El Freedom Ship es presentado por la empresa de Roger Gooch como la primera megaciudad flotante del mundo: 1,6 km, 30 pisos y energía nuclear para 80 mil personas. La idea, creada por Norman Nixon en los años 1990, costaría R$ 81 mil millones y haría que el Icon of the Seas pareciera modesto.
Olvídate de los mayores cruceros del mundo. Una empresa estadounidense presentó el Freedom Ship, descrito como la primera megaciudad flotante del mundo: una estructura de 1,6 kilómetros de longitud, 30 cubiertas de altura y movida por energía nuclear, diseñada para albergar hasta 80 mil personas en alta mar.
El proyecto, valorado en cerca de R$ 81 mil millones (US$ 16,16 mil millones), es llevado a cabo por Freedom Cruise Line International, del ejecutivo Roger Gooch. La ambición es enorme, pero hay un gran inconveniente: la idea existe desde hace unos 30 años, desde el ingeniero Norman Nixon, y nunca salió del papel, dependiendo aún de financiamiento para hacerse realidad.
Qué es el Freedom Ship, la primera megaciudad flotante

Los números explican por qué el Freedom Ship es llamado la primera megaciudad flotante del mundo. La estructura tendría 1,6 kilómetros de longitud, 244 metros de ancho, 30 cubiertas y unas impresionantes 2,3 millones de toneladas brutas.
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La capacidad prevista es de 80 mil personas, siendo 50 mil residentes permanentes, 10 mil turistas y visitantes y 20 mil tripulantes.
Para entender el tamaño, vale la comparación. El Icon of the Seas, de Royal Caribbean, es el mayor barco de crucero del mundo y mide «solo» 365 metros, llevando cerca de 7,6 mil pasajeros y 2,3 mil tripulantes.
Es decir, la megaciudad tendría más de cuatro veces la longitud del Icon of the Seas, lo que coloca al actual poseedor del récord en otra escala frente al proyecto impulsado por energía nuclear.
Una ciudad que cabe estadio, museos y energía nuclear
La lista de instalaciones parece la de una ciudad de verdad. Según la empresa, la primera megaciudad flotante tendría un hospital de investigación, escuelas y facultades, centro comercial, hoteles de lujo, un estadio para 15 mil personas, centro de convenciones, parque acuático, dos museos, sala de conciertos, acuario, discoteca e incluso un mercado gastronómico de dos pisos.

Cuatro cubiertas serían reservadas para bancos, tiendas y servicios, y el desplazamiento interno se realizaría mediante tranvías eléctricos.

En la cima, ocho helipuertos completarían la estructura. Toda esta «ciudad» sería sostenida por energía nuclear, que, según los idealizadores, garantizaría autonomía y menos emisiones para una comunidad que nunca se detiene.
Comparado con el Icon of the Seas y cualquier otro crucero, el salto de ambición es gigantesco, aunque todo esto, por ahora, existe solo en proyecto.
Un barco grande demasiado para cualquier puerto

Según el portal globo, por ser tan colosal, el Freedom Ship no cabría en ningún puerto del planeta. La solución propuesta es mantener la primera megaciudad flotante casi siempre en aguas internacionales, circulando el globo cada dos o tres años, a una velocidad modesta de siete nudos.
El transporte de pasajeros a tierra firme se realizaría por balsas y helicópteros, y el mantenimiento del casco ocurriría con el barco en el agua.
Según Roger Gooch, la propuesta es funcionar como una comunidad privada, en la que emprendedores alquilarían o comprarían espacios, como en una ciudad común.
Él llegó a comentar que instalaciones de investigación médica demostraron interés justamente porque el lugar queda fuera del alcance de los órganos reguladores, un punto que, aunque atractivo para algunos, plantea dudas legales y éticas relevantes.
Si se garantiza la financiación, la construcción comenzaría en Indonesia, con el casco montado en partes en alta mar.
De la idea de Norman Nixon al desafío de la financiación
La historia del proyecto es larga. La idea fue propuesta por primera vez en los años 1990 por el ingeniero americano Norman Nixon, quien murió en 2012 sin verla salir del papel. Desde entonces, el concepto resurgió algunas veces y volvió a ser archivado, hasta ser retomado por la Freedom Cruise Line International, con sede en Florida.
Fue con Norman Nixon que nació la semilla de lo que hoy se vende como la primera megaciudad flotante del mundo.
Ahora, bajo el mando de Roger Gooch, la empresa dice estar confiada, pero reconoce que todo depende del dinero. «Estamos muy confiados de que podemos concretar esto, pero la capitalización es fundamental», afirmó el ejecutivo.
Vale el escepticismo: los expertos recuerdan que proyectos de ciudades flotantes rara vez salen del concepto, tropezando con obstáculos financieros, técnicos, legales y regulatorios. Por ahora, ni el Freedom Ship ni cualquier rival movido a energía nuclear han pasado del tablero de dibujo, y nada garantiza que Roger Gooch tendrá más suerte que Norman Nixon.
Una ciudad de 1,6 km movida a energía nuclear, vagando por los océanos con 80 mil personas a bordo, es el tipo de idea que fascina y asusta en la misma medida.
Cuéntanos en los comentarios si vivirías en la primera megaciudad flotante del mundo o si crees que el Freedom Ship seguirá solo en el papel, como en los últimos 30 años.

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