Científicos de la Universidad de Colorado Boulder lograron reactivar microorganismos que estaban congelados hace aproximadamente 40 mil años en el permafrost de Alaska.
El logro, descrito en un estudio publicado en el Journal of Geophysical Research: Biogeosciences, enciende una alerta global: estos organismos antiguos pueden liberar gases de efecto invernadero y, en casos extremos, incluso desencadenar enfermedades desconocidas.
Los investigadores recolectaron muestras en el Permafrost Research Tunnel, cerca de Fairbanks, excavado en los años 1960 para estudios climáticos.
Al descongelar el material e incubarlo a temperaturas similares a las de los veranos en el Ártico, observaron que, tras unos meses, los microorganismos “despertaron” y formaron colonias activas.
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Según el geocientífico Dr. Tristan Caro, autor del estudio, “estas muestras no están muertas en absoluto”.
Aunque los microbios analizados difícilmente pueden infectar a humanos, los científicos mantuvieron las pruebas en cámaras selladas por precaución.
Además del riesgo sanitario, el proceso revela otro problema: a medida que vuelven a la actividad, los microorganismos emiten dióxido de carbono (CO₂) y metano, ambos gases que aceleran el calentamiento global.
Cuanto más largos e intensos sean los veranos en el Ártico, mayor será la posibilidad de que estas comunidades microbianas despierten y contribuyan a la crisis climática.
Este escenario no es inédito. En 2022, un virus prehistórico llamado Pandoravirus, preservado durante 48.500 años en el permafrost de Siberia, fue revivido en laboratorio.
A pesar de no representar un peligro inmediato para el ser humano, casos como este muestran que microorganismos antiguos pueden volver a la superficie.
Expertos advierten que enfermedades conocidas, como ántrax y viruela, además de virus y bacterias aún desconocidos, pueden estar dormidos en el hielo. “El deshielo del permafrost es una caja de Pandora. No sabemos exactamente qué puede emerger”, declaró la infectóloga sueca Dra. Brigitta Evengård.
El estudio concluye que el deshielo acelerado del Ártico, impulsado por el cambio climático, no solo amenaza con liberar grandes cantidades de gases de efecto invernadero, sino que también expone a la humanidad a microorganismos que permanecieron aislados durante milenios, y cuyo impacto aún es impredecible.

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