Sedimentos extraídos del fondo del Mar del Norte revelan vestigios genéticos preservados en Doggerland y amplían la comprensión sobre bosques antiguos, cambios ambientales y ocupación humana en el noroeste de Europa.
Una investigación con ADN antiguo extraído de sedimentos del fondo del Mar del Norte identificó señales de bosque templado en Doggerland, una antigua franja de tierra que conectaba Gran Bretaña con el continente europeo.
Según la Universidad de Warwick, la región ya tenía árboles como roble, olmo y avellano hace más de 16 mil años, en un período anterior al indicado por parte de los registros basados en polen.
El estudio fue liderado por investigadores de la Universidad de Warwick, con participación de la Universidad de Bradford, en el Reino Unido, y publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences.
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La investigación analizó muestras extraídas del sur de Doggerland, un paisaje hoy sumergido bajo el Mar del Norte y asociado a antiguas rutas de animales, plantas y grupos humanos en el noroeste de Europa.
Los resultados amplían la comprensión sobre la ocupación vegetal de la región al final de la última Edad de Hielo.
De acuerdo con los autores, los datos genéticos apuntan a que Doggerland reunía condiciones ambientales capaces de sustentar especies de bosque templado antes del período tradicionalmente indicado por registros continentales.
El bosque de Doggerland apareció antes en los sedimentos
Doggerland ya era estudiada como un puente terrestre entre las actuales islas británicas y la Europa continental.
Con el nuevo análisis, el área pasa a ser descrita por los investigadores también como un posible refugio ecológico, donde especies vegetales habrían sobrevivido en condiciones locales más favorables mientras otras partes del norte europeo aún enfrentaban los efectos del clima glacial.
El equipo examinó 252 muestras de sedimentos obtenidas en 41 núcleos marinos a lo largo del antiguo Río del Sur, un sistema fluvial prehistórico preservado bajo el lecho marino.
La técnica utilizada fue el ADN sedimentario antiguo, conocido por la sigla sedaDNA, que permite reconocer fragmentos genéticos dejados por plantas y animales en capas de sedimento.
Este tipo de análisis no depende de la preservación de hojas, troncos o semillas enteras.
Fragmentos de material genético pueden permanecer asociados a los sedimentos por largos períodos, siempre que las condiciones de conservación sean adecuadas.
Para reducir el riesgo de interpretación equivocada, los científicos cruzaron los datos genéticos con información sedimentológica y separaron las señales consideradas seguras de aquellas que podrían haber sido desplazadas por agua, erosión o mezcla de capas.
En los depósitos clasificados como más confiables, el estudio identificó señales de Quercus, Ulmus y Corylus, géneros ligados a robles, olmos y avellanos.
Conforme a la Universidad de Warwick, la presencia de estos grupos hace más de 16 mil años indica que partes de Doggerland tenían ambientes arbolados antes de lo que sugerían interpretaciones anteriores para el noroeste europeo.
El ADN antiguo señaló un pariente de las nogueras
Entre los hallazgos destacados por los investigadores está la identificación de ADN atribuido al género Pterocarya, pariente de las nogueras.
La Universidad de Warwick informa que este grupo era considerado ausente del noroeste europeo desde el estadio Hoxniano, hace cerca de 400 mil años.
La información disponible no permite afirmar la identificación de una especie específica; el registro se refiere al género arbóreo detectado en los sedimentos.
La investigación también encontró señales de Tilia, género de los tilos, cerca de 2 mil años antes del registro conocido en áreas continentales de Gran Bretaña.
Por tratarse de un árbol asociado a condiciones más amenas, los autores relacionan esta presencia con la posibilidad de que Doggerland hubiera albergado áreas climáticas locales más favorables durante la transición del Pleistoceno al Holoceno.
Estos ambientes son tratados en el estudio como posibles microrrefugios.
En la interpretación de los investigadores, áreas de este tipo ayudan a explicar cómo determinados árboles habrían recolonizado el norte de Europa después del retroceso del hielo.
Si Doggerland ya mantenía vegetación templada antes de la expansión forestal registrada por polen en otras regiones, el territorio podría haber contribuido a la dispersión posterior de especies vegetales.
Doggerland era más que una conexión entre tierras
Antes de ser cubierta por el mar, Doggerland formaba un paisaje con llanuras, canales, ríos, humedales y elevaciones.
Modelos digitales producidos con datos sísmicos del Mar del Norte reconstruyeron casi 46.620 kilómetros cuadrados de este territorio sumergido, según material educativo de National Geographic.
La región también es relevante para estudios sobre la presencia humana en el Mesolítico.
Vestigios extraídos del fondo del mar por pescadores, dragados e investigaciones arqueológicas ya indicaban ocupación o circulación de cazadores-recolectores.
El nuevo estudio añade datos ambientales a esta lectura, al señalar la existencia de vegetación y hábitats capaces de sustentar animales y, potencialmente, poblaciones humanas.
Según la Universidad de Warwick, la presencia de ambientes arbolados en Doggerland hace 16 mil años puede ayudar a explicar lagunas en los vestigios mesolíticos más antiguos encontrados en tierra firme en Gran Bretaña.
Parte de estos registros podría estar preservada hoy bajo el Mar del Norte, en sedimentos que aún dependen de recolección y análisis especializado.
Avance del mar y tsunami de Storegga cambiaron Doggerland
La desaparición de Doggerland ocurrió de forma gradual, conforme el nivel del mar subió tras el fin de la última glaciación.
El derretimiento de glaciares redujo el área disponible, fragmentó llanuras bajas y transformó la antigua conexión continental en un conjunto de islas, márgenes costeros y tierras cada vez más expuestas a la inundación.
Uno de los eventos asociados a este proceso fue el tsunami de Storegga, provocado por un gran deslizamiento submarino en la costa de Noruega hace aproximadamente 8.150 años.
Investigaciones sobre Doggerland señalan que el episodio afectó áreas del noroeste europeo, pero estudios recientes indican que partes del paisaje pudieron haber permanecido sobre el agua por más tiempo, hasta hace aproximadamente 7 mil años.
Esta interpretación altera la idea de que el tsunami haya eliminado por sí solo todo el territorio remanente.
El panorama descrito por los investigadores implica una combinación de elevación gradual del mar, fragmentación del paisaje y eventos extremos de inundación.
Así, el fin de Doggerland es tratado como un proceso de larga duración, con impactos diferentes según la altitud y la posición de cada área.
Sedimentos del Mar del Norte registran cambios ambientales
La investigación refuerza el papel de los sedimentos marinos como archivo ambiental de larga duración.
En el caso de Doggerland, las capas preservadas en el fondo del Mar del Norte registraron señales de vegetación, cambios de hábitat y posibles supervivencias locales de plantas que no aparecían en los registros tradicionales de la región.
El uso de ADN antiguo también permite comparar diferentes fuentes de información.
Mientras el polen sigue siendo importante para las reconstrucciones ambientales, los investigadores afirman que el sedaDNA puede añadir datos más específicos sobre especies y géneros presentes en un paisaje.
En Doggerland, esta combinación llevó a una cronología diferente para la llegada o permanencia de árboles templados en el noroeste europeo.
La antigua tierra sumergida, por lo tanto, no es tratada solo como un área perdida entre Gran Bretaña y Europa continental.
Para los autores del estudio, reúne evidencias sobre adaptación ambiental, dispersión de especies y ocupación humana en un período de cambio acelerado del nivel del mar.

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