Estados Unidos comenzaron a diseñar un portaaviones orbital, una nave que estaría estacionada en el espacio cargada de vehículos maniobrables y abriría el casco para soltarlos en órbita en cuestión de horas, sin necesidad de esperar a que un cohete despegue de la Tierra, y la Fuerza Espacial ya ha invertido hasta 60 millones de dólares en la idea.
La empresa detrás del proyecto es Gravitics, una startup de Seattle, que recibió el aporte a través de un programa de financiación estratégica de SpaceWERX, el brazo de innovación de la Fuerza Espacial estadounidense. El concepto tiene un nombre directo al grano: Orbital Carrier, o portaaviones orbital. En lugar de mantener satélites de reserva en el suelo esperando un cohete, la idea es dejarlos ya arriba, listos para entrar en acción.
Cómo funciona un portaaviones que nunca toca el agua
La nave guarda varios vehículos espaciales dentro de su propio casco y, cuando recibe la orden, se abre y libera cada uno en una órbita elegida en el momento, evitando todo el ritual de un lanzamiento tradicional. Aún en 2026, Gravitics pretende hacer una demostración inicial, llevando un modelo de prueba en un viaje compartido hacia la órbita baja de la Tierra junto con un vehículo de transferencia llamado Viper, que entregará una carga de terceros en una órbita de alta energía. Como resumió el presidente de la empresa, Colin Doughan, es como tener una plataforma de lanzamiento preposicionada en el espacio.

Horas en lugar de semanas
Aquí es donde está el truco. Hoy, si un satélite estadounidense es dañado o perdido, reponer esa capacidad significa preparar una misión y esperar la ventana de un cohete para salir de la Tierra, un proceso que lleva semanas o meses. Con vehículos ya estacionados en órbita, la Fuerza Espacial promete reaccionar en horas. Solemos pensar en cohetes como el gesto definitivo de poder espacial, pero el lanzamiento desde el suelo, como los grandes vuelos de la Starship que SpaceX ha estado probando, es precisamente el cuello de botella que el portaaviones orbital quiere evitar.
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La nueva carrera que nadie ve desde abajo
Nada de esto surge en el vacío. La propia Fuerza Espacial admite que la inversión responde al avance de otras potencias, con China y Rusia interesándose cada vez más por la actividad militar en el espacio, incluidas armas capaces de cegar o destruir satélites. La órbita se ha convertido en un territorio a patrullar, y no por casualidad Rusia sigue moviendo su propia base de lanzamientos, como en el reciente vuelo del cohete Soyuz-5 desde Baikonur. La Fuerza Espacial dice, sin rodeos, que está acelerando su transformación en un servicio de combate.
Para dimensionar el tablero, vale recordar que la Fuerza Espacial fue creada en 2019 como el sexto ramo de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, y que el espacio hoy sostiene desde el GPS del celular hasta la vigilancia militar. Y el riesgo no es una teoría distante: China destruyó un satélite propio en una prueba en 2007, esparciendo miles de fragmentos en órbita, y Rusia repitió el hecho en 2021. Cada una de estas pruebas demostró que derribar un satélite es posible, y es precisamente esta vulnerabilidad la que el portaaviones orbital intenta cubrir, manteniendo reservas listas allá arriba.
Confieso que la primera vez que leí la expresión portaaviones orbital pensé que era una exageración de marketing, de esas que venden más de lo que entregan. Pero el concepto es literalmente ese, preposicionar poder defensivo en el espacio como una flota anclada que espera la orden. Me imagino cuánto cambia la forma de pensar la guerra cuando el campo de batalla deja de tener suelo y pasa a ser una órbita a 36 mil kilómetros de altura, donde ninguno de nosotros abajo ve lo que está sucediendo.
Si hasta el espacio se convierte en un lugar para estacionar armas listas, ¿cuánto tiempo hasta que la órbita de la Tierra sea tratada como otro territorio militar disputado?

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