Heliostatos concentran luz en una torre central, calientan sales fundidas que almacenan calor por horas después de la puesta de sol y entregan energía limpia más constante, mientras parte de la electricidad mantiene riego por goteo en el corazón del desierto
En el corazón de uno de los desiertos más hostiles de China, un experimento audaz intenta responder a dos crisis al mismo tiempo: la carrera por energía limpia y el avance implacable de las dunas.
La propuesta es simple de explicar y compleja de ejecutar: usar plantas solares y sal fundido para generar energía y, al mismo tiempo, crear islas verdes en plena arena.
Un desierto, mucha arena y un plan
El proyecto se lleva a cabo en regiones áridas del norte de China, como áreas cercanas a los desiertos de Gobi y Taklamakan, donde la falta de agua, el viento fuerte y las tormentas de arena forman parte del día a día.
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Estas zonas ya sufren con la desertificación desde hace décadas, afectando cultivos, ciudades e infraestructuras, y empujando comunidades lejos de la tierra.
Para transformar este escenario, ingenieros y científicos decidieron tratar la arena no solo como un problema, sino también como un recurso.
Millones de toneladas son movidas para nivelar el terreno, estabilizar el suelo y crear una base firme para instalar paneles solares y, luego, plantar vegetación resistente.
El objetivo no es “acabar con el desierto”, sino domar parte de él, reduciendo el impacto de las dunas, creando barreras verdes y mostrando que incluso áreas casi estériles pueden tener una nueva función ecológica y económica.

Cómo funcionan las plantas solares con sal fundido
El corazón tecnológico del proyecto está en las plantas solares de concentración.
En lugar de solo cubrir el desierto con paneles fotovoltaicos, gigantescos espejos (heliostatos) reflejan la luz del sol hacia una torre central, donde el calor se concentra.
Dentro de esta torre circula un fluido especial: una mezcla de sales fundidas calentada a más de 540–550 ºC.
Esta sal caliente funciona como una batería térmica, almacenando energía en forma de calor por horas, incluso después de que el sol se pone.
Cuando se necesita generar electricidad, el calor de las sales se usa para producir vapor, que acciona turbinas, como en una planta tradicional.
Así, el sistema puede proporcionar energía limpia de forma más constante, evitando la gran oscilación típica de la solar común.
Parte de esta electricidad alimenta la red, ayudando a sustituir el carbón a gran escala.
Otra parte se dedica al propio proyecto de “bosque energético”: bombea agua, mueve sensores, controla válvulas y garantiza que las plantas sobrevivan en un ambiente extremo.

Paneles que hacen sombra y riegan el desierto
Además de las torres de sal fundido, el proyecto combina grandes áreas de paneles solares fotovoltaicos instalados sobre el suelo desértico.
Estos paneles forman un “techo” artificial que crea sombra, reduce la temperatura del suelo y disminuye la evaporación del poco agua disponible.
Entre las filas de paneles y debajo de ellas, los investigadores plantan especies tolerantes a la sequía, gramíneas, arbustos e incluso cultivos experimentales.
La altura y el espaciamiento de los módulos fueron ajustados precisamente para permitir el paso de máquinas, luz difusa y el crecimiento de la vegetación.
Los sistemas de riego son alimentados por la energía generada ahí mismo.
Bombas extraen agua de acuíferos subterráneos o de fuentes salobres, que son dirigidas por goteo, reduciendo desperdicios y utilizando plantas capaces de soportar altos niveles de sal.
Con el tiempo, estas islas de verde ayudan a fijar el suelo, disminuir la velocidad del viento en la superficie y retener más humedad, creando un microclima un poco más favorable.
El resultado visible es un contraste fuerte: franjas de azul (paneles) y verde (plantas) ganando espacio sobre el amarillo de la arena.
Energía, clima y futuro de la desertificación
Desde el punto de vista energético, algunos de estos complejos solares son gigantes.
Hay estaciones con capacidad de 100 megavatios o más, aptas para producir más de 1 mil millones de kilovatios-hora por año, ahorrando cientos de miles de toneladas de carbón.
Al mismo tiempo, el país lanzó planes nacionales para expandir este modelo “solar + restauración ecológica” a gran escala.
Hasta 2030, la meta es instalar más de 250 gigavatios de capacidad solar en regiones áridas del norte, recuperando cientos de miles de hectáreas de tierras degradadas.
Pero el proyecto no está libre de críticas y desafíos.
Estudios recientes recuerdan que, en experiencias anteriores de bosques en el desierto, la plantación masiva consumió mucha agua y alteró la disponibilidad hídrica en algunas regiones, forzando ajustes en la estrategia.
Ahora, la promesa es aprender de los errores.
Combinando energía solar de alta eficiencia, sal fundido, manejo más inteligente del agua y especies vegetales mejor adaptadas, China intenta probar que es posible generar electricidad y, al mismo tiempo, empujar la frontera del verde algunos kilómetros hacia dentro del desierto.
Este artículo fue elaborado según reportajes y análisis de medios internacionales como la agencia Xinhua y el China Daily, que han estado documentando proyectos chinos de generación de energía solar en áreas desérticas combinados con acciones de restauración ecológica y combate a la desertificación.

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