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La central hidroeléctrica brasileña que prometía energía limpia, inundó más de 2 mil km² de la Amazonía, creó islas de árboles muertos y podría emitir más gases que el carbón.

Escrito por Noel Budeguer
Publicado el 12/05/2026 a las 10:21
Actualizado el 12/05/2026 a las 10:23
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Construida en el río Uatumã, la UHE Balbina se convirtió en símbolo de una de las decisiones más controvertidas de la energía brasileña, con efectos sobre el bosque, las comunidades y las emisiones

Fue vendida como símbolo de progreso, energía limpia y desarrollo para la Amazonía. Pero, décadas después, la Central Hidroeléctrica de Balbina, en el Amazonas, es recordada por muchos investigadores como uno de los proyectos más controvertidos de la historia energética brasileña.

Construida en el río Uatumã, en el municipio de Presidente Figueiredo, la central entró en operación a finales de los años 80 con solo 250 MW de potencia instalada, pero dejó atrás un embalse gigantesco. Según la Memoria de la Electricidad, Balbina inundó cerca de 2.360 km² y afectó casi 2.928,5 km² de tierras anteriormente ocupadas por los Waimiri-Atroari.

El contraste es chocante: una central relativamente pequeña en generación, pero enorme en impacto territorial. En medio de la selva, el lago artificial transformó árboles, ríos, comunidades y áreas indígenas en un paisaje marcado por agua estancada, islas aisladas y troncos muertos.

La central que creó miles de islas en medio de la selva

Vista aérea de la UHE Balbina, en el Amazonas, hidroeléctrica que inundó miles de km² de la selva amazónica y se convirtió en uno de los casos más controvertidos de la energía en Brasil.

Con el represamiento del río Uatumã, una inmensa área de la Amazonía fue cubierta por el agua. El resultado no fue solo un embalse: fue una nueva geografía, fragmentada y difícil de recuperar.

Informes recientes de la Defensoría Pública del Amazonas señalan que la región pasó a tener más de 3,5 mil islas aisladas, además de millones de árboles muertos, conocidos popularmente como “paliteiros”. La imagen es poderosa: un bosque que antes era continuo se convirtió en un archipiélago artificial.

Esta transformación afectó directamente el medio ambiente y la vida de las poblaciones locales. La obra habría afectado a cerca de tres mil familias, tanto por encima como por debajo de la presa, además de provocar disputas y revisiones relacionadas con el área de los Waimiri-Atroari.

La paradoja: energía limpia que puede contaminar más que el carbón

Embalse de la UHE Balbina, en el Amazonas, donde la inundación del bosque transformó antiguas áreas continuas en miles de islas artificiales rodeadas de troncos muertos, conocidos como “paliteiros”.

El punto más explosivo de la historia de Balbina está en la comparación con una termoeléctrica de carbón. Investigaciones citadas por la Agencia FAPESP indicaron que la central podría emitir cerca de 10 veces más gases de efecto invernadero que una termoeléctrica de carbón mineral de la misma potencia.

La explicación está en lo que quedó sumergido. Cuando el bosque fue inundado, una enorme cantidad de materia orgánica comenzó a descomponerse bajo el agua. En ambientes tropicales, cálidos y con poco oxígeno, esta descomposición libera dióxido de carbono y metano, un gas con fuerte impacto climático.

Es decir: la hidroeléctrica que debería representar una alternativa renovable terminó convirtiéndose en un caso extremo de baja eficiencia ambiental. Mucha área inundada, poca energía generada y una cantidad preocupante de emisiones.

Solo 250 MW para un lago gigantesco

Troncos muertos emergen del embalse de la UHE Balbina, en el Amazonas, formando los llamados “paliteiros”, marcas visibles del bosque que fue inundado por la construcción de la hidroeléctrica.

Balbina tiene 250 MW de potencia instalada, un número modesto si se compara con el tamaño del área inundada. Este desequilibrio es precisamente una de las razones por las que la central ha sido tan criticada.

En otras palabras, el problema no es solo haber construido una presa. El problema es la relación entre lo que se sacrificó y lo que se entregó en energía.

Mientras que las grandes hidroeléctricas suelen ser defendidas por el volumen de electricidad generado, Balbina se convirtió en el ejemplo contrario: un proyecto que inundó una inmensa área del bosque para producir una cantidad limitada de energía.

La selva sigue sintiendo los efectos décadas después

Los impactos de Balbina no quedaron atrapados en el pasado. Un estudio divulgado por el INPA analizó más de 35 años de efectos ambientales en las selvas de igapó afectadas por la represa.

Según los investigadores, la alteración del régimen natural de las aguas creó un tipo de “efecto sándwich”. Áreas bajas, medias y altas de la selva comenzaron a sufrir cambios en el pulso de inundación, afectando árboles, peces, hábitats y cadenas alimentarias enteras.

El estudio también señaló que aproximadamente el 12% de las selvas de igapó ya han muerto, mientras que otras áreas continúan amenazadas por la alteración artificial del ciclo del agua. Esto demuestra que la represa no solo causó un impacto inicial: sigue modificando el ecosistema todos los años.

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Balbina se convirtió en símbolo de error energético en la Amazonia

La historia de Balbina es incómoda porque desmantela una idea simple: la de que toda hidroeléctrica es automáticamente limpia. En el papel, la energía viene del agua. En la práctica, el costo puede ser gigantesco cuando la obra inunda selva tropical, altera ríos y afecta comunidades.

Hoy, la central es frecuentemente recordada como una advertencia para nuevos proyectos en la Amazonia. Muestra que la energía renovable mal planificada también puede generar destrucción, especialmente cuando ignora el territorio, la biodiversidad y los pueblos que viven en la región.

El caso también cobró nueva relevancia con iniciativas recientes para rescatar la memoria de la construcción de la central e investigar sus impactos sociales. La creación de la Comisión de la Verdad de Balbina, que involucra a instituciones como UFAM, USP y la Defensoría Pública, refuerza que esta historia aún no ha sido totalmente contada.

Una obra que prometió progreso y dejó una herida abierta

Más de tres décadas después, Balbina sigue produciendo energía. Pero también sigue produciendo preguntas difíciles.

¿Valió la pena inundar un área tan grande de la Amazonia para generar solo 250 MW? ¿Cómo medir el costo de miles de islas artificiales, árboles muertos, familias afectadas y emisiones de gases de efecto invernadero? ¿Y cuántos proyectos similares aún pueden evitarse con las lecciones dejadas por esta central?

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Noel Budeguer

Soy periodista argentino radicado en Río de Janeiro, con foco en energía y geopolítica, además de tecnología y asuntos militares. Produzco análisis y reportajes con lenguaje accesible, datos, contexto y visión estratégica sobre los movimientos que impactan a Brasil y al mundo. 📩 Contacto: noelbudeguer@gmail.com

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