Observación hecha con un telescopio pequeño en Colorado ayudó a validar la fotometría como método para encontrar planetas fuera del sistema solar, reforzó la misión Kepler y abrió una nueva fase en la astronomía, con miles de mundos confirmados alrededor de otras estrellas.
Un telescopio usado en un estacionamiento en Colorado ayudó a confirmar, en 1999, que la fotometría podía revelar planetas fuera del sistema solar y abrió camino para la misión Kepler, responsable de miles de descubrimientos.
La señal que cambió la búsqueda de planetas
El 9 de septiembre de 1999, David Charbonneau, entonces estudiante de posgrado de Harvard, observaba la estrella HD 209458 con un telescopio de cuatro pulgadas instalado en un cobertizo de madera contrachapada en Colorado.
El equipo había sido construido por Tim Brown, su asesor. La meta era medir la luz de la estrella, parecida al Sol, para verificar si había un planeta en órbita, usando una técnica llamada fotometría.
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En ese momento, la NASA evaluaba si financiaría el Kepler, un telescopio espacial basado en el mismo principio. La apuesta era arriesgada, porque la fotometría aún no había detectado un planeta orbitando otra estrella.
Cómo la fotometría entró en la historia
Antes de esa observación, pocos exoplanetas habían sido confirmados. Eran gigantes gaseosos, similares a Júpiter, identificados por espectroscopia Doppler, método que registra cambios en el espectro de colores causados por la influencia gravitacional de planetas.
Ese método ayudaba a encontrar planetas grandes y cercanos a sus estrellas, pero tenía límites para mundos más pequeños y distantes. En el caso de HD 209458, a unos 150 años luz de la Tierra, las oscilaciones podrían tener otra explicación.
La fotometría buscaba otra señal: la pequeña caída de brillo causada cuando un planeta pasa delante de la estrella. Brown diseñó su telescopio para monitorear una variación de solo 1%, compatible con el tránsito de un planeta del tamaño de Júpiter.
Mientras el software registraba el brillo de HD 209458, Charbonneau vio exactamente esa caída. Era la primera evidencia fotométrica clara de un planeta eclipsando, o transitando, una estrella distante.
El resultado levantó dudas en el propio investigador. Se preguntó si había error en los datos, en el telescopio o en la interpretación. Dos meses después, otro equipo obtuvo datos fotométricos similares.
Kepler salió del papel y amplió el mapa del cielo
El descubrimiento fortaleció la idea defendida por William Borucki, investigador principal de la misión Kepler. Él sostenía desde hace años que el tránsito planetario era la mejor forma de identificar mundos menores, rocosos y potencialmente habitables.
En 1999, el equipo de Borucki demostró en laboratorio que el instrumento del Kepler tenía precisión para encontrar un planeta del tamaño de la Tierra. La NASA aprobó formalmente la misión en 2001.
El Telescopio Espacial Kepler fue lanzado desde Cabo Cañaveral, en Florida, poco antes de las 23h del 6 de marzo de 2009, a bordo de un cohete Delta 2.
Con 0,95 metros, el telescopio llevaba un mosaico de células fotométricas capaz de detectar variaciones de brillo de hasta 0,002%. Observó una región en las constelaciones de Cygnus-Lyra durante cuatro años.
La misión recolectó luz del mismo conjunto de cerca de 200.000 estrellas, mientras la nave seguía a la Tierra en su órbita alrededor del Sol. Este diseño permitía una visión continua y despejada del cielo.
En 2010, el equipo anunció cinco nuevos exoplanetas confirmados en las primeras seis semanas de operación. En diciembre de 2011, vino el primer planeta identificado en la zona habitable de su estrella.
En 2013, ingenieros de la NASA extendieron la vida útil original del equipo. La segunda fase, llamada K2, elevó a medio millón el número total de estrellas observadas por la misión.
En abril de 2014, científicos anunciaron el primer planeta del tamaño de la Tierra encontrado por el Kepler, un mundo rocoso importante en la búsqueda de condiciones similares a las de nuestro planeta.
El legado de Kepler para la exploración espacial
La nave espacial se quedó sin combustible en 2018, pero dejó hallazgos que cambiaron la investigación de exoplanetas. Entre ellos, había un planeta orbitando dos estrellas y sistemas con tres, cuatro o cinco planetas.
La misión también detectó un gigante gaseoso con densidad comparada a la de un malvavisco. Hasta ahora, Kepler ha confirmado más de 2.700 planetas orbitando otras estrellas, y los datos continúan siendo analizados.
Los descubrimientos ampliaron el campo seguido por la misión TESS, también de la NASA. El próximo paso en esta línea de investigación es el Telescopio Nancy Grace Roman, previsto para entrar en órbita el próximo año.
Este nuevo telescopio deberá complementar el trabajo del Kepler al detectar campos gravitacionales de planetas aún más pequeños que la Tierra y capturar imágenes directas de planetas del tamaño de Júpiter fuera del sistema solar.
Su contribución fue decisiva para la astronomía.
Kepler, sin embargo, cambió la escala de la pregunta. El telescopio mostró que los planetas alrededor de otras estrellas no son raros, sino comunes, y que algunos pueden reunir condiciones compatibles con la búsqueda de vida.
Este artículo fue elaborado con base en información divulgada por el smithsonianmag y del estudio publicado por la revista Astrophysical Journal Letters. El contenido contó con apoyo de herramientas de IA en la organización editorial y pasó por revisión humana antes de la publicación.


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