El Tren del Fin del Mundo está en Ushuaia, en Argentina, y mezcla historia de presidio con paisajes deslumbrantes de la Patagonia.
En Ushuaia, la ciudad más al sur del planeta, una locomotora a vapor recorre siete kilómetros entre estaciones de madera, bosques de lengas y ríos de agua cristalina — llevando turistas por el mismo trayecto que, a principios del siglo XX, era realizado por prisioneros enviados al presidio más remoto de Argentina. Llamado oficialmente Ferrocarril Austral Fueguino y conocido mundialmente como Tren del Fin del Mundo, el paseo es uno de los más buscados de la Patagonia y sirve también como puerta de entrada al Parque Nacional Tierra del Fuego.
De rieles de madera y bueyes a locomotoras restauradas: el origen del ferrocarril
La historia de este ferrocarril comienza en 1902, cuando las obras de la penitenciaría de Ushuaia estaban en marcha bajo la supervisión del ingeniero Catello Muratgia. Para mover materiales por la región, se creó una vía férrea rudimentaria: los rieles eran de madera y los vagones avanzaban empujados por animales — bueyes y caballos — o por los propios detenidos.
En 1910, esta estructura precaria dio lugar a un sistema metálico más robusto, el modelo Decauville — un ferrocarril de vía estrecha que se convirtió en el principal enlace entre la prisión y los alrededores. Con dos locomotoras, los detenidos eran transportados diariamente para buscar madera, piedra y otros materiales usados en las construcciones de la ciudad, incluyendo puentes y edificios públicos.
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El recorrido original salía del centro de la ciudad, donde estaba la penitenciaría, y llegaba hasta las laderas del Monte Susana. Era una forma de mantener a los prisioneros ocupados — y, al mismo tiempo, construir una ciudad entera a costa de trabajo forzado.

Cierre, terremoto y décadas de abandono
En 1947, durante el gobierno de Juan Domingo Perón, la penitenciaría fue cerrada por razones humanitarias, bajo la gestión de Roberto Pettinato Sr., entonces Director Nacional de Instituciones Penales. Aun así, el ferrocarril continuó operando por algún tiempo, abasteciendo aserraderos locales que dependían del transporte de madera.
Dos años después, en 1949, un fuerte terremoto sacudió Ushuaia y provocó un deslizamiento de tierra que destruyó tramos de las vías. El ferrocarril fue abandonado y así permaneció por casi medio siglo, hasta que, en los años 1990, el interés por rescatar esa historia comenzó a ganar fuerza.
El renacimiento del Tren del Fin del Mundo como atracción turística
La reconstrucción del ferrocarril fue viabilizada por la empresa Tranex Turismo SA, que apostó en el potencial histórico y paisajístico de la ruta. El 11 de octubre de 1994, el llamado Tren del Fin del Mundo volvió a circular, esta vez, para turistas. Se construyeron réplicas de las antiguas locomotoras a vapor y los vagones fueron equipados con calefacción y un sistema de audio en siete idiomas, incluido el portugués.
Según la Guía Mejores Destinos, en 2024 había cinco locomotoras de vapor realizando el trayecto, con tres horarios de salida por día. Los pasajeros pueden elegir entre dos tipos de servicio: la clase turística y la primera clase, que cuenta con atención a bordo.

¿Cómo es la experiencia a bordo del Tren del Fin del Mundo?
Según la Guía Mejores Destinos, el viaje comienza aún en tierra, antes del embarque. La Estación del Fin del Mundo, construida en madera y ubicada a unos 8 a 10 km del centro de Ushuaia, funciona como un pequeño museo al aire libre: sus espacios están decorados con objetos históricos relacionados con el ferrocarril y el cotidiano de los prisioneros. Es posible, incluso, ver por la ventana el taller donde las piezas del tren pasan por mantenimiento.
Al embarcar, cada pasajero recibe un auricular para seguir narraciones sobre el paisaje y la historia de la región. El tren avanza a velocidad lenta, lo que favorece la contemplación, mientras las ventanas enmarcan el Río Pipo y un bosque de lengas, especie arbórea característica de la Patagonia argentina.
En medio del recorrido, se realiza una parada en la Estación La Macarena (o Macarena), considerada el mejor punto para fotografías con la locomotora. Los visitantes tienen unos minutos para cruzar las vías y subir una escalera corta que lleva hasta una pequeña cascada que da nombre a la estación — el descenso es rápido y accesible para la mayoría de los visitantes.
Al final, el tren ingresa al Parque Nacional Tierra del Fuego. En este punto, el visitante decide: descender y explorar el parque a pie o por otros medios, o regresar a la estación inicial de donde partió — lo que duplica el tiempo total del viaje, ya que solo el trayecto de ida dura aproximadamente una hora.
Información práctica para planificar la visita
Antes de embarcar, algunos detalles prácticos marcan la diferencia en la planificación:
- Entradas: en marzo de 2024, el paseo costó aproximadamente R$ 170 para turistas brasileños — los precios en Argentina varían con frecuencia
- Entrada al parque: incluso quienes opten por no bajar en el Parque Nacional Tierra del Fuego deben adquirir el boleto de entrada, que se vende en la misma taquilla de la estación
- Horarios: hay tres salidas diarias desde la Estación del Fin del Mundo
- Duración: alrededor de una hora para el tramo de ida, con la posibilidad de regresar en tren o permanecer en el parque
- Idiomas disponibles: las narraciones de audio están disponibles en siete idiomas, entre ellos el portugués
- Indicado para familias: el paseo es accesible para todas las edades y no requiere preparación física
Quienes deseen profundizar el conocimiento sobre la historia de la penitenciaría de Ushuaia pueden complementar el paseo con una visita al Museo Marítimo y Presidio del Fin del Mundo, también en la ciudad.
Hoy, el tren también incorpora un «toque de humor» en la experiencia: actores vestidos con uniformes a rayas — referencia a los trajes de los antiguos prisioneros — posan para fotos con los visitantes a lo largo del recorrido, con las imágenes siendo ofrecidas impresas al final del paseo.
Con información del Portal 6, El Tren Del Fin Del Mundo, Guía Mejores Destinos

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