El gobierno de Lula intensifica el debate sobre el fin de la escala 6×1 y la reducción de la jornada laboral, mientras las empresas y el Congreso se preparan para un posible nuevo modelo en las relaciones laborales en Brasil.
El ministro de Trabajo y Empleo, Luiz Marinho, afirmó que el gobierno de Lula pretende acelerar el debate para acabar con la tradicional escala 6×1 — régimen en el que el trabajador actúa seis días consecutivos y descansa solo uno.
En una entrevista a la Folha de S.Paulo, publicada el 8 de noviembre de 2025, el ministro declaró que “las empresas deben prepararse, porque se acercará el fin de la 6×1”.
Según Marinho, el tema ganó fuerza en el Congreso tras la reciente aprobación de la exención del Impuesto sobre la Renta para quienes ganan hasta R$ 5 mil, medida considerada por él un ejemplo de victoria popular que puede impulsar otras agendas laborales.
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“El Parlamento solo se sensibiliza cuando hay presión social, como ocurrió con la exención del IR. Necesitamos repetir esa movilización en torno a la jornada laboral”, afirmó.
El Gobierno Quiere Transición a Nueva Jornada
Según el ministro, la propuesta del gobierno es reducir la jornada semanal a 40 horas, respetando las particularidades de sectores que funcionan de forma continua, como salud y transporte.
“Es plenamente posible salir de la 6×1 con negociación colectiva. No se trata de imponer algo de arriba hacia abajo, sino de construir una transición responsable”, explicó a la Folha.
Marinho también envió un mensaje directo a los empresarios: “Vayan estudiando el tema, vayan preparándose, porque se avecina el fin de la 6×1 y necesitamos acelerar este proceso.”
Afirmó que el Congreso ha demostrado “creciente sensibilización” sobre el tema, pero destacó que la presión popular seguirá siendo esencial para que el proyecto avance.
Críticas a la Pejotización y al STF
Durante la entrevista, el ministro criticó el avance de la pejotización, proceso en el que los trabajadores son despedidos y recontratados como personas jurídicas (PJs), perdiendo derechos garantizados por la CLT.
Marinho clasificó la práctica como “fraude” y dirigió críticas al ministro Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal (STF), por haber suspendido acciones sobre el tema hasta una decisión definitiva de la Corte.
“Fue una decisión equivocada. Ya le dije esto personalmente. Esta paralización de las acciones es peligrosa e incentiva la fraude. El patrón despide hoy y mañana recontrata al mismo trabajador como PJ. Eso es crueldad”, afirmó.
Para el ministro, la pejotización a gran escala amenaza el desarrollo del país y debilita aún más a los sindicatos, que han perdido fuerza tras la reforma laboral de 2017.
Relaciones Laborales en Transformación
Aunque reconoce que la relación jurídica entre prestadores y contratantes existe desde hace siglos, Marinho defendió límites para evitar abusos.
“El problema no es ser PJ, sino usar eso para enmascarar vínculos laborales. Cuando el trabajador depende exclusivamente de una empresa, no hay verdadera autonomía”, evaluó.
Destacó que el Ministerio del Trabajo discute actualmente la regulación de los conductores y repartidores de aplicaciones, pero reconoció que el tema enfrenta resistencia en el Congreso.
Según el ministro, la propuesta del gobierno fue “derrotada por la narrativa de la extrema derecha”, que tendría mayor capacidad de influenciar el debate en las redes.
“Quien tiene más recursos para invertir en comunicación acaba ganando temporalmente. Pero el tema no ha muerto. El presidente de la Cámara, Hugo Motta, se comprometió a retomar la discusión, aunque sea a partir de un nuevo texto”, declaró Marinho.
Lula Apuesta por Bandera Popular
El fin de la escala 6×1 se ha consolidado como una de las principales banderas laborales del gobierno de Lula, especialmente entre las centrales sindicales y movimientos de base.
La medida es vista como un gesto simbólico de recuperación de los derechos laborales tras años de flexibilización y aumento de las contrataciones precarias.
Según fuentes consultadas por la Folha de S.Paulo, Lula considera la propuesta una forma de reforzar el compromiso del gobierno con la valorización del trabajo y la redistribución del tiempo de vida del trabajador.
Marinho, por su parte, destacó que la reducción de la jornada puede generar nuevos empleos al exigir más contrataciones para suplir la carga horaria reducida.
Negociación Colectiva y Desafíos Económicos
El ministro ponderó, no obstante, que la implementación de la medida requerirá negociación sectorial y planificación de la transición, especialmente en segmentos con operación ininterrumpida.
“Una ley general no va a definir el horario de cada empresa, pero corresponde a la negociación colectiva encontrar el equilibrio. Lo esencial es garantizar el derecho al descanso digno y evitar abusos”, afirmó.
Para Marinho, la reducción de la jornada y el fin de la 6×1 representan una modernización necesaria del mercado laboral brasileño, siguiendo las transformaciones globales.
“El mundo entero discute la reducción de la jornada. Brasil no puede quedarse atrás”, dijo.
Mientras tanto, los empresarios y parte del Congreso aún muestran resistencia, alegando impacto en los costos y en la productividad.
Marinho, sin embargo, insiste en que la experiencia internacional muestra resultados positivos.
“Los países que redujeron la jornada registraron ganancias en productividad y calidad de vida. El trabajo excesivo no es sinónimo de eficiencia”, argumentó. El debate, ahora, avanza hacia un nuevo capítulo político y económico.
Con la promesa de Lula y la presión de las centrales sindicales, el gobierno intenta transformar la idea en un proyecto concreto, mientras el sector productivo busca adaptarse a un posible cambio.
La pregunta que queda es: ¿Brasil está preparado para poner de una vez por todas a retirar la tradicional escala 6×1 e inaugurar una nueva era en las relaciones laborales?


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