Iniciativa desarrollada en el interior de São Paulo une producción de combustible renovable, logística de bajo carbono y economía circular, abriendo una nueva frente de negocios para el agronegocio nacional y reduciendo la dependencia de combustibles fósiles.
Lo que antes se veía solo como residuo de la producción sucroenergética ahora adquiere un papel estratégico en la transformación de la matriz energética del agronegocio brasileño. La caña de azúcar, tradicionalmente asociada a la producción de azúcar, etanol y energía eléctrica, pasa a asumir una nueva función: generar combustible renovable capaz de sustituir el diésel en operaciones logísticas de gran escala.
Según información divulgada por la revista Forbes Brasil en un reportaje publicado por Vera Ondei, el proyecto Rota Verde, desarrollado por São Martinho en asociación con Necta, Transvale y Rumo, marca una nueva etapa en la descarbonización del transporte de cargas en el país. La iniciativa comenzó a operar en mayo de 2026 y utilizará camiones movidos a gas natural, con transición gradual a biometano, para transportar cerca de 350 mil toneladas de azúcar por año desde la Unidad Santa Cruz, ubicada en Américo Brasiliense, en el interior de São Paulo, hasta el Puerto de Santos.
Además del impacto logístico, la propuesta representa un cambio estructural en la forma en que el sector agroindustrial puede producir, distribuir y consumir su propia energía renovable.
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Cómo la caña se está transformando en combustible renovable
La base del proyecto está en la planta de biometano inaugurada por São Martinho en agosto de 2025, en Américo Brasiliense. El emprendimiento recibió inversiones de R$ 250 millones y fue diseñado para aprovechar residuos generados durante el procesamiento de la caña de azúcar.
El proceso comienza con la utilización de la vinaza y otros subproductos de la actividad sucroenergética. Estos materiales pasan por procesos biológicos que generan biogás. Luego, el combustible es purificado hasta alcanzar la calidad necesaria para transformarse en biometano.
En la práctica, el biometano posee características similares a las del gas natural. La principal diferencia está en el origen. Mientras que el gas natural es un combustible fósil extraído de reservas subterráneas, el biometano se produce a partir de fuentes renovables.
Para Fabio Venturelli, CEO de São Martinho, el objetivo es aprovechar al máximo el potencial energético de la caña.
Según el ejecutivo, la empresa busca extraer toda la energía posible de la materia prima, ampliando la eficiencia de la operación y reduciendo la dependencia de combustibles tradicionales. La estrategia fortalece un concepto cada vez más valorado globalmente: la economía circular.
En este modelo, la caña genera azúcar, etanol y residuos. Los residuos producen biometano. El biometano abastece los camiones responsables del transporte del azúcar. De esta forma, el combustible utilizado en la logística nace dentro de la propia cadena productiva.
El resultado es un circuito energético prácticamente cerrado, con menor emisión de gases de efecto invernadero y mayor aprovechamiento de los recursos disponibles.
Proyecto Rota Verde promete reducir emisiones y costos operacionales
Los beneficios ambientales son significativos. De acuerdo con un estudio de Evaluación del Ciclo de Vida (ACV) realizado por el Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología (Ibict), la operación podría reducir hasta un 87% las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con modelos equivalentes movidos exclusivamente a diésel.
Sin embargo, los responsables del proyecto destacan que la iniciativa no fue construida solo con un enfoque ambiental.
La viabilidad económica es uno de los pilares centrales de la propuesta.
Transvale, empresa responsable de la operación vial, invertirá aproximadamente R$ 15 millones en la adquisición de diez conjuntos rodotren volquete de 47 toneladas dedicados a la nueva ruta.
Según Ivo Ilário Riedi Filho, CEO de la compañía, los camiones movidos a biometano presentan un rendimiento energético superior en determinadas aplicaciones y pueden generar un ahorro cercano a R$ 1 por kilómetro recorrido en comparación con los vehículos movidos a diésel.
Este factor altera significativamente el análisis de retorno sobre inversión.
Durante muchos años, los proyectos de descarbonización fueron asociados a costos elevados y dependencia de incentivos gubernamentales. Ahora, la reducción de gastos operacionales comienza a impulsar la adopción de estas tecnologías.
En la evaluación de los ejecutivos involucrados, la nueva generación de proyectos sostenibles logra unir responsabilidad ambiental y rentabilidad financiera.
El potencial billonario del biometano para el agronegocio brasileño
La discusión va más allá de la operación logística de São Martinho.
Para José Eduardo Moreira, CEO de Necta, Brasil posee una oportunidad estratégica única para liderar la expansión del biometano a escala global.
Actualmente, existen casi un millón y medio de camiones y autobuses movidos a gas natural y biometano en circulación en el mundo. Al mismo tiempo, Brasil aún importa cerca del 20% del diésel consumido por el transporte pesado.
Esta combinación evidencia una enorme oportunidad de sustitución energética.
El país posee aproximadamente dos millones y medio de camiones y autobuses en circulación. La mitad de esta flota está concentrada en el Estado de São Paulo, precisamente la región que concentra gran parte de las plantas sucroenergéticas conectadas a la infraestructura de Necta.
Según estimaciones presentadas por la compañía, solo São Paulo tiene un potencial superior a seis millones de metros cúbicos de producción de biometano.
Gran parte de esta capacidad está ubicada cerca de los polos productores de caña de azúcar.
Esta proximidad reduce costos logísticos, facilita la distribución del combustible y crea condiciones favorables para la expansión de la actividad.
Además del transporte por carretera, los especialistas ven aplicaciones futuras para el biometano en operaciones industriales, sistemas ferroviarios e incluso en el transporte marítimo.
Por ello, la llamada Ruta Verde se ve como un proyecto piloto capaz de abrir camino para nuevos corredores logísticos de bajo carbono en diferentes regiones del país.
El mercado financiero comienza a mirar hacia operaciones de bajo carbono
El avance de los proyectos sostenibles también despierta una atención creciente del mercado financiero.
Históricamente, los inversores solían ver las iniciativas ambientales como gastos adicionales. Sin embargo, este escenario comienza a cambiar a medida que las nuevas tecnologías demuestran capacidad de generar retorno económico.
Según los ejecutivos involucrados en el proyecto, las instituciones financieras ya ofrecen líneas específicas para operaciones orientadas a la innovación, eficiencia energética y reducción de emisiones.
El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), por ejemplo, posee mecanismos que permiten estructurar financiamientos con costos más competitivos para proyectos sostenibles.
En la visión de São Martinho, el reconocimiento financiero tiende a crecer conforme los resultados económicos se consoliden.
La compañía ya muestra señales positivas de eficiencia operativa. El 26 de marzo de 2026, la empresa divulgó los resultados del cuarto trimestre de la cosecha 2025/26, registrando un beneficio neto de R$ 172,85 millones, un aumento del 64,6% en relación al período anterior.
Entre los factores señalados para el desempeño están precisamente las iniciativas orientadas a la reducción de costos operativos y ganancias de eficiencia industrial.
En este contexto, el biometano surge no solo como una alternativa energética, sino como una nueva fuente de ingresos y competitividad para el agronegocio brasileño.
A medida que el mundo exige cadenas productivas más sostenibles, las empresas capaces de producir energía renovable dentro de sus propias operaciones pueden conquistar ventajas relevantes en los mercados nacional e internacional.
El proyecto Ruta Verde muestra que la caña de azúcar está dejando de ser solo materia prima para alimentos y combustibles tradicionales. Ahora, pasa a ocupar un papel central en la construcción de una economía de bajo carbono, conectando productividad, innovación y sostenibilidad en una misma cadena de valor.
Fuente original: Forbes Brasil.

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