Un Passat 1987 y un Taunus 1981 son convertidos artesanalmente para flotar, adquieren velas improvisadas y un espacio mínimo para refugio, y llevan a dos hombres a un viaje de 119 días que terminó en Martinica y sorprendió al mundo
No llegaron en barco. Ni en avión. Llegaron en algo que parecía imposible: dos coches transformados artesanalmente en embarcaciones, hechos en el patio con espuma, metal y mucho valor.
La historia ocurrió en 1999 y tiene como protagonistas a Marco Amoretti, sus hermanos Fabio y Mauro, y el amigo Marcolino De Candia. Sin ser ingenieros navales o exploradores profesionales, decidieron realizar el sueño que su padre no pudo terminar: probar que era posible cruzar el océano dentro de un coche flotante.
Un sueño heredado — y una promesa por cumplir
El padre de ellos, Giorgio Amoretti, fotógrafo y aventurero, había intentado años antes cruzar el Atlántico en un Volkswagen Beetle adaptado, llamado “Automare”. Pero, impedido por las autoridades y enfrentando un cáncer terminal, se dio cuenta de que no podría completar la idea.
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Fue entonces cuando los hijos tomaron una decisión radical: hacer la travesía por él.

¿Cómo se convirtieron dos coches en “barcos” en medio del océano?
La preparación fue totalmente artesanal. Usaron dos vehículos — un Volkswagen Passat 1987 y un Ford Taunus 1981 — modificados y rellenos con poliuretano y espuma, para adquirir flotabilidad. Los coches fueron sellados y adaptados con pequeños motores, velas improvisadas y un espacio mínimo para refugiarse.
Para aumentar la seguridad, colocaron balsas inflables en el techo y ataron los dos vehículos con cuerdas, intentando evitar que se separaran en mar abierto.
El Atlántico mostró su lado más duro
Pocos días después del inicio, el plan casi se derrumbó. Fabio y Mauro no resistieron el cansancio extremo y el mareo intenso, y desistieron de la travesía. A partir de ahí, solo Marco y Marcolino continuaron, prácticamente solos en una inmensidad sin fin.
Las semanas siguientes fueron de tensión: dependían del viento y de las corrientes, lidiaban con filtraciones, hacían reparaciones constantes y enfrentaban tormentas. En un momento determinado, perdieron contacto con la tierra cuando el teléfono vía satélite dejó de funcionar. Para sobrevivir, improvisaron — incluso pescando para asegurar alimento.
Mientras tanto, Giorgio murió el 28 de mayo. La familia optó por no contar la noticia en ese momento, con miedo de destruir la determinación de los dos en medio del océano.

119 días en el mar y casi 4.700 km hasta el Caribe
El día 31 de agosto de 1999, después de 119 días y cerca de 4.700 kilómetros, Marco y Marcolino finalmente alcanzaron la isla de Martinica, en el Caribe.
Con esto, entraron en la historia como las primeras personas en cruzar el Atlántico a bordo de coches flotantes — una travesía impulsada por la improvisación, la resistencia y, sobre todo, por la promesa de cumplir el último deseo de un padre.

Faltou dizer de onde eles partiram.
Interessante.