Un gesto simple, frecuentemente ignorado, puede revelar información relevante sobre el equilibrio, la fuerza muscular y el funcionamiento del cerebro a lo largo del envejecimiento, según investigaciones recientes que asocian esta prueba a riesgos de caídas, pérdida funcional e indicadores generales de salud.
Mantener el cuerpo apoyado en una sola pierna durante algunos segundos es un gesto simple, pero utilizado por médicos e investigadores como un indicador funcional del proceso de envejecimiento.
La capacidad de ejecutar este movimiento reúne información sobre fuerza muscular, coordinación, tiempo de reacción e integración entre sistemas sensoriales, factores asociados al riesgo de caídas y a la preservación de la autonomía a lo largo de la vida, según especialistas del área.
En general, el equilibrio en una pierna se adquiere aún en la infancia y tiende a mantenerse estable hasta la vida adulta.
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A partir de la mediana edad, sin embargo, este desempeño comienza a variar de forma más acentuada entre individuos.
Después de los 50 años, las dificultades para sostener la posición durante algunos segundos se vuelven más comunes y pueden reflejar cambios fisiológicos relacionados con el envejecimiento.
Equilibrio corporal y pérdida de masa muscular con la edad
Uno de los principales motivos por los cuales la permanencia en una pierna se utiliza como prueba clínica es su relación con la sarcopenia, condición caracterizada por la pérdida gradual de masa y función muscular con el avance de la edad.
Investigaciones indican que, a partir de los 30 años, la masa muscular tiende a disminuir progresivamente, con tasas que pueden alcanzar hasta el 8% por década, dependiendo de factores como sexo, nivel de actividad física y estado de salud.
Estimaciones citadas en estudios observacionales indican que la sarcopenia se vuelve más frecuente en los rangos etarios más avanzados y puede afectar a una parte significativa de la población mayor de 80 años.
Como esta pérdida afecta a diferentes grupos musculares, sus efectos suelen aparecer en tareas que requieren estabilidad, como sostener el peso del cuerpo en un solo apoyo.
Además de la fuerza, la prueba también involucra control postural y resistencia muscular.
Cuando los músculos de las piernas y de las caderas tienen menor capacidad funcional, el cuerpo tiende a oscilar más, lo que dificulta el mantenimiento de la posición y puede indicar mayor vulnerabilidad a desequilibrios en la vida diaria.
El papel del cerebro en el control del equilibrio
Los especialistas destacan que estar de pie sobre una pierna no depende solo de los músculos.
La tarea exige que el cerebro procese, al mismo tiempo, información visual, señales del sistema vestibular — ubicadas en el oído interno — y estímulos del sistema somatossensorial, responsable de informar la posición del cuerpo y el contacto con el suelo.
Según Kenton Kaufman, director de un laboratorio de análisis motores de la Clínica Mayo, “todos estos sistemas se degradan con la edad, a ritmos diferentes”, lo que ayuda a explicar por qué el equilibrio tiende a empeorar gradualmente a lo largo de las décadas.
Este proceso no ocurre de manera uniforme y puede variar considerablemente entre personas de la misma edad.
Por esta razón, la dificultad para mantener el apoyo unilateral se interpreta como un posible reflejo del funcionamiento de áreas cerebrales ligadas a la integración sensorial y a la velocidad de respuesta motora.
Cuando estas funciones están comprometidas, tareas cotidianas que exigen ajustes rápidos del cuerpo pueden volverse más difíciles.
Caídas en ancianos y pérdida de estabilidad

La preocupación por el equilibrio cobra relevancia ante la frecuencia de caídas entre ancianos.
Datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos indican que las caídas no intencionadas se encuentran entre las principales causas de lesiones en personas de 65 años o más.
Estos episodios suelen estar asociados con la pérdida de estabilidad y la reducción del tiempo de reacción.
De acuerdo con Kaufman, muchas caídas no ocurren por falta de fuerza, sino por la incapacidad de reaccionar con suficiente rapidez a un obstáculo inesperado, como una irregularidad en el suelo.
En esos casos, la agilidad para reposicionar la pierna y recuperar el equilibrio es determinante para evitar la caída.
La prueba de los 10 segundos en estudios científicos
La relación entre equilibrio y salud general también ha surgido en investigaciones de seguimiento.
Un estudio publicado en 2022 siguió a adultos de mediana edad y ancianos y observó que los participantes incapaces de permanecer 10 segundos en una pierna presentaron mayor riesgo de muerte por diferentes causas a lo largo del período analizado.
Esta asociación se mantuvo incluso después de ajustes por factores clínicos conocidos.
El trabajo fue liderado por el médico del ejercicio Cláudio Gil Araújo, de la clínica Clinimex, en Río de Janeiro.
Según el investigador, la prueba no debe ser interpretada de forma aislada, sino que puede funcionar como un marcador simple de envejecimiento funcional cuando se asocia con otras evaluaciones.
Resultados similares han surgido en análisis que compararon el desempeño en diferentes pruebas físicas, como fuerza de agarre manual y capacidad para sentarse y levantarse.
En esos levantamientos, la permanencia en una pierna se presentó como uno de los indicadores más sensibles para identificar un mayor riesgo de enfermedad a lo largo de los años.
Equilibrio, cognición y enfermedades neurodegenerativas
Estudios involucrando personas con demencia también han investigado el equilibrio como parámetro funcional.
En investigaciones con pacientes diagnosticados con Alzheimer, un peor desempeño en la prueba de apoyo unilateral se asoció a un declive cognitivo más rápido, en comparación con aquellos que mantenían la capacidad de equilibrarse durante más tiempo.
Investigadores resaltan que esta asociación no indica causalidad directa.
Los datos sugieren que las funciones motoras y cognitivas pueden deteriorarse de manera paralela, reflejando alteraciones más amplias en el sistema nervioso central.
Cómo entrenar el equilibrio en la vida cotidiana
Investigaciones recientes indican que el equilibrio puede ser entrenado a diferentes edades.
Ejercicios que desafían la permanencia en una pierna tienden a reclutar músculos de las piernas, caderas y tronco, además de estimular la coordinación y la integración sensorial.
Según la médica Tracy Espiritu McKay, especialista en medicina de rehabilitación, “si crees que no es fácil, es hora de comenzar a entrenar tu equilibrio”.
Araújo recomienda que las personas mayores de 50 años prueben su capacidad para permanecer 10 segundos en cada pierna.
Sugiere incorporar el ejercicio a actividades diarias, como cepillarse los dientes.
El investigador también observa que la práctica con y sin calzado puede generar estímulos diferentes, ya que el nivel de estabilidad varía según el apoyo del pie.
Programas que combinan ejercicios de fuerza, actividades aeróbicas y entrenamiento de equilibrio aparecen asociados, en estudios clínicos, a la reducción de factores de riesgo para caídas.
Modalidades como el tai chi chuan, que implican transferencia lenta de peso y control postural, también son citadas en investigaciones por su relación con una menor incidencia de caídas entre ancianos.
Los especialistas recomiendan iniciar estos ejercicios de manera segura, con apoyo cercano.
En casos de antecedentes de caídas o limitaciones importantes, la orientación es buscar evaluación profesional.

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