Estados Unidos removieron 108 presas en 2024, reconectaron más de 4.000 kilómetros de ríos y aceleraron un desmantelamiento histórico de estructuras que por más de un siglo simbolizaron progreso, energía y control del agua.
Durante más de un siglo, construir presas fue tratado como sinónimo de desarrollo. Ayudaron a controlar inundaciones, abastecer ciudades, irrigar áreas agrícolas, mover estructuras industriales y generar energía. Ahora, parte de esa lógica comenzó a invertirse. En varias regiones, presas envejecidas, obsoletas o demasiado caras para mantener están siendo demolidas, y los ríos comienzan a recuperar tramos que estuvieron interrumpidos por décadas. Según la American Rivers, los Estados Unidos removieron 108 presas en 2024, igualando el récord anual ya registrado en el país.
De acuerdo con la organización (American Rivers), estas remociones reconectaron más de 2.528 millas de ríos, el equivalente a aproximadamente 4.068 kilómetros, devolviendo flujo libre a sistemas fluviales que estaban fragmentados por estructuras antiguas.
Presas antiguas dejaron de ser símbolo automático de progreso y pasaron a ser tratadas como pasivo ambiental y estructural
Según la American Rivers, los Estados Unidos tienen más de 550 mil presas repartidas por el territorio. Muchas de ellas fueron construidas para usos que perdieron relevancia económica o simplemente dejaron de existir. La entidad afirma que una parte significativa de estas estructuras ya es considerada obsoleta, insegura o económicamente inviable de mantener.
-
¿Adiós al ladrillo tradicional? Un nuevo ladrillo impreso en 3D promete casas listas en hasta 30 días, enfriamiento sin aire acondicionado y una reducción de hasta 9°C en el calor urbano utilizando solo agua y evaporación natural en la construcción civil.
-
387 toneladas de piedra de una mansión se deslizaron intactas por una carretera estatal cerrada y por encima de un canal, en menos de cuatro horas, cuando el histórico restaurante Chez Odette’s fue levantado y movido cerca de 300 metros en New Hope.
-
Edificios antiguos sin balcón ahora pueden obtener una terraza construida de afuera hacia adentro mediante una técnica de retrofit que valoriza la propiedad, pero aún enfrenta el alto costo y la aprobación de los condóminos.
-
China ha iniciado la construcción de lo que se espera que se convierta en la mayor esclusa fluvial del mundo en el río Yangtsé, un megaproyecto de 77,2 mil millones de yuanes que pretende más que duplicar la capacidad de transporte de carga en la presa de las Tres Gargantas.
Este punto ayuda a explicar el cambio de lógica. En lugar de gastar millones de dólares en reparaciones, refuerzos y adecuaciones en presas pequeñas y medianas que ya no cumplen un papel relevante, muchas comunidades han comenzado a ver la remoción como una opción más barata, más segura y ambientalmente más ventajosa. Lo que antes parecía impensable pasó a ser tratado como decisión racional de infraestructura.

La transformación es silenciosa, pero amplia. Según American Rivers, desde 1912 ya se han eliminado más de 2,240 presas en el país, y la velocidad de las demoliciones ha crecido fuertemente después de los años 2000. El movimiento ganó fuerza especialmente entre estructuras más pequeñas, que ya no tienen peso energético o logístico suficiente para justificar altos costos de mantenimiento.
La demolición de presas ya produce un retorno rápido para peces migratorios, sedimentos y calidad del agua
La eliminación de estas estructuras no se realiza solo para eliminar concreto antiguo. Según American Rivers, los efectos ambientales pueden aparecer muy rápido, incluso con señales de recuperación observadas en pocas horas o pocos días después de la apertura del río. Peces migratorios frecuentemente vuelven a acceder a áreas que permanecieron bloqueadas por décadas.
La reconexión también restablece el transporte natural de sedimentos, mejora la dinámica del flujo, ayuda en la recuperación de la calidad del agua y favorece hábitats acuáticos y terrestres asociados al curso natural del río.
En otras palabras, el beneficio no está solo en la eliminación de la estructura, sino en el restablecimiento de procesos ecológicos que la presa había interrumpido.
Este argumento ambiental ganó fuerza porque se sumó al argumento económico. Cuando la presa no genera más energía relevante, no sostiene abastecimiento decisivo y aún representa costo y riesgo, la eliminación deja de parecer radical y pasa a parecer más eficiente que insistir en preservar una obra envejecida.
La seguridad pública se convirtió en uno de los motores centrales de la eliminación de presas en Estados Unidos
La discusión sobre presas no involucra solo biodiversidad. Según American Rivers, muchas de las estructuras demolidas en 2024 ya estaban clasificadas como inseguras o demasiado caras para mantener. En un escenario de envejecimiento de la infraestructura y eventos climáticos más extremos, este factor ganó peso creciente en la toma de decisiones.
Las presas antiguas no fueron diseñadas para enfrentar el patrón actual de lluvias intensas, presión hidráulica extrema y exigencias regulatorias más modernas.

En varias situaciones, el costo de modernización supera cualquier beneficio residual que la estructura aún ofrece a la comunidad. Cuando esto sucede, la remoción pasa a ser vista también como estrategia de prevención de riesgo para poblaciones ubicadas aguas abajo.
Este cambio de mentalidad ayudó a transformar el desmantelamiento de presas en una política pública más amplia. El debate dejó de ser solo ecológico y pasó a involucrar también gestión de riesgo, costo fiscal y envejecimiento de la infraestructura hídrica.
Proyecto del río Klamath ayudó a transformar la remoción de presas en tema nacional
Uno de los casos más emblemáticos de este movimiento reciente fue el sistema del río Klamath, entre California y Oregón. La remoción de las presas Iron Gate, Copco No. 1, Copco No. 2 y J.C. Boyle se convirtió en uno de los mayores proyectos de restauración fluvial jamás realizados en los Estados Unidos y ayudó a ampliar la visibilidad pública del proyecto.

La importancia del caso fue doble. Por un lado, mostró que incluso grandes estructuras pueden ser removidas cuando los beneficios ecológicos, sociales y económicos superan la lógica de preservación de la obra. Por otro, reforzó la percepción de que la reconexión de ríos puede salir de la escala local y alcanzar cuencas con peso regional relevante.
Con esto, la remoción de presas dejó de parecer un fenómeno aislado en pequeñas comunidades y pasó a ser tratada como parte de una tendencia estructural de reevaluación de la infraestructura hídrica del siglo XX.
Europa aceleró aún más el movimiento y registró 542 remociones en 2024 y 602 en 2025
La tendencia no está restringida a los Estados Unidos. Según la Dam Removal Europe, el continente removió al menos 542 barreras fluviales en 2024, en 23 países, reconectando más de 2.900 kilómetros de ríos. El número incluyó presas, azudes, alcantarillas, umbrales y otras estructuras que interrumpían la continuidad fluvial.
El avance continuó al año siguiente. Según el informe europeo de 2025, el total llegó a 602 eliminaciones, un nuevo récord continental, con más de 3.740 kilómetros de ríos reconectados. Esto muestra que la restauración fluvial está dejando de ser una acción puntual para transformarse en política ambiental e hídrica de escala creciente.
Europa amplía el peso de este debate porque demuestra que el desmantelamiento de barreras ya no es un movimiento restringido a contextos locales de conservación. En varios países, ya ha entrado en el centro de las discusiones sobre seguridad hídrica, resiliencia climática, biodiversidad y recalificación de infraestructura envejecida.
El mundo puede estar entrando en la era del desmantelamiento selectivo de la infraestructura hídrica envejecida
Durante casi todo el siglo XX, la ingeniería trabajó para construir presas, represas y grandes obras de control del agua.
Ahora, un nuevo ciclo comienza a ganar fuerza: decidir cuáles de estas estructuras aún cumplen una función estratégica y cuáles se han transformado en pasivos ambientales, económicos o de seguridad.
En los Estados Unidos, 108 presas removidas en un solo año y más de 4.000 kilómetros de ríos reconectados muestran que este proceso ya no puede ser tratado como una excepción. En Europa, los récords consecutivos de 2024 y 2025 refuerzan la misma dirección.


¡Sé la primera persona en reaccionar!