Presente en el concreto, en el vidrio y en la tecnología, la arena se ha convertido en un recurso disputado a escala global, con extracción creciente en ríos, playas y fondos marinos y impactos monitoreados por científicos y organismos internacionales.
El mundo usa cerca de 50 mil millones de toneladas de arena y grava por año, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
El material está presente en el concreto, en el asfalto, en el vidrio, en cables de fibra óptica y en etapas de la cadena del silicio utilizada en la fabricación de componentes electrónicos.
Aunque parece abundante, la arena adecuada para construcción depende de características específicas y no puede ser sustituida, en la mayoría de los casos, por la arena de los desiertos.
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Un informe divulgado por el Pnuma en mayo de 2026 afirma que la demanda global por arena crece más rápidamente que la reposición natural en varias regiones.
La agencia defiende que el recurso sea tratado como estratégico y que los gobiernos creen reglas más claras para mapear, autorizar y fiscalizar la extracción.
La presión sobre este mercado ayuda a explicar por qué ríos, playas, deltas y fondos marinos han pasado a ser objeto de disputas económicas y ambientales.
Cuando se retira de estos ambientes, la arena deja de cumplir funciones naturales, como estabilizar márgenes, alimentar playas, filtrar agua y reducir la exposición de áreas costeras a la erosión.
Por qué la arena del desierto no resuelve la crisis de la construcción
La construcción civil utiliza arena con formato y granulometría capaces de dar resistencia a las mezclas de concreto.
En general, los granos de ríos, antiguas áreas acuáticas y zonas costeras tienen un perfil más adecuado para este fin que la arena transportada por viento en desiertos, que suele ser más redondeada y fina.
La científica de la Tierra Eline Rentier, de la Universidad de Bergen, afirma que la industria necesita granos más angulosos.
Según ella, cuando la arena ha sido erosionada por mucho tiempo y sus granos se han vuelto muy redondeados, el concreto producido con este material tiende a tener un peor desempeño estructural.
Esta limitación hace que la arena de construcción sea un recurso más restringido de lo que sugiere el paisaje.
El material buscado por la industria está justamente en ambientes que también sostienen ecosistemas, comunidades ribereñas, zonas costeras y actividades económicas locales.
Un estudio de Rentier y L. H. Cammeraat, publicado en la revista Science of the Total Environment, afirma que la demanda por arena propia para construcción crece a un ritmo acelerado y que el mundo puede enfrentar escasez de este tipo de recurso hasta 2050 si el patrón de consumo y extracción no cambia.
La investigación también identifica efectos físicos, biológicos, químicos y sociales asociados a la minería en ríos.
El material que aparece en el concreto, en el vidrio y en la tecnología
La arena es un insumo central para la producción de concreto y asfalto, materiales usados en edificios, puentes, carreteras, puertos y presas.
También entra en la fabricación de vidrio y participa en cadenas industriales ligadas a la sílice, al cuarzo y al silicio.
En el caso de los chips, la relación no ocurre con arena común retirada de cualquier playa.
La fabricación de semiconductores involucra silicio obtenido a partir de materiales ricos en sílice, sometidos a procesos industriales de purificación.
Por eso, la mención a la arena en este sector necesita considerar la diferencia entre el grano usado en la construcción civil y la materia prima de alta pureza exigida por la industria electrónica.
El informe del Pnuma diferencia la arena mantenida en ecosistemas de la arena transformada en productos y obras.
La primera continúa en ríos, playas, deltas y zonas costeras, donde participa en la dinámica natural de estos ambientes.
La segunda pasa a integrar concreto, asfalto, vidrio y otros materiales, dejando de ejercer esas funciones ecológicas.
Cómo la minería de arena afecta ríos, playas y fondo del mar
La minería en lechos y márgenes de ríos puede alterar el formato de los canales, aumentar la turbidez del agua y reducir hábitats usados por microorganismos, peces y plantas acuáticas.
Esos impactos no quedan necesariamente restringidos al punto de extracción, porque sedimentos se desplazan a lo largo de los cursos de agua.
Según Rentier, retirar arena del lecho de un río remueve hábitats de microorganismos y puede modificar el flujo del agua o el nivel del acuífero.
Esos cambios, de acuerdo con la investigadora, pueden afectar peces y otros organismos que viven en el ambiente fluvial.
En áreas marinas, dragados pueden generar ruido, resuspensión de sedimentos y cambios en la disponibilidad de nutrientes.
El Pnuma afirma que la extracción en ecosistemas costeros y marinos puede afectar hábitats de peces, tortugas, aves y cangrejos, además de interferir en comunidades que dependen de estos ambientes.
La ONU también señala que la caída de reservas terrestres ha llevado parte de la minería al fondo del mar.
Según Reuters, basándose en el informe del Pnuma, la mitad de las empresas de dragado marino opera dentro de áreas marinas protegidas, dato citado por la agencia como señal de la necesidad de una gobernanza más estricta.
Mercado ilegal de arena dificulta fiscalización
La alta demanda por arena también alimenta la extracción ilegal en diferentes regiones.
En países como India, redes conocidas como “mafia de la arena” actúan en la retirada clandestina de ríos y márgenes para abastecer la construcción civil.
El término es usado por autoridades, investigadores y medios internacionales para describir grupos criminales ligados al comercio irregular del material.
La literatura científica y reportajes internacionales registran casos de intimidación y violencia contra residentes, activistas y periodistas que denunciaron esquemas de minería ilegal.
Como parte de la actividad ocurre fuera de controles oficiales, estimar volúmenes, ingresos y daños ambientales sigue siendo un desafío para investigadores y organismos públicos.
Por este motivo, los números sobre el tamaño del mercado ilegal varían bastante entre fuentes y deben ser tratados con cautela.
En lugar de presentar estimaciones sin confirmación independiente, el enfoque más seguro es señalar que la extracción clandestina es relevante, ocurre en diferentes países y dificulta la gestión de un recurso ya presionado por la construcción civil.
Pākiri expone disputa entre minería, comunidades y conservación
En Nueva Zelanda, la playa de Pākiri se ha convertido en uno de los casos más citados de conflicto entre minería de arena, construcción civil, comunidades locales y conservación.
Durante décadas, la empresa McCallum Brothers retiró arena de la región al norte de Auckland para abastecer obras y usos urbanos.
Para la iwi Ngāti Manuhiri, pueblo maorí ligado al territorio, el dragado representaba riesgo ambiental y cultural.
La región también alberga al tara iti, conocido en inglés como fairy tern, una de las aves nativas más amenazadas del país.
La especie nidifica en áreas de dunas y playas, lo que convierte los cambios en el ambiente costero en una preocupación para conservacionistas.
El 2 de septiembre de 2025, el Ngāti Manuhiri Settlement Trust anunció un acuerdo con McCallum Brothers que puso fin al dragado en Pākiri.
Terrence “Mook” Hohneck, presidente del trust, dijo que la arena es crucial para la producción de concreto, pero que cualquier minería en Aotearoa, nombre maorí de Nueva Zelanda, debe mitigar impactos ambientales y poner la salud del taiao, o entorno natural, en primer lugar.
El caso no eliminó la presión por nuevos puntos de extracción.
En 2026, McCallum Brothers presentó una solicitud para extraer arena en Bream Bay.
Documentos del proceso en el gobierno de Nueva Zelanda indican que la solicitud fue presentada el 26 de enero de 2026 y considerada completa el 17 de febrero del mismo año.
Materiales asociados al proyecto describen un área rectangular de 7 kilómetros por 2,2 kilómetros, al menos a 4,7 kilómetros de la costa de Te Ākau Bream Bay.
Grupos contrarios a la propuesta afirman que el plan prevé la extracción de hasta 150 mil metros cúbicos por año en los tres primeros años y hasta 250 mil metros cúbicos anuales en el período siguiente, cifras que también aparecen en reportajes locales sobre el proceso.
Arena manufacturada y nuevas alternativas en prueba
Una de las alternativas en expansión es la arena manufacturada, producida a partir de la trituración de rocas.
Este material puede reducir la presión sobre ríos y playas cuando se usa con control técnico, aunque también involucra minería, energía e impactos propios.
China, el mayor consumidor global de arena, ha ampliado el uso de este tipo de sustituto.
Según un estudio citado por el Global Landscapes Forum, la arena manufacturada ya representa una parte mayoritaria del consumo anual chino, dato asociado al intento de reducir la dependencia de arena natural.
Investigadores también exploran formas de emplear arena de desierto en la construcción.
Estudios vinculados a la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología y a la Universidad de Tokio prueban mezclas que combinan granos redondeados con partículas de madera y calor para producir un material experimental.
Ren Wei, investigador de posdoctorado en la NTNU, afirma que el proceso es relativamente simple, pero aún necesita pasar por más pruebas antes de usos amplios, especialmente en ambientes fríos.
Las soluciones en estudio no eliminan la necesidad de gobernanza, según el Pnuma.
La agencia recomienda inventarios nacionales de arena, transparencia en licencias, monitoreo de la extracción, reutilización de residuos de construcción y evaluación de los efectos ambientales antes de la extracción del material.
La arena sigue presente bajo los pies, en las paredes de las ciudades, en los ríos y en las playas.
La diferencia, señalan especialistas y organismos internacionales, es que su disponibilidad depende del tipo de grano, del lugar de extracción y del tiempo necesario para que la naturaleza reponga sedimentos.
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