El Crimen Organizado y el Narcotráfico Avanzan en Brasil. PCC y Comando Vermelho Ampliaron Poder y Desafían al Estado.
Brasil vive un momento crítico en su historia reciente, con el crecimiento acelerado del crimen organizado y del narcotráfico.
En 2025, casos como el asesinato de un ex-delegado en São Paulo, la muerte de un delator del PCC en Guarulhos y la guerra de facciones en Ceará reavivaron el debate sobre hasta qué punto el país está siendo dominado por organizaciones criminales como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV).
La expansión territorial y económica de estas facciones plantea la cuestión: ¿está Brasil convirtiéndose en un narcoestado?
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Investigadores afirman que el término es exagerado, pero reconocen un avance preocupante de la criminalidad y una relación cada vez más simbiótica entre facciones y estructuras locales de poder.
Especialistas Rechazan el Término “Narcoestado”, Pero Ven Avance del Crimen
De acuerdo con el investigador norteamericano Benjamin Lessing, especialista en crimen organizado en América Latina, el concepto de narcoestado se aplicaría solo a países donde el Estado actúa directamente en el narcotráfico — algo que no ocurre en Brasil.
“Es difícil encontrar un ejemplo real de narcoestado. Quizás Panamá en los años 1980, con Manuel Noriega, o Venezuela si se comprueban las acusaciones de involucramiento militar en el tráfico”, afirma Lessing.
Aun así, destaca que el Brasil lidera en América Latina en número de personas que viven bajo dominio de facciones.
Estimaciones indican que entre 50 y 60 millones de brasileños residen en áreas controladas por el crimen organizado — número superior al de países como Colombia y México.
PCC y Comando Vermelho Dominan Territorios y Diversifican Negocios
Las facciones brasileñas se han transformado en verdaderos conglomerados del crimen.
Según el Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP), la facturación de las organizaciones criminales ya supera R$ 348 mil millones al año, siendo que el narcotráfico representa solo el 4% de este total.
Además del tráfico de drogas, las facciones actúan en delitos virtuales, fintechs ilegales, robos de celulares y hasta mercados legales, utilizados inicialmente para lavado de dinero. Solo los delitos cibernéticos mueven R$ 186 mil millones anuales.
El PCC, por ejemplo, pasó de una organización prisional a una estructura empresarial, con presencia hasta en el mercado financiero de Faria Lima.
“El PCC fue acumulando mucho capital y se internacionalizando, lo que produjo nuevas formas de actuación”, explica el sociólogo Eduardo Dyna, de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar).
El Duopolio de la Violencia: Estado y Facciones Lado a Lado
Para el investigador Gabriel Feltran, director del CNRS y profesor de Sciences Po, Brasil vive un “duopolio de la violencia”, en el cual el Estado y el crimen organizado comparten el poder sobre los territorios.
“En Brasil, hay diferentes soberanías coexistiendo. El Estado no tiene el monopolio de la fuerza ni de la Justicia, pero eso no significa que vivamos en un narcoestado”, afirma Feltran, autor del libro Hermanos: Una Historia del PCC.
Esta coexistencia refleja un escenario en el que el Estado mantiene presencia represiva, pero se muestra ausente en la oferta de servicios básicos como educación y salud — vacío rápidamente llenado por facciones, iglesias o milicias.
Infiltración Política y Redes Criminales Interconectadas
El Comando Vermelho y el PCC expandieron su influencia más allá del tráfico. Investigaciones apuntan que el crimen organizado ya actúa en garimpos ilegales, extracción de madera, transporte público, recolección de basura y hasta en el financiamiento de campañas políticas.
El sociólogo Rodrigo Ghiringhelli de Azevedo, de la PUC-RS, define el fenómeno como un “narcoestado difuso”, en el que hay cooptación de agentes públicos e infiltración en el sistema político local, especialmente en áreas dominadas por el tráfico en Río de Janeiro.
“Estos mercados ilícitos se fueron conectando, aumentando el poder y la influencia de las facciones en diversos sectores”, explica Azevedo.
El Encarcelamiento y Fallas del Estado Amplían el Poder de las Facciones
El origen de esta crisis remonta a las prisiones brasileñas. Fue en ellas donde nacieron el PCC, en 1993, y el Comando Vermelho, en los años 1970.
La política de encarcelamiento en masa y la transferencia de líderes entre estados permitieron el intercambio y la expansión de las facciones.
“El propio Estado ayudó a esparcir las facciones. El sistema prisional se convirtió en una escuela del crimen”, afirma Lessing.
Actualmente, según el Ministerio de Justicia, existen 88 organizaciones criminales activas en el país, controlando territorios donde viven 31 millones de brasileños — número que crece año tras año.
El Peligro de la Retórica y el Desafío de Recuperar el Territorio
Los especialistas advierten sobre el uso político del término “narcoestado”. El sociólogo Sérgio Adorno, de la USP, afirma que expresiones como “narcoterrorismo” y “guerra a las drogas” distorsionan el debate y pueden justificar acciones militares peligrosas.
“Cuando llamas a esto terrorismo, transformas un problema de seguridad pública en un problema de defensa nacional, lo cual es arriesgado”, dice Adorno.
Mientras tanto, el Estado sigue sin una estrategia clara para retomar territorios dominados por facciones.
La operación que mató a 121 personas en los complejos de Penha y Alemão es vista por especialistas como un ejemplo de fuerza sin planificación — más un síntoma de un país donde el crimen organizado y el narcotráfico siguen avanzando, y Brasil lucha por no convertirse en rehén de su propio sistema.

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