Hormiga encontrada presenta mandíbulas verticales y adaptaciones únicas, revelando que estrategias depredadoras complejas surgieron mucho antes de lo que se imaginaba
Un descubrimiento en el Nordeste está reescribiendo lo que se sabía sobre la evolución de las hormigas. Un fósil preservado en caliza y datado de 113 millones de años fue identificado como la más antigua hormiga ya encontrada.
El estudio revela nuevos detalles sobre las adaptaciones depredadoras de estos insectos en el período Cretácico.
El descubrimiento de la hormiga del infierno
El fósil pertenece a la extinta subfamilia Haidomyrmecinae, apodada «hormigas del infierno» debido a la apariencia aterradora y a las mandíbulas articuladas verticalmente. La nueva especie indica que las hormigas ya eran bastante diversificadas y poseían comportamientos depredadores únicos hace millones de años.
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Un fósil guardado por años en un pequeño museo de Montreal escondía tejido blando de 450 millones de años, un hallazgo que solo ocurrió una vez antes en la historia.
Anderson Lepeco, autor del estudio, afirmó que el equipo descubrió una nueva especie fósil de hormiga, considerada el registro geológico indiscutible más antiguo ya encontrado.
La especie, a pesar de ser primitiva, ya presentaba características anatómicas muy especializadas, sugiriendo estrategias de caza inusuales. El hallazgo ayuda a entender cómo las hormigas lograron expandirse y diversificarse durante el Cretácico.
Un fósil raro y bien conservado
A diferencia de otros registros de la subfamilia Haidomyrmecinae, generalmente encontrados en ámbar, esta hormiga fue preservada en roca calcárea, más precisamente en la Formación Crato, un famoso yacimiento fósil de Brasil.
Lepeco destacó que, aunque ya existen hormigas del infierno descritas en ámbar, esta fue la primera vez que el equipo logró identificarlas en un fósil de roca.
El equipo utilizó imágenes de microtomografía computarizada para crear una reconstrucción 3D del fósil. Esta técnica permitió observar detalles anatómicos impresionantes, como las mandíbulas que se proyectaban hacia adelante y un cuerno en la cabeza — adaptaciones ideales para inmovilizar presas.
Según el estudio, características similares a las encontradas en este fósil ya se habían visto en ejemplares de Birmania. Esto sugiere que las hormigas del infierno eran más comunes durante el Cretácico de lo que se pensaba.
Impactos para la paleontología y la biogeografía
El descubrimiento de una hormiga del infierno tan especializada en América del Sur desafía las teorías anteriores sobre la distribución de las hormigas, que consideraban a Eurasia como centro inicial de estos insectos.
Este hallazgo indica que la dispersión de las hormigas entre continentes ocurrió mucho antes de la separación de Gondwana, alterando la visión sobre la biogeografía de estos animales.
El estudio también refuerza la importancia de revisar colecciones antiguas, sean privadas o de museos, en busca de fósiles aún no descritos.
Lepeco afirmó que el descubrimiento destaca la relevancia del examen minucioso de estas colecciones y pone de manifiesto la paleontología brasileña, además de la fauna de insectos fósiles aún poco explorada en el país.
Evolución rápida y adaptaciones sorprendentes
La forma en que estas antiguas hormigas desarrollaron adaptaciones depredadoras en tan poco tiempo impresionó a los investigadores.
Lepeco relató que, aunque el equipo esperaba encontrar características de la hormiga del infierno, se sorprendió con las particularidades del aparato de alimentación del insecto.
Él explicó que la morfología compleja de la nueva especie muestra que incluso las primeras hormigas ya tenían estrategias sofisticadas de depredación. Esto contrasta fuertemente con las especies modernas, cuyas mandíbulas se mueven lateralmente.
El estudio también destaca el uso creciente de tecnologías modernas de imagen para revelar detalles de fósiles que antes parecían inaccesibles.
El descubrimiento, además de enriquecer el conocimiento sobre la evolución de las hormigas, abre caminos para nuevas investigaciones paleontológicas y tecnológicas en los próximos años.
El estudio fue publicado en Current Biology.
