Estudio de la USP publicado el 17 de abril de 2026 describe cómo ondas de ultrasonido rompen el envase del virus por resonancia acústica y abren camino para pruebas contra dengue y zika
El 17 de abril de 2026, investigadores brasileños de la Universidad de São Paulo publicaron un estudio que muestra que ondas de ultrasonido de alta frecuencia pueden inactivar virus como el SARS-CoV-2 y el H1N1 sin causar daño a las células humanas, al provocar alteraciones estructurales en las partículas virales hasta su ruptura.
El equipo describe el mecanismo como resonancia acústica y afirma que el método puede abrir una nueva posibilidad de tratamiento para virus envueltos, con pruebas in vitro en curso contra otras infecciones virales, como dengue, zika y chikungunya.
Cómo el ultrasonido “rompe” el virus sin dañar células humanas
El efecto observado ocurre cuando la energía de las ondas sonoras se acopla a la estructura del virus y fuerza cambios en su forma hasta que el envase se rompe.
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Odemir Martinez Bruno, del Instituto de Física de São Carlos de la USP, explica que el fenómeno puede entenderse como un “efecto palomita”, en el que la membrana protectora del virus estalla y se deforma, impidiendo la invasión de células humanas.
El estudio señala que esta inactivación por ultrasonido se aplica especialmente a virus envueltos, que dependen de esta membrana para mantener su integridad e infectividad.
Por qué la geometría del virus se convierte en la pieza central de la técnica

Imagen: Agência FAPESP
El descubrimiento llamó la atención por contradecir teorías clásicas, ya que la longitud de onda del ultrasonido es mucho mayor que el tamaño de un virus, lo que en teoría reduciría la posibilidad de interacción directa. La explicación propuesta es geométrica: partículas esféricas, como muchos virus envueltos, absorben mejor la energía del ultrasonido.
Este acumulamiento de energía dentro de la partícula viral es lo que acelera la degradación del envase del virus, llevando a la ruptura mecánica sin exigir cambios de temperatura o pH del medio.
Por qué variantes del virus no cambiarían el resultado
Un punto destacado en el estudio es que el proceso depende de la forma de la partícula viral y no de mutaciones genéticas.
En la lectura de los autores, esto significa que variantes del virus observadas durante la pandemia, como ómicron y delta, no deberían afectar la eficacia del mecanismo, porque la resonancia acústica apunta a la estructura física del envoltorio.
La resonancia acústica no es cavitación y eso cambia todo
La técnica descrita no tiene como objetivo la descontaminación general, sino un efecto selectivo sobre el virus. El ultrasonido ya se utiliza para la profilaxis de equipos odontológicos y quirúrgicos, pero allí el fenómeno principal es la cavitación, que ocurre a bajas frecuencias y destruye cualquier material biológico.
En el caso de la resonancia acústica, el estudio describe la actuación en altas frecuencias, en el rango de 3 a 20 MHz, en el que la energía sonora excita vibraciones internas que llevan a la ruptura del envoltorio del virus, sin representar riesgo para las células humanas.
Lo que el estudio dice sobre próximos usos contra otros virus
Los autores afirman que la inactivación por ultrasonido de virus envueltos abre una posibilidad de tratamiento para enfermedades virales en general, especialmente porque los antivirales químicos suelen ser difíciles de desarrollar. El equipo ya realiza pruebas in vitro contra dengue, chikungunya y zika, buscando ampliar el alcance del método.
El texto también cita una ventaja práctica: como la estrategia no depende de atacar mutaciones del virus, tiende a ser vista como prometedora contra diferentes infecciones envueltas, además de ser descrita como una solución “verde”, sin generación de residuos y sin favorecer la resistencia viral.
Quién participó y por qué la investigación exigió varias áreas
La investigación reunió a físicos teóricos y acústicos del IFSC USP y especialistas del Centro de Investigación en Virología y del Centro de Investigación en Enfermedades Inflamatorias vinculados a la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto, además de equipos de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas y de investigadores de Unesp, con análisis estructurales y toxicológicos utilizando microscopía y dispersión de luz.
También hubo colaboración de Charles Rice, profesor de la Universidad Rockefeller y Nobel de Medicina de 2020, que proporcionó virus fluorescentes para visualización en tiempo real.
¿Crees que una técnica física para estallar virus con ultrasonido tiene más posibilidades de convertirse en tratamiento en el futuro que los antivirales tradicionales?

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