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El espacio puede arrancar el cerebro humano de la realidad de la Tierra: sin el ancla de la gravedad, los astronautas entran en un estado de conciencia extremo, ven el planeta flotando en el vacío y experimentan una sensación comparada a los psicodélicos.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 19/06/2026 a las 15:19
Actualizado el 19/06/2026 a las 15:21
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Estudio publicado en Frontiers in Psychology relaciona microgravedad, cerebro y relatos de astronautas sobre la Tierra vista desde el espacio, en un análisis que acerca neurociencia, conciencia y adaptación humana fuera del ambiente terrestre.

La microgravedad puede alterar más que el equilibrio físico de los astronautas, según un artículo de perspectiva publicado el 12 de junio de 2026 en la revista científica Frontiers in Psychology.

El texto propone que la ausencia de la gravedad terrestre interfiere en referencias usadas por el cerebro para organizar la percepción del cuerpo, del espacio y de la propia identidad.

Esta hipótesis puede ayudar a explicar parte de las experiencias relatadas por tripulantes al observar la Tierra vista desde el espacio.

El tema también fue abordado por la National Geographic, que trató la microgravedad como una posible ruptura de la “ancla” usada por la mente humana para interpretar el ambiente.

Este fenómeno es conocido como efecto de visión general, o overview effect, en inglés.

La expresión describe el cambio de percepción que muchos astronautas relatan al ver el planeta aislado contra la oscuridad del espacio.

En general, los testimonios mencionan sensación de conexión global, aumento de la conciencia ambiental y percepción de la fragilidad de la vida terrestre.

El término fue popularizado por el escritor Frank White en el libro “The Overview Effect: Space Exploration and Human Evolution”, publicado en 1987.

Desde entonces, relatos de este tipo pasaron a ser analizados sobre todo por la psicología, la filosofía y los estudios sobre experiencias transformadoras.

El nuevo análisis no elimina este componente emocional.

Lo que el artículo propone es una lectura complementaria, basada en la neurociencia.

Según la interpretación de los autores, parte de la experiencia puede estar ligada a una ruptura fisiológica causada por la pérdida de una señal constante.

A lo largo de la evolución, el cerebro humano se organizó bajo gravedad permanente y usa esta referencia para interpretar el ambiente.

Gravedad terrestre funciona como referencia del cerebro

En la Tierra, la gravedad funciona como un punto de referencia continuo para el sistema nervioso.

Incluso sin atención consciente, el cuerpo utiliza esta información para identificar dónde está el suelo, cuál es la posición de la cabeza, cómo se desplazan los objetos y de qué manera el organismo ocupa el espacio.

El artículo describe esta referencia como un “super-prior 1G”, expresión asociada a modelos predictivos del cerebro.

En lenguaje directo, se trata de una expectativa interna estable, construida a lo largo de la vida, que ayuda a mantener coherentes la percepción y la acción en un entorno donde la gravedad está siempre presente.

Esta información llega al cerebro principalmente por el sistema vestibular, ubicado en el oído interno.

Los canales semicirculares y los órganos otolíticos detectan aceleración, posición de la cabeza y orientación en relación al entorno.

Luego, estas señales se combinan con información visual, táctil y propioceptiva para formar una representación del cuerpo en el espacio.

En microgravedad, esta referencia deja de operar de la misma manera.

El cerebro sigue recibiendo datos de los ojos, los músculos y las articulaciones, pero la señal gravitacional pierde la función que ejerce en la superficie terrestre.

Este cambio requiere una fase de adaptación sensorial y motora.

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Microgravedad y desorientación en el espacio

La desorientación espacial y el mareo por movimiento son efectos registrados en misiones tripuladas desde los primeros vuelos espaciales.

Estos síntomas indican que el sistema nervioso necesita recalibrar previsiones en un entorno que no sigue las reglas físicas vividas por el cuerpo desde el nacimiento.

El análisis publicado en Frontiers in Psychology amplía esta interpretación.

Según los autores, la microgravedad no afecta solo la coordinación motora y el equilibrio.

También puede modificar límites perceptivos asociados a la ubicación del cuerpo, la continuidad de la experiencia y la distinción entre el individuo y el entorno.

Esta hipótesis ofrece una explicación posible para relatos de astronautas que describen expansión mental, desconexión, introspección intensa o cambio en la forma de percibir valores personales.

En lugar de tratar estas experiencias solo como lenguaje poético o religioso, el estudio propone que también pueden estar relacionadas con la reorganización del procesamiento cerebral en condiciones extremas.

El astronauta Edgar Mitchell, de la misión Apollo 14, se convirtió en uno de los nombres más asociados a este tipo de relato.

Al observar la Tierra desde la Luna, él describió una sensación de conciencia global y afirmó que, vista desde esa distancia, la política internacional parecía menor.

El artículo cita este ejemplo como parte del conjunto de testimonios relacionados con el vuelo espacial.

Artemis II entra como contexto de la discusión

La misión Artemis II, de la Nasa, aparece como contexto reciente en la discusión sobre la experiencia humana fuera de la órbita baja de la Tierra.

Según la Nasa, la tripulación fue formada por los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la agencia norteamericana, además de Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense.

La agencia informó, en comunicado sobre el lanzamiento, que la Artemis II fue planeada como una misión de aproximadamente diez días para probar sistemas de soporte vital, rendimiento de la nave Orion y operaciones tripuladas en espacio profundo.

El vuelo no tuvo como objetivo aterrizar en la Luna.

La propuesta de la misión fue realizar una trayectoria de sobrevuelo lunar y reunir datos para etapas posteriores del programa Artemis, dirigidas al retorno de astronautas a la superficie lunar.

Video de YouTube

En nota publicada el 10 de abril de 2026, la Nasa informó que la tripulación regresó a la Tierra tras el amerizaje en el Océano Pacífico, con apoyo de equipos de la agencia y de militares de los Estados Unidos.

La corrección de este tramo es importante porque datos como fecha de lanzamiento, duración exacta, lugar de aterrizaje y distancia máxima recorrida dependen de fuente específica y verificable.

Por eso, el artículo pasa a tratar la Artemis II solo como contexto confirmado por la Nasa, sin transformar detalles operacionales en eje central del reportaje.

Durante la misión, Christina Koch comentó la diferencia entre ver la Tierra desde la órbita baja y observarla desde una trayectoria lunar, según relato publicado por la prensa especializada.

La astronauta asoció la visión del planeta a la percepción de que la Tierra se destaca en medio de la oscuridad del espacio.

La declaración se aproxima al núcleo del overview effect: la percepción de que la humanidad depende del mismo planeta y comparte una condición común.

Aun así, el relato de astronautas describe una vivencia subjetiva.

Ya el artículo científico presenta un modelo para interpretar parte de esa vivencia con base en mecanismos neurocognitivos.

El estudio no afirma que todos los viajeros espaciales tendrán la misma experiencia ni que el efecto sea inevitable.

Cambios cerebrales después de vuelos espaciales

Investigaciones sobre vuelos espaciales ya han documentado alteraciones en el cerebro y en el comportamiento tras períodos en microgravedad.

Revisiones científicas señalan dos procesos que pueden ocurrir de forma simultánea.

Uno de ellos involucra disfunciones ligadas a la adaptación al entorno espacial.

El otro está relacionado con la plasticidad, que es la capacidad del cerebro de reorganizar funciones ante nuevas condiciones.

Entre las alteraciones descritas en la literatura científica están la redistribución de fluidos corporales hacia la cabeza, cambios estructurales en áreas cerebrales, dilatación de los ventrículos y reorganización de redes ligadas al control motor.

Video de YouTube

La intensidad de estos efectos varía según la duración de la misión, las características individuales de los tripulantes y los protocolos utilizados en cada investigación.

En el campo funcional, estudios con electroencefalograma también investigan cambios en los ritmos cerebrales durante o después de la exposición a la microgravedad.

El artículo de perspectiva utiliza este conjunto de evidencias para sostener que la gravedad terrestre participa en procesos más amplios que el mantenimiento de la postura y el equilibrio.

Aun así, los propios límites del estudio exigen cautela.

El texto publicado en Frontiers in Psychology es un artículo de perspectiva, y no un experimento diseñado para comprobar, por sí solo, una relación de causa y efecto entre microgravedad y estados transformadores de conciencia.

Su principal contribución es reunir estudios anteriores y proponer un modelo explicativo para orientar nuevas investigaciones.

Comparación con psicodélicos y conciencia humana

Uno de los puntos discutidos por el artículo es la comparación entre microgravedad y estados provocados por sustancias psicodélicas, como LSD y psilocibina.

La semejanza propuesta no está en el origen biológico inmediato del fenómeno.

Aparece en un posible patrón de funcionamiento cerebral: la reducción temporal de la fuerza de predicciones rígidas usadas por el cerebro para organizar la experiencia.

Según los autores, tanto la microgravedad como los psicodélicos pueden aflojar jerarquías internas de procesamiento y ampliar la integración entre redes cerebrales.

En el caso del espacio, sin embargo, la perturbación no es farmacológica.

Ocurre por la retirada o alteración de una señal física constante que acompaña la vida humana desde el nacimiento.

Esta comparación no significa que viajar al espacio sea equivalente al uso de psicodélicos.

Los mecanismos inmediatos son diferentes, y la experiencia espacial involucra factores físicos, emocionales, operacionales y ambientales propios.

La analogía sirve, según el artículo, para discutir cómo cambios en las previsiones del cerebro pueden influir en la forma en que la conciencia organiza el cuerpo y el mundo.

Los autores también mencionan la posibilidad de estudiar simulaciones de variaciones gravitacionales, incluso en realidad virtual, como herramienta de investigación.

La propuesta es investigar si ambientes controlados podrían ayudar a comprender estados de conciencia y, en el futuro, orientar intervenciones terapéuticas en cuadros marcados por patrones mentales rígidos, como la depresión.

La expansión del turismo espacial comercial hace que este debate sea más relevante para la medicina espacial.

Si personas sin la formación extensa de astronautas profesionales comienzan a vivir experiencias de microgravedad y a observar la Tierra desde el espacio, los equipos médicos y psicológicos necesitarán comprender mejor los efectos físicos y subjetivos de este ambiente.

El tema, por lo tanto, involucra más que el impacto del espacio sobre el cuerpo.

La cuestión planteada por el artículo es cómo la ausencia de una referencia física constante puede modificar percepción, identidad y pertenencia.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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