La órbita del Hubble pierde altitud de forma constante y la reentrada puede esparcir escombros, con bajo riesgo para áreas pobladas, pero impacto global potencial
El telescopio espacial Hubble sigue funcionando y aún envía datos importantes para la ciencia. Sin embargo, la altitud de su órbita ha estado cayendo de forma constante, lo que aumenta el riesgo de reentrada en la atmósfera de la Tierra.
El tema ganó fuerza porque involucra uno de los observatorios más famosos del mundo, con décadas de operación y sin las mismas opciones de mantenimiento que existían en el pasado. La proyección más probable apunta a 2033, pero existe la posibilidad de que ocurra antes, llegando a 2029.
La principal preocupación es lo que puede sobrevivir al calor extremo durante la reentrada y dónde podrían caer esos fragmentos, a pesar de la baja probabilidad de impactar regiones habitadas.
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Hubble sigue activo, pero la órbita está perdiendo altura poco a poco
Lanzado en 1990, el Hubble se convirtió en un referente en la astronomía moderna. A lo largo de los años, ayudó a confirmar la existencia de agujeros negros, siguió la expansión del universo y reveló lunas desconocidas de Plutón.
A pesar de que la misión sigue en marcha, la pérdida de altitud muestra que el telescopio no está libre de la influencia de la atmósfera. Este proceso es gradual, pero constante.
Con el tiempo, la reducción de la órbita aumenta el riesgo de que el equipo regrese a capas más densas del aire y comience una caída sin control.
Por qué el Hubble puede caer incluso estando en el espacio

El Hubble orbita la Tierra a aproximadamente 550 kilómetros de altura, dentro de la órbita terrestre baja. Se mueve a aproximadamente 28.000 kilómetros por hora, en una región donde aún existe un nivel mínimo de atmósfera.
Esta resistencia, aunque débil, crea una fricción continua que va reduciendo la altitud poco a poco. Este efecto se acumula con el paso de los años.
Cuanto más se reduce la órbita, mayor tiende a ser el impacto de esta fricción, acelerando la aproximación del telescopio hacia la reentrada.
El fin de los transbordadores en 2009 cambió el futuro del telescopio
Durante muchos años, la NASA logró compensar este desgaste con misiones de mantenimiento realizadas por astronautas del programa del transbordador espacial. Además de reparar instrumentos, estas misiones también elevaban la órbita del Hubble.
Esta posibilidad terminó con la jubilación definitiva de los transbordadores en 2009. Desde entonces, el telescopio dejó de tener una forma práctica de recibir este tipo de soporte directo.
A pesar de esta limitación, el Hubble alcanzó 35 años de funcionamiento y ya realizó más de 1,3 millones de observaciones, con la expectativa de seguir operando mientras sea posible.
Giroscopios desgastados y menos margen para mantener el control
El tiempo también pesa sobre los sistemas internos del telescopio. Componentes como los giroscopios, utilizados para orientar el Hubble con precisión, ya presentan signos claros de deterioro.
Esto reduce el margen de maniobra y aumenta la dificultad de mantener el equipo funcionando con la misma estabilidad que antes. La operación continúa, pero con limitaciones que se vuelven más evidentes.
Con menos opciones técnicas, el desgaste deja de ser solo una cuestión de mantenimiento y comienza a influir directamente en la vida útil del observatorio.
SpaceX evaluó una misión en 2022, pero la idea fue descartada
En 2022, SpaceX analizó la posibilidad de realizar una misión para empujar el Hubble hacia una órbita más segura. La propuesta tenía como objetivo extender el tiempo de operación del telescopio.
El plan, sin embargo, no avanzó y fue descartado. Con esto, la tendencia a la caída de la órbita sigue sin una intervención práctica confirmada.
La consecuencia es directa: el Hubble sigue perdiendo altitud y se aproxima al momento en que la reentrada se vuelve inevitable.
La caída en 2033 es el escenario más probable, pero 2029 también entra en el radar
El escenario más probable indica reentrada alrededor de 2033. Aun así, existe una probabilidad de 1 en 10 de que el proceso ocurra antes, llegando a 2029.
La variación depende de la actividad solar y del comportamiento de la resistencia atmosférica a lo largo del tiempo. Pequeños cambios en estos factores pueden acelerar o retrasar el momento de la reentrada.
La proyección también señala una posible franja de escombros entre 350 y 800 kilómetros a lo largo de la trayectoria, en caso de que fragmentos sobrevivan al calor.
Lo que puede alcanzar el suelo y cuál es el riesgo real para áreas pobladas
Durante la reentrada, gran parte del telescopio tiende a desintegrarse debido al calor extremo. Sin embargo, algunos fragmentos pueden sobrevivir y caer en la superficie terrestre.
Las simulaciones indican un riesgo medio de 1 en 330 a lo largo de la franja que cruza la órbita del Hubble. En regiones remotas como el océano Pacífico Sur, la probabilidad baja a 1 en 31.000.
El punto exacto de caída aún no puede ser calculado con precisión, ya que la trayectoria final depende de factores que cambian con el tiempo.
El telescopio espacial Hubble aún opera, pero la constante pérdida de altitud mantiene la reentrada como un evento esperado en el futuro. El escenario más probable apunta a 2033, con posibilidad de anticipación a 2029.
El impacto práctico involucra la posibilidad de que fragmentos alcancen el suelo, incluso con baja probabilidad de caída en áreas pobladas y con gran parte del equipo desintegrándose durante la reentrada.

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