En Australia, agricultores identifican riesgos climáticos con US$ 94 mil millones en producción, adoptan técnicas adaptativas para proteger ganado, cultivos y cadenas de suministro, y alertan a los gobiernos sobre la necesidad de inversiones inmediatas en infraestructura y políticas agrícolas
La primera Evaluación Nacional de Riesgos Climáticos de Australia señala que el sector agrícola ya siente los impactos del aumento de las temperaturas, cambios en las estaciones de cultivo e interrupciones en las cadenas de suministro. Los productores destacan que, aunque se están adaptando, es urgente el apoyo gubernamental para mantener la producción de alimentos y proteger comunidades rurales.
El informe muestra que incluso razas de ganado resistentes al calor, como la Brahman, sufren con extremos térmicos, afectando la productividad y el bienestar animal. Quemaduras solares en frutas, crecimiento deficiente de los pastos y estaciones de cultivo más cortas contribuyen a reducir la cantidad y calidad de los alimentos disponibles.
El sector agrícola australiano, que mueve US$ 94 mil millones, se ve como parte de la solución, pero advierte que necesitará inversiones en infraestructura, asistencia técnica y políticas sectoriales robustas para enfrentar los desafíos futuros.
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Estrés térmico e impacto directo en los cultivos y en el ganado
El calor extremo reduce la productividad de los cultivos, perjudica el crecimiento de los pastos y causa estrés en los bovinos. Las frutas pueden sufrir quemaduras solares, mientras que los cultivos que dependen de noches frías tienen un florecimiento comprometido. El efecto cascada amenaza la salud de los trabajadores rurales, la seguridad alimentaria y la economía regional.
La Evaluación Nacional de Riesgos Climáticos clasifica el riesgo actual para la agricultura como moderado a alto, pudiendo llegar a muy alto hasta 2050, especialmente en regiones del norte del país, como Queensland, que concentra 18 de las 20 áreas más expuestas al calor.

Agricultores adaptan prácticas, pero piden apoyo gubernamental
Productores como Shane McCarthy, de AgForce Queensland, destacan que los agricultores ya aplican métodos de pastoreo inteligente y gestión del suelo que permiten secuestrar carbono y aumentar la resiliencia. Sin embargo, él advierte que las políticas públicas deben involucrar a la industria desde el inicio, aprovechando el conocimiento local.
Jo Sheppard, de la Federación de Agricultores de Queensland, refuerza que la mejora del manejo del suelo, la irrigación, la eficiencia energética y la rotación de cultivos debe ser respaldada con inversiones, para que los agricultores se preparen mejor para eventos climáticos extremos.
Investigaciones, tecnologías y mercado de carbono como aliados
Datos de satélite y modelización de biomasa de pastos ya se están probando en más de 100 lugares en América Latina y África, permitiendo que los productores monitoreen en tiempo real dónde deben pastar los animales para optimizar el forraje y reducir las emisiones de metano.
Según la FAO, los mercados voluntarios de carbono pueden generar financiamiento esencial para apoyar a los agricultores en la transición a sistemas agroforestales y prácticas regenerativas. Se espera que estas soluciones ayuden a mitigar emisiones y aumentar la resiliencia del sector.
Inversión en biocombustibles como estrategia de descarbonización
El gobierno australiano anunció un aporte de US$ 1,1 mil millones para acelerar la producción de combustibles líquidos de bajo carbono, hechos a partir de canola, sorgo, azúcar y residuos locales. La meta es sustituir combustibles fósiles en camiones, barcos y plantas, con la primera producción prevista para 2029.
Dan Galligan, de Canegrowers Queensland, afirma que la inversión en biocombustibles fortalecerá las economías regionales y ayudará a descarbonizar la agricultura, alineando producción de energía y seguridad alimentaria.
Australia ya demuestra adaptación, pero los gobiernos necesitan corresponder con políticas a largo plazo, inversión en infraestructura y apoyo técnico para que los agricultores continúen produciendo alimentos de alta calidad, enfrentando calor extremo y cambios climáticos.
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