Aunque la inteligencia artificial esté cada vez más presente en el entorno académico, muchos estudiantes universitarios están preocupados por los efectos colaterales del uso excesivo. Entre los temores están la estancamiento intelectual, fragilidad profesional y pérdida de habilidades creativas y analíticas.
La inteligencia artificial se ha convertido en aliada de los estudiantes universitarios. Pero no todos están tranquilos con esto. Mientras muchos utilizan la tecnología para aliviar la carga de estudios, otros informan miedo, culpa e incluso estancamiento profesional.
La presencia de la IA en las universidades está creciendo — junto con la preocupación sobre sus efectos a largo plazo.
Entre la facilidad y el desconforto
Diversos estudiantes universitarios han informado que la IA ha sido útil, pero también una fuente de molestia. Algunos la evitan por completo. Otros universitarios admiten su uso, pero con reservas. ¿La principal queja? Miedo a volverse dependientes de la tecnología.
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Ellis Edgeman, graduado en contabilidad de la Florida State University, intenta no usarla. “No confío mucho. Parece más trabajo que hacer la tarea”, dijo. Se queja del tiempo que consume revisar y reformular textos generados por IA.
Michael, estudiante de ciencias de la computación en la Universidad de Miami, comparte esa angustia. Teme que su evolución como programador se detenga. “Es difícil salir una vez que entras. Tus habilidades quedan algo atascadas”, comentó.
Culpa, rutina y un empujón al final del semestre
La culpa también es un sentimiento común. Michael admite recurrir a la IA con más frecuencia en los momentos finales del semestre, cuando el cansancio pesa. “Cuanto más largo es el semestre, más cansado te vuelves. Entonces es fácil caer en esta trampa”, dijo.
A pesar de esto, observa que prácticamente todos utilizan, de alguna manera. Es una cuestión de dosis.
IA como alivio para tareas repetitivas
Para muchos, la IA es una herramienta para eliminar lo que llaman «trabajo burocrático«. No se trata de delegar toda la tarea, sino de acelerar partes cansadas.
Nicole Rivera-Reyes, estudiante de estudios jurídicos en la Universidad de Florida Central, evita el ChatGPT, pero usa el NotebookLM de Google. Utiliza la IA para transcribir videos y tomar notas. “Debería usarse para agilizar, no para rehacer completamente”, afirmó.
Samantha Wilson, graduada en educación musical, evita la IA por miedo a ser acusada de plagio. Pero entiende a quienes la utilizan. “Algunos colegas la usan para todo. Sienten que la redacción es una pérdida de tiempo”, contó.
La sobrecarga como desencadenante
Hay quienes ven en la IA una salida para sobrevivir a la rutina agotadora. Una estudiante de teatro musical en la Universidad de Miami dijo que necesitaba obtener una buena nota, pero no entendía las clases. Recurrió a la IA. “Ella desglosó los conceptos de una manera más clara que el profesor.”
A pesar de la ayuda, dice que el proceso parecía “marcar una casilla”. Pero sin la tecnología, mantener la rutina sería inviable. “Tengo clases, un espectáculo que produzco, horas de trabajo… Si no fuera por la IA, ni siquiera podría cuidar de mí”, dijo.
Otra estudiante, de ciencias de la salud, utilizó la IA para completar un curso de física. “Antes, no comía nada. Ahora puedo tomar un baño y dormir”, relató.
En grupo y en la desesperación
El uso de la IA no se limita a una o dos universidades. Un estudiante de ingeniería arquitectónica en Farmingdale State College, en Nueva York, contó que toda la clase estaba atrasada al final del semestre. ¿El resultado? Un esfuerzo colectivo de “trampa silenciosa”.
Según él, durante un examen final, los alumnos utilizaron IA y plataformas como Chegg para compartir respuestas. “Nadie estaba reteniendo nada. Solo era un grupo intentando sobrevivir.”
Miedo a la atrofia cognitiva
Algunos estudiantes están preocupados por la posible “atrofia de habilidades”. Riley, de ciencias de la computación en la Universidad de Florida, ya ha sentido el impacto. “Usé IA para algo. Un mes después, no recordaba cómo lo había hecho.”
Investigadores de Microsoft y Carnegie Mellon advierten sobre el mismo riesgo. Descubrieron que, cuanto más una persona automotiza tareas rutinarias, menos involucrada se vuelve con el proceso. Esto puede perjudicar el razonamiento independiente y la resolución de problemas.
La investigación apunta que la IA puede causar un “cambio en el esfuerzo cognitivo”, dejando al usuario solo supervisando tareas, sin participar en el pensamiento crítico.
La tecnología necesita ser bien usada
Patrick Wilson, estudiante de antropología en la Universidad de Hawái, cree que el uso correcto de la IA depende de cada uno. Para él, la herramienta es útil, pero requiere conciencia. “Es nuestra responsabilidad mantener nuestras habilidades activas. Si se usa correctamente, se sigue pensando críticamente”, dijo.
John Keon, estudiante de finanzas en la Saint Joseph’s University, coincide en que la IA es el próximo paso tecnológico. Pero hace una distinción importante entre el uso académico y el profesional.
“En la empresa, es genial. Pero en la universidad, se pierde la lluvia de ideas. Y eso es parte fundamental del proceso creativo”, explicó.
La IA está presente en la vida académica de muchos estudiantes universitarios. Pero la línea entre usar y depender es delgada. Para algunos, representa un ahorro de tiempo y alivio de la carga. Para otros, un riesgo real de perder habilidades esenciales.
La elección parece recaer en cada estudiante. Pero el debate sobre cómo — y cuánto — usar esta tecnología aún está lejos de terminar.
Con información de BI.

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