El coche popular está con los días contados en Brasil. Ni el IPI Verde ni el coche sostenible mantienen precios y SUVs caros dominan las calles.
¿Qué está pasando con los coches populares en Brasil?
El mercado automotriz brasileño vive una transformación inquietante. Desde el 11 de julio de 2025, cuando entró en vigor el programa Coche Sostenible con el llamado IPI Verde, el gobierno prometía dar nuevo aliento a los modelos de entrada.
La lógica era simple: reducir impuestos para coches 1.0 producidos en Brasil, con mayor índice de reciclabilidad, y así estimular el consumo.
Pero la realidad chocó de frente con el optimismo. Las ventas de coches populares no reaccionaron. Y lo peor: el consumidor está cada vez más empujado hacia los SUVs, que cuestan el doble o incluso el triple del prometido “costo-beneficio” de la política pública.
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El fracaso del IPI Verde
El IPI Verde fue vendido como un alivio para el bolsillo del brasileño. Sin embargo, los números muestran que el efecto fue prácticamente nulo.
En agosto, el 49,4% de los 214.490 vehículos matriculados en Brasil fueron vendidos a flotas, y no a consumidores comunes. Eso significa que casi la mitad de los coches nuevos que salen de las concesionarias no llegan a manos de familias, sino de empresas que pueden negociar en masa.
Además, los pocos subcompactos restantes, como Renault Kwid y Fiat Mobi, solo sobreviven porque el 91,12% y el 97,62% de sus ventas, respectivamente, van a CNPJs. Es decir, en el retail, donde está el consumidor real, prácticamente han desaparecido.
SUVs ocupan el lugar de los coches de entrada
Mientras el coche sostenible patina, los SUVs dominan el juego. Según datos de Fenabrave analizados por K.LUME Consultoría, los modelos más vendidos en retail fueron precisamente los utilitarios compactos y medianos, todos por encima de R$ 150 mil.
El Toyota Corolla Cross ilustra bien este fenómeno. Con un precio inicial de R$ 188.990, ocupó el tercer lugar en el ranking de ventas del mes, con 7.737 unidades. Justo detrás vinieron el Volkswagen T-Cross, con 7.702, y el Hyundai Creta, con 6.649.
Es decir, el consumidor brasileño que aún compra coche en retail prefiere invertir alto en SUVs. El supuesto “popular” se ha convertido en una pieza de museo.
¿Los coches populares aún tienen futuro?
La gran ironía es que la política pública llamada Coche Sostenible no sostuvo nada. El gobierno apostó que el IPI Verde crearía un incentivo capaz de mantener vivos los vehículos de entrada.
Pero, en la práctica, lo que se vio fue lo opuesto: el costo-beneficio desapareció, y el sueño del coche popular quedó aún más distante.
La duda que queda es cruel: ¿tendrán los coches populares algún espacio en el Brasil del futuro? ¿O el país ya decretó, silenciosamente, el fin de una era en la que era posible comprar un coche “de entrada” sin necesitar un CNPJ o una cuenta millonaria?

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