el análisis más allá de los organismos preservados como fósiles, aunque aún existen limitaciones técnicas y riesgo de interpretaciones erróneas cuando las muestras no están bien controladas.

Este cuidado es necesario porque el ADN antiguo suele estar fragmentado. Puede mezclarse con material más reciente, sufrir degradación química o ser contaminado durante la recolección y el laboratorio. Por eso, estudios de este tipo necesitan protocolos estrictos y comparación con diferentes líneas de evidencia.

Incluso con estas limitaciones, los sedimentos abisales pueden guardar señales de cambios en la temperatura del agua, en la composición del plancton y en la circulación oceánica. Cada capa funciona como una fotografía parcial de un período, con resolución suficiente para mostrar cambios que el registro fósil por sí solo no alcanza.

El avance de la minería submarina hace que este mapeo sea más urgente

El interés por minerales en el fondo del mar ha aumentado en los últimos años, principalmente por metales usados en baterías, equipos electrónicos y tecnologías de energía. Este avance presiona áreas profundas que aún no han sido mapeadas biológicamente con el mismo detalle que sus reservas minerales.

La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos lista publicaciones sobre minería, protección ambiental y uso de ADN ambiental para ampliar el conocimiento de la biodiversidad en áreas profundas.

En 2024, el organismo incluyó entre sus documentos un informe de política sobre el potencial de los estudios de ADN ambiental para mejorar la comprensión de la vida en el fondo del mar.

El problema práctico es simple. Si un área es removida antes de haber sido estudiada su biodiversidad, especies microscópicas pueden desaparecer sin nombre, sin registro y sin función ecológica comprendida. El ADN antiguo ayuda a mostrar que incluso sedimentos aparentemente pobres pueden contener información biológica valiosa.

El fondo del Atlántico Sur no reveló monstruos, pero mostró algo quizás más raro

El hallazgo en el Atlántico Sur llama la atención precisamente por contradecir la idea de que las llanuras abisales están vacías. A 5.000 metros de profundidad, donde no hay luz y la presión limita la presencia humana, el sedimento preservó rastros genéticos de organismos antiguos y poco conocidos.

El descubrimiento también refuerza un cambio de método en la ciencia marina. En lugar de depender solo de lo que puede ser visto, fotografiado o fosilizado, los investigadores pasan a leer fragmentos químicos dejados por seres minúsculos. Es una investigación lenta, de laboratorio, pero capaz de abrir nuevas preguntas sobre evolución, clima y biodiversidad.

El lodo oscuro del fondo del mar, retirado lejos de la costa y debajo de kilómetros de agua, mostró que la historia de la vida marina aún está incompleta. Y parte de ella puede estar guardada en capas finas de sedimento, esperando tecnología suficiente para ser leída.

Deje su comentario sobre este descubrimiento. ¿Cree que el fondo del océano debe ser mapeado antes de cualquier avance de minería submarina? La ciencia aún conoce poco de las áreas profundas, y la opinión de los lectores ayuda a ampliar este debate.

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Geovane Souza

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