Plan estadounidense prevé reactores nucleares para sustentar misiones en la Luna, probar propulsión eléctrica nuclear y disputar espacio con proyectos de China y Rusia, aún dependientes de autorizaciones, proveedores y cronogramas técnicos.
Estados Unidos pretende desarrollar y probar, en los próximos años, reactores nucleares orientados al uso en el espacio y tener un sistema de fisión listo para su lanzamiento hacia la Luna hasta 2030.
La meta consta en un memorando de la Casa Blanca que orienta a la Nasa a crear un reactor espacial de potencia media, con una versión destinada a la superficie lunar y otra orientada a la demostración de propulsión eléctrica nuclear en misiones fuera de la Tierra.
La directriz integra la National Initiative for American Space Nuclear Power, firmada el 14 de abril de 2026 por Michael J. Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca.
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El documento relaciona el programa con la estrategia del gobierno de Donald Trump para ampliar la presencia estadounidense en el espacio y prevé reactores en órbita a partir de 2028, además de un reactor de superficie lunar hasta 2030.
Según el texto de la Casa Blanca, la energía nuclear deberá apoyar misiones de larga duración, con suministro estable para hábitats, vehículos, sistemas de comunicación y operaciones que no dependan solo de la luz solar.
En enero de 2026, la Nasa y el Departamento de Energía de EE. UU. ya habían anunciado un acuerdo para desarrollar un sistema de fisión destinado a la Luna y a futuras misiones a Marte.
Programa de reactores nucleares espaciales de la Nasa
La Nasa deberá trabajar con diferentes proveedores privados y conducir los proyectos al menos hasta la revisión preliminar de diseño y la etapa de pruebas en tierra.
Estos ensayos deben demostrar el rendimiento del hardware, aunque el memorando no determine, de forma obligatoria, una prueba terrestre del sistema completo.
La Casa Blanca también orienta que los proyectos para la Luna y para propulsión eléctrica nuclear compartan componentes siempre que esto sea técnicamente viable.
Entre los ítems citados están el reactor, el combustible nuclear y partes de la plataforma de hardware, siempre que el aprovechamiento común no eleve riesgos, costos o retrasos.
Otro punto previsto en la directriz es el uso de tecnologías maduras y ya demostradas.
Según el documento, esta elección busca reducir incertidumbres técnicas y facilitar el cumplimiento de los plazos establecidos para desarrollo, pruebas y lanzamiento.
Los reactores de potencia media deberán proporcionar al menos 20 kWe por, como mínimo, tres años en órbita y cinco años en la superficie lunar.
La Nasa también podrá seleccionar una alternativa menor, de 1 kWe, en caso de que esta opción reduzca costos y riesgos de cronograma.
Al menos uno de los proyectos elegidos deberá permitir una expansión a 100 kWe o más.
Este nivel de potencia es citado por la Casa Blanca como necesario para misiones con mayor demanda energética en la Luna, en Marte y en el espacio profundo.
La agencia tendrá que reducir la competencia a un máximo de dos proyectos en un plazo de un año, considerando la capacidad de cada propuesta para cumplir metas de costo, plazo y rendimiento.
El memorando también permite que la Nasa elija los mismos proveedores, o equipos diferentes, para las versiones de superficie lunar y de propulsión eléctrica nuclear.
Energía nuclear en la Luna y misiones de larga duración
La energía nuclear aparece en los planes estadounidenses como una forma de proporcionar electricidad continua en entornos donde la generación solar puede ser limitada.
Según la Nasa, los sistemas de fisión de superficie pueden operar en la Luna y en Marte independientemente de las condiciones ambientales, lo que ayuda a sustentar misiones robóticas y humanas por períodos más largos.
Antes de la nueva directriz de la Casa Blanca, la Nasa ya desarrollaba, en asociación con el Departamento de Energía y la industria, un sistema de clase 40 kW para operar en la Luna a principios de la década de 2030.
La agencia informó que este nivel de potencia podría apoyar hábitats, rovers, redes de reserva y experimentos científicos.
El memorando más reciente fija un piso de 20 kWe para los primeros reactores de potencia media y mantiene la exigencia de escalabilidad.
En la práctica, el programa prevé sistemas iniciales de menor tamaño, al mismo tiempo que prepara tecnologías que puedan satisfacer demandas superiores en la década de 2030.
Participación de organismos federales y proveedores privados
La estrategia implica disputas paralelas conducidas por la Nasa y el área de defensa de Estados Unidos, con el apoyo del Departamento de Energía.
La agencia espacial estará al frente de los sistemas orientados a la exploración civil, mientras que el sector de defensa deberá desarrollar un reactor espacial de potencia media para una misión propia hasta 2031, condicionado a la disponibilidad de recursos.
El Departamento de Energía recibió la tarea de evaluar, en 60 días, si la base industrial nuclear estadounidense puede producir hasta cuatro reactores espaciales en cinco años.
El análisis debe considerar el diseño, los componentes a largo plazo y la disponibilidad de combustible.
Cuando las fuentes comerciales no sean suficientes o no estén disponibles, el organismo también podrá suministrar uranio para los reactores.
Esta previsión consta en el memorándum y forma parte de las medidas para viabilizar el cronograma definido por el gobierno estadounidense.
La coordinación estará a cargo de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, responsable de elaborar una hoja de ruta para identificar obstáculos regulatorios, técnicos e industriales.
Entre los puntos mencionados se encuentran la seguridad nuclear, las evaluaciones ambientales, el transporte, el lanzamiento, las pruebas en tierra, los materiales, los sistemas de conversión de energía y la capacitación especializada.
China y Rusia en proyectos de energía nuclear lunar
El plan estadounidense avanza en un contexto en el que China y Rusia también desarrollan proyectos relacionados con la presencia humana y robótica en la Luna.
China trabaja para llevar astronautas al satélite hasta 2030 y pretende construir, con apoyo ruso, un modelo básico de la Estación Internacional de Investigación Lunar hasta 2035.
La futura estación lunar liderada por China podría incluir un reactor nuclear como fuente de energía en la superficie.
La información fue divulgada por autoridades espaciales chinas y acompaña los planes del país para una infraestructura permanente de investigación fuera de la Tierra.
Rusia también mantiene proyectos propios para energía nuclear lunar.
En marzo de 2026, la agencia estatal china Xinhua informó que la central nuclear planificada por Rosatom, el Instituto Kurchatov y Roscosmos tendría al menos 5 kW de potencia, una vida útil de hasta diez años y un montaje previsto entre 2033 y 2035.
En abril de 2026, la agencia rusa Tass informó que un prototipo de la estación Selena debe construirse en 2032.
El proyecto se cita dentro de los planes rusos para el uso de energía nuclear en instalaciones lunares y en tecnologías espaciales asociadas.
Los plazos divulgados por los países indican que el desarrollo de reactores para la Luna aún depende de etapas técnicas, industriales y regulatorias.
En el caso estadounidense, no hay confirmación pública sobre proveedores finales, presupuesto total detallado ni fecha exacta de lanzamiento del reactor lunar.
También siguen pendientes los procesos de autorización, seguridad e integración con el vehículo de lanzamiento y el módulo que llevará el sistema hasta la superficie.
Estos puntos son relevantes porque implican el transporte de material nuclear, la operación en un ambiente espacial y el funcionamiento continuo en condiciones extremas.
Según la Nasa, los sistemas de fisión pueden ser una de las bases para misiones prolongadas fuera de la Tierra, al ofrecer generación de energía estable en lugares donde los paneles solares enfrentan limitaciones.

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