Jaborandi, fuente de la pilocarpina, gana banco vivo en la Floresta Nacional de Carajás tras científicos identificar un desafío raro de conservación.
Una planta amazónica esencial para la medicina moderna entró en el centro de un proyecto de conservación en la Floresta Nacional de Carajás, en Pará.
El jaborandi, conocido científicamente como Pilocarpus microphyllus, es la única fuente natural conocida de la pilocarpina, sustancia usada en el tratamiento de glaucoma, síndrome de Sjögren y xerostomía.
La especie aparece como vulnerable en la Lista Roja de la Flora Brasileña, presionada por décadas de manejo inadecuado, recolección intensa y pérdida de hábitat.
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La situación preocupa a los investigadores porque aún no existe una alternativa sintética consolidada para sustituir la pilocarpina extraída de la planta.
Investigación científica revela desafío raro de conservación
El proyecto fue desarrollado por investigadores del Instituto Tecnológico Vale Desarrollo Sostenible, el ITV, dentro de la FLONA Carajás.
Según estudio publicado en la revista científica PLOS One, el equipo creó una colección inter situ, es decir, un banco de germoplasma formado por plantas vivas.
Diferente de los bancos tradicionales, este modelo mantiene ejemplares en condiciones seminaturales, dentro de áreas de restauración ecológica de la propia selva.
Según el investigador Cecilio Caldeira Frois, autor correspondiente del estudio, las semillas del jaborandi pierden viabilidad rápidamente.
Esta característica impide que la planta sea conservada con eficiencia en bancos convencionales de semillas.
Entre 2020 y 2023, plántulas fueron llevadas a áreas en recuperación
Investigadores recolectaron semillas de cuatro poblaciones genéticamente distintas dentro de la FLONA Carajás entre 2020 y 2023.
Las plántulas fueron producidas en vivero y trasplantadas a antiguas áreas de minería en diferentes etapas de recuperación.
Cada planta recibió seguimiento individual desde su origen materno hasta el campo.
Este control permitió identificar cuellos de botella en la propagación y ajustar las estrategias de recolección en cada nueva campaña.
Hasta 2023, tres de las cuatro poblaciones presentaron resultados significativos.
Cada una de ellas superó 500 plantas establecidas y mantuvo una representación genética adecuada de las poblaciones silvestres.
La cuarta población aún enfrenta dificultades y sigue siendo una prioridad para las próximas campañas.
Cooperativa local fortalece el uso sostenible de la planta
El proyecto también cuenta con la participación de la CoEx-Carajás, cooperativa formada por familias que manejan el jaborandi desde hace generaciones.
Los cooperados participan en la planificación desde el inicio y no actúan solo como recolectores de semillas.
Esta integración ayuda a unir ciencia, conocimiento tradicional y uso sostenible del jaborandi.
Según Cecilio Caldeira Frois, los cooperados son fundamentales para identificar necesidades reales y evaluar la viabilidad de las propuestas.
Banco vivo también ayuda a áreas restauradas
La colección viva ayuda a enriquecer el sotobosque de las áreas en restauración ecológica.
El banco también genera material biológico para nuevas investigaciones y para el mejoramiento del manejo en las regiones de recolección tradicional.
Los investigadores señalan que la experiencia en Carajás puede servir como referencia para otras especies tropicales.
Este modelo interesa especialmente a plantas cuyas semillas tampoco soportan almacenamiento convencional por mucho tiempo.
El artículo publicado en la PLOS One detalla procedimientos, dificultades y soluciones encontradas durante el proceso.
De esta forma, el banco vivo del jaborandi deja de ser solo una acción local y se convierte en un modelo científico de conservación.
Ahora, el desafío es ampliar los resultados y garantizar que la planta continúe disponible para el bosque, para la ciencia y para la medicina.
Al fin y al cabo, ¿cuántas especies esenciales aún pueden desaparecer antes de que la sociedad entienda su verdadero valor?

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