Instalación experimental en EE.UU. trata agua extremadamente salada de campos petrolíferos y muestra cómo la energía solar puede ayudar a reducir el desecho subterráneo.
Una instalación experimental en el corazón de la industria petrolera de los Estados Unidos puede estar abriendo un nuevo frente para uno de los mayores problemas del sector: el destino del agua extremadamente salada que sale junto con el petróleo. En lugar de simplemente enviar este residuo a pozos de desecho, la tecnología utiliza energía solar para purificar un agua tan salina que llega a ser varias veces más concentrada que el agua de mar.
El proyecto fue puesto en operación por Sunvapor en asociación con el Southeast New Mexico College, que anunció la iniciativa como la primera instalación de desalinización solar de EE.UU. ubicada en un pozo comercial de desecho de agua salada. Según el comunicado divulgado por la institución, la unidad puede tratar agua producida con cerca de 130,000 ppm de sólidos disueltos totales y generar un destilado con menos de 400 ppm.
El número llama la atención porque el agua de mar suele tener cerca de 35,000 ppm de sales disueltas. Es decir, el sistema está manejando un agua mucho más agresiva, típica de regiones petroleras donde la extracción genera volúmenes enormes de desecho líquido. La prueba se lleva a cabo en el Permian Basin, una de las áreas más importantes de petróleo y gas de los Estados Unidos.
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El problema escondido detrás de los pozos de petróleo
Cuando un pozo de petróleo produce aceite, también puede traer consigo grandes cantidades de agua producida, una mezcla con sal, minerales y otros compuestos presentes en las formaciones subterráneas. En muchas operaciones, esta agua se dirige a pozos de desecho, donde se inyecta nuevamente en el subsuelo.
Este método es común, pero no es simple. En algunas regiones, el aumento de la inyección de agua salada ha sido asociado a preocupaciones ambientales, operacionales e incluso geológicas. El sector busca alternativas porque el volumen de agua producido puede ser enorme, y desecharlo indefinidamente requiere infraestructura, licencias, energía y monitoreo constante.
Es ahí donde la desalinización entra como un posible cambio. Si parte de esta agua puede ser tratada, el residuo deja de ser solo un pasivo y pasa a tener potencial de uso en aplicaciones industriales, agrícolas o en nuevos procesos, siempre que cumpla con los estándares ambientales y regulatorios exigidos.
La tecnología que cambia electricidad por vapor solar

El punto más llamativo de la solución es el uso de energía solar para generar calor. En lugar de depender solo de electricidad en un proceso altamente intensivo, el sistema apuesta por vapor como fuente de energía térmica para separar el agua de las sales.
Sunvapor trabaja con plantas industriales de bajo carbono y desarrolló un enfoque orientado precisamente a procesos que requieren calor. En la práctica, la idea es usar energía solar para reducir costos operativos y emisiones asociadas al tratamiento de agua hipersalina.
Este detalle es crucial. Desalinizar agua de mar ya es caro en muchos escenarios. Desalinizar agua de petróleo, con salinidad mucho más alta, es aún más desafiante. Por eso, transformar calor solar en vapor para alimentar el proceso puede ser un diferencial importante si la tecnología logra escalar.
De 130 mil ppm a menos de 400 ppm
El salto técnico es lo que hace que el proyecto sea tan impresionante. El agua tratada en el piloto posee cerca de 130 mil partes por millón de sólidos disueltos totales, una concentración altísima. Después del proceso, el destilado queda por debajo de 400 ppm, una reducción drástica en la carga de sales.
Esto no significa automáticamente que el agua pueda ser bebida o usada libremente. Para cualquier reaprovechamiento, aún sería necesario evaluar otros componentes químicos, normas locales y estándares de seguridad. Pero el resultado muestra que la etapa más difícil, retirar una carga brutal de sales, puede hacerse con apoyo de energía solar.
El proyecto también tiene una dimensión educativa. El Southeast New Mexico College está usando la instalación para entrenar profesionales en tratamiento sostenible de agua, preparando mano de obra para una industria que puede crecer precisamente en las regiones donde petróleo, agua y energía renovable se cruzan.
Por qué esto importa para el sector petrolero

La industria del petróleo vive bajo presión para reducir impactos ambientales sin dejar de producir. En este contexto, una tecnología capaz de disminuir el volumen enviado a pozos de desecho puede cambiar la lógica de operación en cuencas maduras.
Si el tratamiento se demuestra económicamente viable, las empresas podrían reaprovechar parte del agua en procesos industriales, reducir costos logísticos y disminuir la dependencia de desecho subterráneo. Para áreas con escasez hídrica, como partes de Nuevo México y Texas, cualquier posibilidad de recuperar agua gana peso estratégico.
El proyecto aún es piloto, pero apunta a un problema gigantesco. El agua producida es una de las mayores corrientes de residuos de la industria del petróleo y gas. Cuanto más petróleo se extrae, mayor puede ser la necesidad de manejar líquidos salinos, especialmente en campos donde la proporción de agua aumenta con el tiempo.
Una nueva carrera por el agua escondida en el petróleo
Lo más interesante es que la solución no intenta vender una promesa futurista distante. Está instalada en una operación real, conectada a un pozo comercial de descarte. Esto acerca la tecnología al campo y permite probar rendimiento, mantenimiento, costo y calidad del agua en condiciones más cercanas a la realidad industrial.
Aún hay obstáculos. El tratamiento de agua producida puede involucrar compuestos además de la sal, y cada cuenca tiene características propias. El desafío será demostrar que la tecnología funciona de manera confiable, económica y segura en diferentes tipos de agua y a mayor escala.
Aun así, el simbolismo es fuerte: en lugar de simplemente enterrar agua salada en el subsuelo, una planta solar intenta transformarla en recurso. Si tiene éxito, el sector del petróleo puede ganar una nueva herramienta para enfrentar dos problemas al mismo tiempo: residuos líquidos de la extracción y presión creciente por agua en regiones áridas.

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