Científicos del USGS instalaron en la Antártida dos sismómetros a cerca de 2,4 km bajo el hielo, los más profundos ya registrados. Aprovechando la estructura del observatorio IceCube, en el Polo Sur, los sensores reforzarán la red global de monitoreo de terremotos, las alertas de tsunami y la fiscalización de pruebas nucleares.
Científicos de los Estados Unidos acaban de instalar en la Antártida los sismómetros más profundos ya registrados en el planeta. Los dos aparatos fueron enterrados a cerca de 2,4 kilómetros bajo el hielo del Polo Sur por el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), en un proyecto que busca reforzar el monitoreo global de terremotos, el soporte a alertas de tsunami y la fiscalización de pruebas nucleares.
La instalación aprovechó un agujero de cerca de 2.500 metros perforado con la tecnología del Observatorio de Neutrinos IceCube, en el mismo punto donde los Estados Unidos investigan partículas desde hace años. La operación, concluida a principios de 2026, es fruto de una asociación de más de 60 años del USGS en la Antártida y amplía la Red Sismográfica Global.
Cómo fueron instalados los sismómetros más profundos del mundo en la Antártida

Robert Anthony/USGS
La hazaña técnica llama la atención. Los sismómetros fueron descendidos a más de 8 mil pies, cerca de 2,4 kilómetros, bajo la capa de hielo, convirtiéndose en los más profundos ya implantados. La instrumentación llegó a la Antártida en diciembre de 2025, y el sistema permanente, apodado «deep ice», estuvo listo en enero de 2026, aprovechando un agujero abierto con la tecnología de perforación del IceCube.
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El tiempo era corto. El agujero permaneció abierto por solo 72 horas, ventana suficiente para bajar un vaso de presión con un sismómetro del tipo Trillium 360 y un grabador de datos, antes de que el propio frío sellara el agujero naturalmente, sin necesidad de añadir nieve o material. Los equipos fueron diseñados para resistir al frío extremo y a la intensa presión de las profundidades, donde los sismómetros quedan suspendidos en el interior del hielo, de forma permanente.
Por qué enterrar sismómetros bajo el hielo del Polo Sur

La elección del lugar no es casual. El interior de la Antártida es uno de los ambientes más fríos, silenciosos y estables del planeta, libre de las interferencias que existen en la superficie. Esto permite que los sensores detecten señales sísmicas sutiles con una claridad sin precedentes, captando desde ondas de largo período hasta temblores de alta frecuencia.
En la práctica, los instrumentos pueden registrar terremotos de magnitud 5 o mayor en cualquier lugar de la Tierra. Además de identificar grandes temblores, los datos ayudan a la comunidad científica a estudiar el movimiento del hielo, la sismicidad global y la propia estructura interna del planeta, ya que las ondas sísmicas cambian de velocidad y dirección al atravesar las diferentes capas de la Tierra.
Terremotos, tsunamis y pruebas nucleares: para qué sirven los datos
Los nuevos sensores se integran a la Red Sismográfica Global, mantenida por el USGS en colaboración con la National Science Foundation (NSF). Esta red es la columna vertebral del monitoreo sísmico mundial, y los equipos de la Antártida amplían su capacidad precisamente en una región estratégica y poco cubierta.
Las aplicaciones van más allá de la ciencia básica. Los datos refuerzan el monitoreo de terremotos, apoyan las alertas de tsunami, que dependen de la detección rápida de sacudidas en el fondo del mar, y contribuyen a la fiscalización de pruebas nucleares, ya que explosiones de este tipo también generan ondas sísmicas detectables. En conjunto, esto aumenta la seguridad global y la capacidad de respuesta a desastres naturales.
La colaboración con IceCube y seis décadas de ciencia en la Antártida
Según información del portal de CNN Brasil, el proyecto solo fue posible gracias a una colaboración entre el Observatorio Sismológico de Albuquerque, del USGS, el Observatorio de Neutrinos IceCube, la Universidad de Wisconsin-Madison y la NSF. El IceCube está formado por 86 pozos de aproximadamente 2.500 metros, originalmente perforados para albergar miles de fotodetectores que cazan neutrinos. Fue esta estructura, ya lista en el hielo, la que abrió camino para instalar los sismómetros a una profundidad inédita.
El movimiento también consolida una larga historia. El USGS opera en el Polo Sur desde hace más de 60 años, y los nuevos equipos representan un salto en la infraestructura de investigación geofísica. Se trata de un hito para la ciencia de la Tierra, y la expectativa es que nuevos puntos de monitoreo en la Antártida puedan seguir el mismo camino, ampliando aún más la red de vigilancia sísmica del planeta.
Sensores enterrados a 2,4 km bajo el hielo de la Antártida, capaces de «escuchar» terremotos del otro lado del mundo, muestran hasta dónde la ciencia es capaz de llegar.
Cuéntanos en los comentarios si imaginabas que el Polo Sur pudiera convertirse en un gran oído para los temblores del planeta y qué más te gustaría entender sobre estos sismómetros.

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