Una operación de conservación en Galápagos reunió tecnología, manejo de fauna y restauración ambiental para enfrentar un problema creado por especies invasoras y proteger tortugas gigantes en áreas sensibles del archipiélago.
La conservación de las tortugas gigantes de Galápagos llevó a investigadores y equipos del Parque Nacional de Galápagos a adoptar una operación a gran escala contra cabras ferales, animales introducidos en el archipiélago y asociados a la degradación de la vegetación nativa.
La acción, conocida como Proyecto Isabela, utilizó helicópteros, tiradores entrenados, mapas, telemetría y cabras rastreadoras para localizar rebaños remanentes en áreas de difícil acceso.
El proyecto fue iniciado en 1997 y concluido en 2006, según la Galápagos Conservancy.
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La meta era eliminar grandes mamíferos introducidos del norte de la isla Isabela, de Santiago y de Pinta, regiones afectadas por cabras, cerdos y burros llevados al archipiélago a lo largo de la ocupación humana.
La medida no tenía como foco solo retirar un animal del ambiente.
El objetivo era reducir la presión sobre plantas nativas, recuperar áreas usadas por tortugas gigantes y evitar que la degradación avanzara en ecosistemas insulares, considerados más vulnerables a la presencia de especies de fuera.
Cómo las cabras amenazaron a las tortugas gigantes de Galápagos
Las cabras no forman parte de la fauna nativa de Galápagos.
En islas donde muchas plantas evolucionaron sin herbívoros de gran porte, la presencia de estos animales provocó un consumo intenso de vegetación, apertura de áreas antes cubiertas por plantas y pérdida de estructuras naturales importantes para otras especies.
En el volcán Alcedo, en el norte de la isla Isabela, el impacto se convirtió en uno de los principales puntos de atención del proyecto.
La Galápagos Conservancy informa que, a principios de la década de 1990, las cabras ya habían dañado bosques que ayudaban a retener humedad y proporcionaban sombra en áreas usadas por tortugas gigantes.
La vegetación de estas regiones tiene un papel importante durante la estación de la garúa, período en que la niebla contribuye a mantener humedad en medio del suelo volcánico.
Con la reducción de la cobertura vegetal, las tortugas comenzaron a encontrar menos sombra, menos alimento y menos disponibilidad de agua en áreas de circulación.
El efecto también se extendía por otras partes del ecosistema.
Cuando las plantas nativas dejan de regenerarse, el suelo queda más expuesto, las especies asociadas a la vegetación pierden hábitat y la recuperación natural se vuelve más lenta.
Por eso, la eliminación de los animales invasores pasó a formar parte de una estrategia más amplia de restauración ambiental.

Proyecto Isabela eliminó cabras invasoras de áreas protegidas
El Proyecto Isabela fue estructurado por la Dirección del Parque Nacional de Galápagos y la Fundación Charles Darwin tras un taller internacional realizado en 1997.
La iniciativa se centró principalmente en el norte de la isla Isabela, con cerca de 250 mil hectáreas, además de Santiago y Pinta.
Un estudio publicado en 2011 en la revista científica PLOS ONE describe la operación como el mayor esfuerzo de restauración insular registrado hasta entonces.
Según el artículo, más de 140 mil cabras fueron eliminadas de un área superior a 500 mil hectáreas, con un costo estimado de US$ 10,5 millones.
La escala del trabajo requirió métodos diferentes según la fase de la operación.
En áreas más accesibles, equipos en tierra actuaron directamente en el control de los animales.
En terrenos volcánicos, extensos y con poca posibilidad de desplazamiento a pie, los helicópteros comenzaron a ser utilizados para ampliar la cobertura de las búsquedas.
La estrategia también incluyó entrenamiento de guardaparques, uso de mapas y monitoreo por telemetría.
Estos recursos permitieron seguir la distribución de los animales y reducir la posibilidad de que grupos sobrevivientes recolonizaran áreas donde la erradicación ya había sido completada.
Helicópteros ampliaron el alcance de la operación en Galápagos
La actuación aérea aumentó la capacidad de eliminación en áreas aisladas de la isla Isabela.
Según el estudio de PLOS ONE, entre abril de 2004 y mayo de 2005, equipos que operaban con helicópteros eliminaron 55.657 cabras en el norte de Isabela.
En el mismo período, los equipos terrestres eliminaron 2.637 animales.
La diferencia entre los números indica por qué el uso de aeronaves fue incorporado al proyecto.
En terrenos extensos, con lava, cráteres y vegetación irregular, el desplazamiento por tierra limitaba la velocidad de las búsquedas.
Desde el aire, los equipos podían alcanzar áreas que llevarían mucho más tiempo cubrir a pie.
Esta etapa redujo rápidamente los rebaños más grandes.
Sin embargo, la fase final requirió otro tipo de enfoque, porque los últimos animales tendían a dispersarse y a evitar áreas de mayor movimiento.
En programas de erradicación, esta etapa suele concentrar parte relevante del costo y del esfuerzo de monitoreo.
Cabras de Judas ayudaron a localizar rebaños escondidos
Para localizar los animales restantes, el proyecto utilizó las llamadas cabras de Judas.
Fueron esterilizadas, recibieron collares de radio y fueron liberadas en el ambiente.
Como las cabras son animales sociales, buscaban otros individuos y terminaban llevando a los equipos hasta rebaños escondidos.
La Galápagos Conservancy informa que cerca de 770 cabras de Judas fueron utilizadas en Isabela.
En Santiago, fueron más de 200 animales con la misma función.
Después de la fase principal, parte de ellas permaneció como herramienta de monitoreo para indicar eventual presencia de cabras sobrevivientes o reintroducidas.
El método utilizó el comportamiento social de la propia especie invasora como instrumento de búsqueda.
En lugar de depender solo de patrullaje visual, los equipos comenzaron a seguir señales emitidas por los collares, lo que aumentó la precisión en la localización de los últimos grupos.
Algunas hembras también recibieron tratamiento hormonal para prolongar el período de búsqueda de otros animales, de acuerdo con registros sobre el proyecto.
Esta adaptación se conoció en estudios e informes técnicos como estrategia “Mata Hari”, utilizada para ampliar la eficiencia de las cabras rastreadoras en la fase final de erradicación.
Vegetación nativa volvió a ganar espacio tras la erradicación
Tras la retirada de las cabras, áreas antes presionadas por el pastoreo comenzaron a registrar recuperación de plantas nativas.
La Galápagos Conservancy señala que la remoción de cabras y otros mamíferos introducidos en islas del archipiélago fue una etapa importante para la restauración de hábitats utilizados por tortugas gigantes.
En Pinta, por ejemplo, la retirada de cabras fue seguida por la recuperación de vegetación nativa, según la organización.
La isla también pasó a formar parte de iniciativas orientadas a la restauración ecológica, con reintroducción de tortugas híbridas esterilizadas para actuar en la recuperación del ambiente.
Las tortugas gigantes tienen una función ecológica relevante en las islas.
Al desplazarse, alimentarse y dispersar semillas, ayudan a moldear la vegetación y a mantener procesos naturales.
Por este motivo, los programas de conservación en Galápagos combinan control de invasores, recuperación de hábitat, reproducción asistida y liberación de animales en áreas seleccionadas.
La conservación en islas exige control de especies invasoras
Galápagos pertenece a Ecuador y reúne especies que evolucionaron en aislamiento.
Esta característica aumenta la sensibilidad del archipiélago a la introducción de animales y plantas de fuera.
Cuando las especies invasoras se establecen, pueden competir por alimento, depredar huevos y crías o modificar hábitats enteros.
El caso de las cabras muestra cómo la conservación de tortugas gigantes depende de medidas que van más allá de la protección directa de los animales.
La restauración involucra manejo de vegetación, control continuo de invasores, prevención de nuevas introducciones y monitoreo a largo plazo.
Según la Galápagos Conservancy, el objetivo de los programas actuales es recuperar poblaciones de tortugas gigantes y restaurar funciones ecológicas perdidas en diferentes islas.
Este trabajo incluye cría en cautiverio, estudios genéticos, liberación de juveniles y seguimiento de las áreas restauradas.
La presencia de tiradores, helicópteros y cabras rastreadoras en el mismo plan de conservación revela la complejidad técnica de proyectos dirigidos a ecosistemas insulares.
En Galápagos, la retirada de especies introducidas se utilizó como herramienta para recomponer ambientes afectados por actividades humanas y ampliar las condiciones de supervivencia de las tortugas gigantes.

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