País rico protegió y planificó su industria antes de “vender” libre comercio. Brasil hizo lo contrario: abrió temprano, desmanteló sectores (Gurgel, Engesa) y se convirtió en montador.
El debate sobre el papel del Estado en la economía volvió al centro de atención. Según el inversionista y escritor José Kobori, la historia muestra que ningún país se industrializó sin intervención estatal fuerte y planificada. Mientras China mantiene 96 conglomerados estatales activos y Estados Unidos llegó a imponer una tarifa del 100% contra los autos de BYD para proteger su industria local, Brasil abrió el mercado en los años 90 sin contrapartida y vio la quiebra de iniciativas como Gurgel (automóviles) y Engesa (defensa).
La lectura es clara: los países ricos defendieron y financiaran sus industrias hasta hacerlas competitivas; solo después “vieron” la idea del libre comercio.
Brasil hizo lo opuesto, abrió temprano y desmanteló sectores que podrían haber sustentado una mayor independencia tecnológica.
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Lo que hicieron las grandes potencias
El ejemplo americano es antiguo. Alexander Hamilton, uno de los fundadores de EE. UU., defendía tarifas, planificación y protección contra la especialización agroexportadora que muchos pregonaban.
Si hubiera seguido la cartilla de ventajas comparativas externas, EE. UU. podría haberse convertido en un país dependiente del campo, como Brasil.
El Reino Unido hizo lo mismo: consolidó su industria textil y naval con fuerte apoyo del Estado antes de abrir el mercado.
La Corea del Sur, bajo Park Chung-hee, blindó marcas como Hyundai, obligando a multinacionales a transferir tecnología. Japón protegió a Toyota, Sony y Panasonic hasta que se convirtieron en competitivas globalmente.
La China es el caso más explícito: 96 conglomerados estatales lideran sectores críticos, y hasta empresas privadas cuentan con presencia del Partido Comunista en sus consejos para alinear metas al plan nacional.
La BYD, que superó a Tesla en ventas globales de eléctricos, es resultado directo de esta política.
Y, cuando avanzó demasiado, EE. UU. reaccionó: tarifa del 100% sobre vehículos eléctricos chinos para proteger a Tesla y el sector automotriz americano.
El contraste brasileño
En Brasil, el escenario fue diferente. Hasta los años 1980 había nichos de tecnología y defensa, como Gurgel, que producía carros genuinamente nacionales, y Engesa, que exportaba blindados como el Cascavel.
Ambas sucumbieron tras la apertura de los años 1990, conducida por el gobierno Collor, que expuso a empresas nacionales a la competencia extranjera sin exigir contrapartida tecnológica.
En la práctica, el país se convirtió en una “maquiladora”: montadoras producen en Brasil, pero importan componentes críticos.
Lo mismo ocurrió en defensa: Engesa cerró, a pesar de haber desarrollado soluciones incluso más avanzadas que las americanas en algunos sistemas de combate.
Cuando el Estado protegió, hubo éxito. Embraer, creada como estatal, solo se convirtió en referencia mundial en aviación porque tuvo soporte público antes de la privatización.
Lo mismo vale para Embrapa, que transformó a Brasil en potencia agroexportadora. Hoy, excepciones como WEG muestran que aún es posible competir, pero la regla es de desindustrialización.
Qué significa “Estado” en este debate
Según Kobori, el papel del Estado puede dividirse en tres capas:
Planificación a largo plazo – definir dónde quiere estar el país en 40 o 50 años.
Política industrial activa – con metas, protección temporaria y exigencia de transferencia de tecnología.
Inversión en ciencia y tecnología – en áreas que el sector privado evita por ser de alto riesgo y costo hundido.
Ejemplos no faltan: DARPA, en EE. UU., financió investigaciones que originaron internet y varias tecnologías que hoy están en los celulares. En Brasil, Embrapa hizo lo mismo en el agro.
El desafío de la reindustrialización
La dictadura militar dejó lecciones ambiguas. Hubo planes nacionales de desarrollo (PNDs) que ampliaron la industrialización, pero el financiamiento a través de deuda externa y los choques del petróleo generaron inflación y crisis.
Para Kobori, el problema no fue planificar, sino la forma de financiar.
Hoy, sin un plan de Estado, Brasil ve a las generaciones jóvenes crecer en un país de baja densidad tecnológica y dependencia externa.
Para revertir, sería necesario exigir tecnología de quienes se instalan, financiar I+D público, proteger sectores estratégicos y exigir resultados claros.
El historial muestra que cuando el Estado brasileño protegió, surgieron campeones nacionales; cuando abrió sin contrapartida, perdió sectores enteros.
El contraste con China, EE. UU., Japón y Corea evidencia que la disputa global no es entre “Estado” y “mercado”, sino sobre cómo el Estado organiza el mercado en favor de su industria.
Y tú, ¿crees que Brasil aún puede recuperar su industria o ya perdió la carrera para siempre?
Queremos escuchar tu opinión en los comentarios.


Enquanto não aprendermos fazer planejamento de longo prazo e não tivermos políticas de incentivo a ciência e tecnologia não vamos ter pais soberano políticas improvisadas ao calor das discussões vamos ter este país que temos sem políticas educacionais de saúde e segurança
Os bancos só visam lucros, os empréstimos são provas disso. Infelizmente o brasileiro só olha o próprio umbigo.
Enquanto o Governo Federal ficar só aumentando impostos, não corrigir essa atual tabela do Imposto de Renda, a carga tributária brasileira é muito grande em cima dos empresários, pra se manter um empregado, paga-se uma quantidade de tributos.
Concordo, afeta a distribuição de renda e tem efeito cascata. E também acho que os impostos fazem parte de um problema sistêmico, com o mercado interno controlado por poucas empresas, o valor dos fretes altos, encargos trabalhistas etc.