Conocida como Elevación del Río Grande, el área sumergida guarda tesoros minerales y un pasado que la conecta con el continente africano, generando una disputa geopolítica.
En el fondo del Océano Atlántico, existe una vasta área que puede redefinir el futuro económico y geopolítico de Brasil. Apodada «Atlántida Brasileña», la Elevación del Río Grande es una potencial ciudad sumergida que guarda no solo una historia geológica fascinante, sino también tesoros minerales valiosos. La jornada para desvelar y reclamar esta región es compleja y está llena de desafíos.
El descubrimiento de la «Atlántida Brasileña» en la costa del país
La historia de este descubrimiento comenzó en 2013. Geólogos brasileños, en una asociación con científicos japoneses, identificaron lo que parecía ser un continente sumergido. La misteriosa formación estaba a más de 1.000 km de la costa brasileña.
Roberto Ventura Santos, entonces director del Servicio Geológico de Brasil (CPRM), anunció el descubrimiento. En sus palabras, «esto puede ser la Atlántida Brasileña». La declaración era una alusión al mítico continente perdido entre América del Sur y África. La región, bautizada como Elevación del Río Grande (ERG), se encuentra a más de 5.000 metros de profundidad y está compuesta por montañas que alcanzan 4.000 metros de altura, superando el Pico da Neblina, el punto más alto de Brasil.
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Cómo la arcilla roja reveló un continente perdido

A pesar del descubrimiento en 2013, las primeras expediciones de peso ocurrieron en 2018. Barcos de investigación de Brasil e Inglaterra unieron fuerzas. Investigadores de la USP y de la University of Southampton realizaron dragados, un proceso de extracción de materiales del fondo marino para estudio.
En este proceso, encontraron una muestra de arcilla roja. Este tipo de arcilla no es característica del fondo marino. Se forma solo en la superficie y en climas tropicales. La presencia de esta en el lugar indica que, en algún momento del pasado, esa región estuvo por encima del nivel del mar. «El hecho de que estemos encontrando estas evidencias de que esta área era una isla hasta hace poco tiempo es muy importante», afirmó el profesor Luís de Giovani, uno de los responsables del trabajo.
Del supercontinente Gondwana al fondo del mar

Se cree que la Elevación del Río Grande formaba parte del supercontinente Gondwana. Este bloque de tierra conectaba América del Sur y África hace millones de años. Gondwana comenzó a fragmentarse hace unos 100 millones de años.
La ruptura dio origen a los continentes tal como los conocemos y, al parecer, a esta ciudad sumergida. Sin embargo, la ERG no se hundió inmediatamente. La submersión ocurrió hace unos 40 millones de años, provocada por el peso de un volcán, lava y el movimiento de placas tectónicas. Las estimaciones sugieren que la isla tenía un tamaño aproximado al de España.
Metales raros y el futuro económico de Brasil

Análisis revelaron que la región es rica en los llamados elementos ITEC. Se trata de metales raros y de gran valor, como cobalto, níquel, platino, selenio y niobio. Todos son esenciales para la producción de paneles solares, baterías y otras tecnologías de punta.
La explotación de la ERG podría generar miles de millones de dólares en ingresos para Brasil. Esto no solo reduciría la dependencia de la importación de estos metales, sino que transformaría al país en un gran proveedor mundial. Un estudio conservador de la CPRM estimó que solo el cobalto ya identificado en el área podría valer más de 8 mil millones de dólares.
Batalla diplomática y riesgos ambientales
El principal obstáculo es la ubicación. La ERG está en aguas internacionales, muy más allá de la Zona Económica Exclusiva de Brasil. Brasil solicitó a la ONU la inclusión del área como una extensión de su plataforma continental, dentro del proyecto «Amazônia Azul», pero la reivindicación aún no ha sido aprobada. Existen dudas sobre si la formación es una extensión natural de la margen continental brasileña o africana.
Actualmente, Brasil tiene un contrato con la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) que permite solo la investigación en el área, válido hasta 2030. La extracción requeriría una nueva autorización, tecnología de punta que el país aún no posee y una alta inversión. Además, está la cuestión ambiental. Biólogos advierten que el ecosistema local es único, con organismos que reflejan la vida en los océanos desde hace millones de años. Cualquier intervención podría llevar estas especies a la extinción.

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