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Arqueólogos usan la Estación Espacial Internacional y el Everest para entender cómo los humanos se adaptan a lugares extremos.

Escrito por Noel Budeguer
Publicado el 07/06/2026 a las 13:13
Actualizado el 07/06/2026 a las 13:14
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Investigadores están llevando la arqueología a ambientes improbables, desde la ISS hasta el Everest, y encontrando pistas sobre cultura, rutina y adaptación humana donde la vida parece casi imposible.

Arqueólogos están mirando hacia dos de los lugares más hostiles del planeta —y más allá de él— para entender cómo las personas viven, trabajan y dejan rastros en ambientes extremos. El objetivo ahora va desde la Estación Espacial Internacional hasta el Monte Everest, en una línea de investigación que intenta descifrar cómo los humanos construyen rutina, cultura e incluso jerarquías en lugares donde, teóricamente, no deberían estar.

La idea puede sonar improbable, pero ya está dando resultados concretos. En el caso de la ISS, los investigadores encontraron patrones de uso que no coincidían con lo que los planificadores imaginaban. En el Everest, el enfoque pasa a ser lo que queda en el camino: objetos, marcas, memoriales y señales de ocupación que cuentan una historia más allá de las fotos de paisajes.

Según livescience.com, este cambio de enfoque está siendo liderado por arqueólogos que han salido de los sitios históricos tradicionales para investigar lugares en los que la presencia humana es reciente, controlada y llena de límites.

De la excavación clásica a los rastros dejados en el espacio

En el campamento base del Everest, en el Himalaya, es posible ver botellas plásticas y otros residuos en cestos trenzados.
En el campamento base del Everest, en el Himalaya, es posible ver botellas plásticas y otros residuos en cestos trenzados.

Justin Walsh, arqueólogo de la Chapman University, en California, trabaja con lo que él llama “space archaeology”, la arqueología del espacio. En lugar de cerámica antigua o ruinas enterradas, el enfoque está en la actividad humana a 100 kilómetros de la Tierra y más allá.

Él comenzó a pensar en esto después de una pregunta hecha por una alumna, en 2008: si hay cosas en el espacio, ¿eso también no sería patrimonio? La provocación abrió camino para un área que hoy intenta leer la vida a bordo de la Estación Espacial Internacional a partir de registros visuales.

Como no es posible subir a la estación con frecuencia —y un viaje de dos semanas en una cápsula de Axiom Space cuesta US$ 75 millones por asiento—, el equipo apostó por miles de fotos públicas de la NASA para estudiar cómo los astronautas ocupan el espacio, qué áreas usan y cómo el ambiente cambia a lo largo del tiempo.

Los astronautas no usan la estación como los proyectos preveían

El trabajo ya ha traído una constatación curiosa: la rutina real de la ISS no siempre sigue el plan diseñado en los manuales. En un experimento con fotos tomadas a lo largo de 60 días en seis lugares de la estación, los investigadores notaron que la llamada Maintenance Work Area, creada para el mantenimiento de equipos, casi no se usaba para eso.

El lugar aparecía más como una especie de “cajón de sastre” espacial, con objetos guardados donde había espacio, mucho Velcro y ninguna función fija. El área fue pensada para reparaciones y tareas científicas, pero terminó convirtiéndose en un punto de almacenamiento improvisado.

Los científicos también mapearon diferencias en la presencia de hombres y mujeres en las imágenes públicas divulgadas de la estación. En 2020, había cerca de 250 personas que ya habían pasado por la ISS, con 84% de hombres y 16% de mujeres. En las fotos de la NASA, las mujeres aparecían menos en las áreas de ciencia, alimentación, sueño y ejercicio, pero más en la cúpula, la ventana panorámica con vista a la Tierra.

El Everest entra en el radar con basura, memoriales y marcas de paso

Ahora, Walsh y Shawn Graham, arqueólogo digital de la Carleton University, en Canadá, llevan el método al Everest. La propuesta es mirar no solo a la cumbre, sino a los vestigios dejados en senderos, campamentos y áreas de base.

En la lista de ítems que interesan a los investigadores están tanques de oxígeno, restos humanos, empaques de comida, tiendas, banderas de oración, bastones y respiradores. Cada objeto ayuda a montar una imagen de cómo la montaña es ocupada y transformada por la presencia humana.

Uno de los puntos más observados es una piedra en el Everest Base Camp con la inscripción “Everest Base Camp”, repintada periódicamente y rodeada de ítems diferentes a lo largo del tiempo. Los arqueólogos también siguen un espacio con monumentos a los muertos, que cambia conforme se añaden nuevos memoriales y conmoción, duelo y homenaje se suman en la montaña.

Lo que la investigación quiere descubrir sobre quienes suben la montaña

Para Graham, el Everest es un lugar en el que detalles aparentemente banales revelan mucho sobre comportamiento colectivo. La idea es usar fotos de turistas y alpinistas para mapear, con el tiempo, cómo las personas construyen una especie de sociedad temporal en un ambiente extremo.

Él destaca que el Everest también lleva marcas de nacionalismo. Durante años, la disputa no era solo por llegar a la cima, sino por qué país lograría abrir rutas y conquistar logros primero. Este impulso aún aparece en la forma en que los grupos se organizan, se identifican y registran el paso por la montaña.

Los investigadores afirman que quieren ampliar este tipo de análisis a otros espacios de acceso difícil, como estaciones en la Antártida, submarinos y plataformas de petróleo. La lógica es simple: donde la vida humana es llevada al límite, los vestigios materiales pueden decir mucho sobre adaptación, exclusión y supervivencia.

Además, Walsh participa en un grupo vinculado a la accesibilidad en el espacio y defiende que entornos como la ISS y el Everest también pueden ser pensados desde la experiencia de personas con discapacidad. Para él, nadie llega a esos lugares en plena capacidad física, y eso cambia todo en la forma de observar al ser humano en condiciones extremas.

La próxima etapa incluye incluso un proyecto de crowdsourcing para recibir fotos de quienes ya han estado en el Everest. Si se lleva a cabo, la investigación puede abrir una nueva ventana para estudiar la montaña no como un símbolo de conquista, sino como un archivo vivo de la presencia humana. Quienes siguen la ciencia, la exploración y la arqueología ya pueden estar atentos a esta nueva frontera.

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Noel Budeguer

Soy periodista argentino radicado en Río de Janeiro, con foco en energía y geopolítica, además de tecnología y asuntos militares. Produzco análisis y reportajes con lenguaje accesible, datos, contexto y visión estratégica sobre los movimientos que impactan a Brasil y al mundo. 📩 Contacto: noelbudeguer@gmail.com

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