De Berlín a Tallin, Mark Smith recorre 1,8 mil kilómetros en ocho trenes y cuatro días, en un viaje que combina nostalgia, sostenibilidad y desafíos logísticos en medio del renacimiento del transporte ferroviario europeo
Es mañana en la plataforma 12 de la estación central de Berlín. El sonido metálico de los frenos anuncia la llegada de otro tren, y los pasajeros se mueven entre voces y maletas, en un vaivén casi coreografiado. Entre ellos, está Mark Smith, listo para embarcar rumbo a Varsovia, en Polonia — la primera de muchas paradas en un viaje de cuatro días hasta Tallin, en Estonia.
El trayecto de 1,8 mil kilómetros exigirá ocho trenes y costará alrededor de US$ 500 (R$ 2,7 mil). Un vuelo haría el mismo recorrido en menos de tres horas, por solo US$ 25 (R$ 135). Aun así, Smith prefiere el tren.
“Cuando viajo, siento una expectativa y una sensación de posibilidad”, dice él. “Si no fuera por la situación en Rusia, podría ir en tren hasta Hong Kong o Singapur.”
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La Pasión por los Trenes y Conexiones Humanas
Smith se enamoró de los trenes a los 17 años, en viajes escolares por Francia y Rusia. “Fue el paisaje, la gente, el ritmo del viaje. Cosas que el avión no ofrece.”
Durante la universidad, trabajó en una agencia vendiendo billetes ferroviarios. “Hacía lo que me gustaba. Conocía todas las conexiones porque ya había hecho todos los viajes”, recuerda.
En 2001, decidió crear el sitio seat61.com — nombre inspirado en su asiento favorito en el Eurostar, que conecta Londres con el continente europeo. Lo que comenzó como un pasatiempo se transformó en su profesión.
Hoy, el sitio es una enciclopedia global de los viajes en tren, reuniendo rutas, tarifas y consejos en más de cien países. Según Smith, la página recibe hasta 1 millón de visitas mensuales.
“Al principio, era común que las personas me buscaran porque tenían miedo de volar. Ahora, muchos buscan experiencias más agradables y sostenibles, además de reducir sus emisiones de carbono”, explica.
La Ventaja Ambiental de los Trenes
El transporte ferroviario es ampliamente reconocido como uno de los más limpios. Los viajes aéreos representan alrededor del 2,5% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO²) causadas por el hombre.
Los coches particulares generan casi el 10%, mientras que los trenes contribuyen con solo el 0,26%.
Un vuelo directo de Londres a Tallin emite aproximadamente 380 kilos de CO² por pasajero. En tren, esa huella cae a algo entre 110 y 140 kilos.
La tendencia es reducir aún más a medida que los trenes diésel sean reemplazados por modelos eléctricos impulsados por energía renovable.
Además de la cuestión ambiental, el tren ofrece una experiencia más tranquila, con menos filas, retrasos y exigencias de seguridad. Aun así, la logística sigue siendo un obstáculo.
Obstáculos y Frustraciones en el Camino
Para llegar a Tallin, Smith necesitó lidiar con seis compañías ferroviarias diferentes — cada una con sistemas propios de reservas, idiomas y monedas. “La fragmentación es el mayor problema”, afirma.
Los riesgos de retrasos, cambios de conexión y fallas de comunicación aún alejan a muchos pasajeros. Pete Dyson, científico del comportamiento de la Universidad de Bath, cree que el sector necesita repensar la forma en que trata a los viajeros.
“Durante mucho tiempo, las personas fueron tratadas como carga. El objetivo era solo llevarlas del punto A al punto B, como paquetes siendo entregados”, dice.
Además, las paradas inesperadas en tramos remotos generan incomodidad en parte de los pasajeros. El miedo a lo imprevisto es un desafío que el sector necesita enfrentar.
El Costo de la Modernización
Europa tiene más de 200 mil kilómetros de vías, pero parte de esta red ha envejecido. Modernizar cuesta caro.
En 2018, la construcción de una línea de alta velocidad costaba alrededor de 25 millones de euros por kilómetro — el doble del valor de una carretera.
El cableado eléctrico y los sistemas de señalización también aumentan los costos de mantenimiento.
Mientras tanto, el transporte aéreo mantiene ventajas competitivas: menos infraestructura física y beneficios fiscales, como exenciones sobre combustibles e impuestos.
“No se trata de hacer que el transporte aéreo sea menos atractivo, argumenta Smith. Es detener el hacer que sea deliberadamente más barato de lo que debería ser.”
En algunos países, los billetes de tren aún están gravados, mientras que los pasajes aéreos no. Esta disparidad, según él, crea un desequilibrio que perjudica el crecimiento ferroviario.
El Futuro sobre Rieles
A pesar de las barreras, el transporte ferroviario está en expansión. El número de pasajeros crece en Europa y en otras regiones del mundo.
En 2024, más de 1 mil millones de personas viajaron en trenes de larga distancia o interregionales — un hito inédito.
El retorno del interés por los trenes no es solo una cuestión de nostalgia, sino también de conciencia ambiental y deseo de experiencias más humanas. Para viajeros como Mark Smith, el valor está tanto en el destino como en el viaje.
Él cree que el tren ofrece algo que ningún otro medio de transporte puede: la sensación de formar parte del camino, y no solo de pasarlo por encima.
Con información de Nossa.uol.

O retorno das ferrovias com passageiros no Brasil, uma necessidade. Atualmente temos aí rodovias lentas, congestionadas poluídas e o enfrentamento de perigosos caminhões. As ferrovias sao mais limpas, velozes e muito mais seguras.
Se eu tivesse condições financeiras faria o mesmo, além do medo de voar, amo trens. Parabéns!
Que maravilha. Sorte a sua amigo. Quem me dera poder fazer isso. Amo os trens…adoro andar de trem e por aqui é bem dificil