Investigadores de la USP y de la UFRJ estudian el sistema digestivo de las cucarachas para crear procesos industriales más eficientes y sostenibles en la producción de etanol
En la calle, en el baño o en la cocina, quien encuentra una cucaracha nunca considera estar en buena compañía. Sin embargo, investigadores del Instituto de Biociencias de la USP y de la UFRJ ven en estos insectos aliados inesperados en la búsqueda de una matriz energética más sostenible.
La digestión eficiente de la cucaracha puede inspirar procesos industriales que transforman biomasa en energía limpia.
Limpiadores de la naturaleza
Pocos animales son tan versátiles en la alimentación como las cucarachas. Llamadas de detritívoras, consumen hojas secas, restos orgánicos y hasta deyecciones.
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Este hábito, aunque causa repulsión, tiene una función esencial. Actúan como “limpiadores” de los ecosistemas, evitando la acumulación de materia orgánica y manteniendo el equilibrio ambiental.
Esta dieta variada solo es posible porque las cucarachas han desarrollado, a lo largo de millones de años, un sistema digestivo altamente adaptable. Fue exactamente esta capacidad la que llamó la atención de los investigadores brasileños.
La mirada científica
En el Departamento de Botánica de la USP, el profesor Marcos Buckeridge analizó el sistema digestivo de la Periplaneta americana, la especie más común en las ciudades.
El objetivo era comprender qué enzimas y estructuras degradan la biomasa. Esta investigación abre espacio para aplicaciones en la industria, porque muestra cómo aprovechar mejor el bagazo de la caña de azúcar en la producción de etanol.
“Queríamos saber qué enzimas y qué estructuras atacaban la biomasa”, explica Buckeridge. El estudio fue publicado en la revista BioEnergy Research y apunta a soluciones industriales más baratas y eficientes.
Bioenergía inspirada en los insectos
La biomimética, campo que se inspira en la naturaleza, guía los trabajos. Según Buckeridge, reproducir el mecanismo de las cucarachas podría aumentar la potencia de degradación de la biomasa, generando más etanol.
Además, reduciría costos y disminuiría la necesidad de grandes áreas de cultivo. El espacio liberado podría destinarse a la recuperación forestal.
“Si logramos producir más etanol de forma más barata, podremos usar menos área y emitir menos carbono”, dice el investigador. Destaca que nuevas enzimas y microorganismos descubiertos en los insectos amplían aún más este potencial.
Cucarachas no van a la planta
Ednildo Machado, entomólogo de la UFRJ y coautor del estudio, refuerza que el objetivo no es llenar plantas con cucarachas, sino copiar la forma en que digieren fibras vegetales. “Lo que estamos haciendo es mirar a la naturaleza y copiar lo que ella ya resolvió hace millones de años”, explica.
Los dos investigadores han trabajado juntos durante casi dos décadas en busca de alternativas sostenibles para el bioetanol. Defienden procesos sin productos químicos agresivos y con temperaturas moderadas, disminuyendo los impactos ambientales.
La línea de producción del intestino
El intestino de la cucaracha funciona como una línea de producción. El proceso tiene cuatro etapas. Primero, estructuras de quitina trituran las fibras vegetales.
Luego, una cámara digestiva con enzimas descompone la biomasa. A continuación, compuestos alcalinos y ácidos profundizan la degradación, liberando azúcares.
Finalmente, bacterias especializadas completan la digestión, aprovechando al máximo el material.
Según Machado, esta secuencia natural es el modelo ideal para la industria. Reproducir el cóctel de enzimas podría aumentar la eficiencia del etanol y disminuir costos.
Desafíos y próximos pasos
A pesar del potencial, el costo sigue siendo un obstáculo. Las alternativas verdes aún no compiten en precio con los métodos tradicionales.
El desafío es adaptar el conocimiento científico a la escala industrial. La replicación de las enzimas digestivas de insectos puede ser el camino para superar esta barrera.
Además de las cucarachas, los científicos estudian termitas y tenebrios. Las termitas, en especial, llaman la atención: pueden degradar hasta el 90% de la celulosa. Esto abre nuevas perspectivas para crear cócteles enzimáticos más poderosos y sostenibles.
Industria inspirada en la naturaleza
Buckeridge cree que la bioenergía puede ir más allá de la química. Para él, la propia estructura de las máquinas podría imitar la naturaleza.
En lugar de metales rígidos, equipos flexibles que reproduzcan el movimiento intestinal podrían aumentar aún más la eficiencia. “Estos son los mejores procesos: soluciones basadas en la naturaleza. Es un objetivo final. No es utópico”, afirma.
El profesor también destaca que el avance depende de décadas de ciencia básica. “Podemos pensar en biotecnología porque estamos sentados en una pila de conocimiento científico”, dice.
Energía limpia con ayuda de los insectos
El trabajo muestra que incluso los insectos más rechazados pueden ofrecer respuestas a grandes desafíos. Al comprender cómo las cucarachas procesan fibras vegetales, los científicos vislumbran un futuro con producción de energía más limpia, barata y sostenible.
El siguiente paso será transformar este conocimiento en tecnología de escala industrial, capaz de cambiar el sector bioenergético.
Con información de Poder 360.

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