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Dos amigos compraron un coche de tres ruedas sin aire acondicionado, sin dirección asistida y hecho para ir al mercado en los años 70, y decidieron cruzar toda África con él, pasando por 22 países en más de 120 días de pura locura.

22/04/2026 a las 12:36
Actualizado 22/04/2026 a las 12:37
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Un inglés y un canadiense compraron un Reliant Robin, el coche de tres ruedas británico de los años 70 bautizado como Sheila, y partieron de Londres rumbo al extremo sur de África en un viaje de 22,5 mil kilómetros por 22 países. Sin aire acondicionado y con motor de baja potencia, la pareja tardó más de 120 días en llegar a Ciudad del Cabo.

La propuesta era tan absurda que no podía ser rechazada. Cuando el canadiense Seth Scott sugirió al inglés Ollie Jenks que atravesaran toda África en un coche de tres ruedas, la respuesta llegó sin dudar. El vehículo elegido fue un Reliant Robin, modelo británico que se hizo famoso en el Reino Unido por ser simple, barato y diseñado para un único propósito: ir al mercado y volver. Con motor de baja potencia, sin aire acondicionado, sin dirección asistida y un rendimiento deficiente tanto en subidas como en bajadas, el Robin es lo opuesto a todo lo que se esperaría de un vehículo para cruzar selvas tropicales, montañas y desiertos africanos.

El coche fue bautizado como Sheila, comprado especialmente para la aventura y cargado con combustible y suministros básicos atados en el pequeño techo. La pareja partió de Londres en octubre con destino a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, planeando recorrer alrededor de 22,5 mil kilómetros por 22 países. El trayecto duró más de 120 días y costó entre 40 mil y 50 mil dólares, financiados por patrocinadores y crowdfunding. El viaje fue documentado en una página de Instagram que reunió casi 100 mil seguidores bajo el título que resume todo: «14 mil millas, 3 ruedas, 0 sentido común».

Qué sucede cuando un coche de tres ruedas enfrenta la África real

Según información divulgada por el portal de G1, los problemas mecánicos comenzaron incluso antes de que el coche de tres ruedas dejara Europa. En las primeras semanas, Sheila tuvo que cambiar los resortes de la rueda, una señal clara de que el vehículo no había sido diseñado para soportar carreteras fuera del asfalto británico. En Ghana, la transmisión se rompió y dejó al Robin atrapado en cuarta marcha, obligando a la pareja a conducir cientos de kilómetros sin poder reducir la velocidad de manera adecuada.

En Camerún, los problemas se acumularon: fallas en el embrague, defecto en el distribuidor y, al final, el motor simplemente dejó de funcionar. El viaje solo no terminó allí porque desconocidos a lo largo del camino se movilizaron para ayudar. Un hombre proporcionó una nueva transmisión para Ghana. Entusiastas del Reliant Robin en el Reino Unido enviaron un motor de reemplazo a Camerún. En uno de los episodios más improbables, Sheila fue cargada en un camión de ganado hasta el taller más cercano, donde mecánicos locales repararon el vehículo con herramientas improvisadas y una generosa dosis de incredulidad.

Los peligros que la pareja enfrentó además de las averías mecánicas

Los problemas de Sheila eran predecibles. Lo que nadie podía anticipar era el escenario geopolítico que la pareja encontraría a lo largo del trayecto. Jenks y Scott llegaron a Benín durante un intento de golpe de Estado y cruzaron el norte de Nigeria mientras Estados Unidos realizaba ataques aéreos contra objetivos del Estado Islámico en la región. En Camerún, la situación requirió escolta militar por aproximadamente 480 kilómetros en un área marcada por conflictos separatistas.

El contraste entre el coche de tres ruedas y el convoy militar que lo acompañaba dio lugar a una de las escenas más surrealistas del viaje. En el Congo, un autobús casi aplastó a Sheila contra un acantilado, recordando que el tráfico africano puede ser tan peligroso como cualquier zona de conflicto para un vehículo que pesa menos que la mayoría de las motocicletas de carga. La pareja registró cada episodio en las redes sociales, alimentando una audiencia que crecía con cada nueva situación de riesgo.

Los paisajes que hicieron que todo valiera la pena

No todo en la travesía fue peligro y frustración mecánica. El Reliant Robin cruzó cadenas montañosas, desiertos impresionantes y paisajes que pocos viajeros motorizados logran acceder. Durante un safari, el coche de tres ruedas rodó junto a jirafas, avistó rinocerontes y posó para fotos a pocos metros de un elefante, en escenas que parecían sacadas de una película de comedia británica ambientada en la sabana.

La reacción de las personas a lo largo del trayecto fue otro aspecto que marcó a la pareja. Mecánicos, lugareños y viajeros que cruzaron el camino de Sheila alternaban entre asombro y admiración, muchas veces sin creer que ese vehículo plateado, con aspecto de juguete, había salido de Londres y sobrevivido a miles de kilómetros de carreteras africanas. La generosidad de desconocidos que ayudaron con piezas, alojamiento y orientación fue, según Jenks, tan impactante como los paisajes.

La llegada a Ciudad del Cabo y el destino final de Sheila

Más de 120 días después de la partida, el Reliant Robin llegó a Ciudad del Cabo con el motor sobrecalentado y las ruedas torcidas. Los últimos 1.600 kilómetros por el desierto de Namibia casi acabaron con Sheila de una vez por todas, y el vehículo que había sobrevivido a 22 países cruzó la línea de meta más como sobreviviente que como vencedor. El sudafricano Graeme Hurst, que acompañó el viaje, resumió el sentimiento general al decir que la historia es un símbolo de persistencia con un lado cómico imposible de ignorar.

En Sudáfrica, el coche de tres ruedas fue exhibido temporalmente en un showroom de vehículos de lujo, donde llamó más la atención que modelos de marcas como Porsche y Mercedes, incluso con la ventana rota, el parabrisas manchado y marcas de desgaste por toda la carrocería. Sheila será restaurada y continuará su viaje hasta Kenia, desde donde será enviada en barco a Turquía y luego de regreso al Reino Unido, donde debe ganar un lugar permanente en el London Transport Museum. Jenks resumió la experiencia con una frase que solo tiene sentido para quien ha conducido un Robin por 22 países: «Era como conducir un ataúd motorizado.»

¿Tendrías el valor de atravesar un continente entero en un coche de tres ruedas de los años 70, o la idea ya parece demasiado loca solo de leer? Cuéntanos en los comentarios cuál ha sido el viaje más loco que has hecho o sueñas con hacer, queremos saber si esta historia te inspiró o te asustó.

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Maria Heloisa Barbosa Borges

Falo sobre construção, mineração, minas brasileiras, petróleo e grandes projetos ferroviários e de engenharia civil. Diariamente escrevo sobre curiosidades do mercado brasileiro.

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