Comercio con China mueve millones de empleos en Brasil, garantiza superávit millonario y fortalece la posición del país en el escenario global, según estudio del Consejo Empresarial Brasil-China.
Brasil consolidó a la China como su principal aliado económico a lo largo de los últimos años.
En 2022, las actividades ligadas a las importaciones provenientes del país asiático pasaron a liderar la generación de puestos formales en Brasil, sumando 5,567 millones de empleos y superando a la Unión Europea por primera vez desde el inicio de la serie, en 2008.
En el mismo periodo, los vínculos laborales asociados a las exportaciones a China crecieron 62%, avance superior al registrado con Estados Unidos (32,3%), Mercosur (25,1%), Unión Europea (22,8%) y otros países de América del Sur (17,4%).
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El estudio “Análisis Socioeconómico del Comercio Brasil-China”, elaborado por el Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC) en asociación con el Ministerio del Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios (MDIC), cuantifica a través de RAIS los empleos formales vinculados a las empresas que importan y/o exportan.
La metodología separa los dos extremos para evitar conteos duplicados, ya que hay compañías que operan simultáneamente en importación y exportación.

Empleo impulsado por la importación china
En el área de importaciones, el comercio con China respondió por el mayor contingente de vacantes formales en 2022.
Se registraron 5,567 millones de puestos, cifra ligeramente superior a la de la UE, lo que colocó el eje sino-brasileño en la parte superior del ranking nacional de empleos vinculados al comercio exterior.
El dinamismo también se refleja en la tasa de crecimiento: entre 2008 y 2022, los empleos formales vinculados a las compras de Brasil a los chinos aumentaron 55,4%, ritmo que superó a América del Sur (21,7%), UE (21%), Estados Unidos (8,7%) y Mercosur (0,3%).
Exportaciones avanzan más rápido, pero con menor base de vacantes
Del lado exportador, el estudio muestra dos movimientos simultáneos. Por un lado, Brasil registró el mayor salto relativo en el empleo entre 2008 y 2022 al vender a China (+62%).
Por otro lado, el número absoluto de vacantes vinculadas a las ventas al mercado chino — poco más de 2 millones — aún es inferior al observado en otras asociaciones: Mercosur (3,8 millones), Unión Europea (3,6 millones), América del Sur (3,5 millones) y Estados Unidos (3,4 millones).
La explicación radica en el perfil de la pauta exportadora hacia China, con fuerte presencia de agricultura y minería.
Como resume la analista del CEBC Camila Amigo: “Estos sectores, aunque altamente competitivos y estratégicos, generan proporcionalmente menos puestos de trabajo debido a su alto nivel de mecanización en comparación con segmentos industriales más diversificados, como aquellos que tienen mayor peso en las exportaciones brasileñas hacia Estados Unidos, Unión Europea y Mercosur.”
Superávit millonario y efecto macroeconómico
La relevancia china no se limita al empleo. La balanza comercial con el país ha sido favorable a Brasil.
En los últimos diez años, el saldo acumulado fue de US$ 276 mil millones, equivalente al 51% del superávit brasileño global en el periodo.
En 2024, China representó el 28% de las exportaciones brasileñas y el 24% de las importaciones, manteniéndose como principal socio en ambas direcciones del flujo comercial.
El estudio destaca que la continuidad de este superávit ayudó a reducir la vulnerabilidad externa, a reforzar las reservas internacionales y a amortiguar la volatilidad cambiaria.
En otras palabras, la entrada neta de dólares proveniente del comercio con China contribuyó a equilibrar el balance de pagos y crear un ambiente menos susceptible a choques internacionales.

Base empresarial y concentración sectorial
Mientras que la importación desde China está diseminada por un número amplio de empresas, las exportaciones al país están concentradas en pocos grandes actores y en pocos productos.
En 2024, más de 40 mil empresas brasileñas importaron bienes de China, en gran parte insumos industriales como máquinas, equipos electroelectrónicos, químicos y fertilizantes.
Ya el grupo de compañías que exportaron al mercado chino en el mismo año es substancialmente menor, cerca de 3 mil firmas.
La pauta de ventas sigue dominada por soja, mineral de hierro y petróleo, aunque otras cadenas, como carnes y celulosa, han ampliado su presencia a lo largo del tiempo.
Esta asimetría ayuda a entender por qué el liderazgo en empleos se da del lado de las importaciones.
Las compras externas chinas irrigan cadenas productivas diseminadas por el país, generando ocupaciones en niveles variados de calificación.
Las exportaciones, por su parte, concentradas en sectores altamente mecanizados, crean menos vacantes por unidad de valor.
Contexto externo y perspectivas
El escenario internacional ha añadido un componente reciente a la discusión.
Desde agosto de 2025, los Estados Unidos comenzaron a aplicar tarifa del 50% sobre una cesta de productos importados de Brasil, medida que tiene potencial para afectar segmentos industriales y reorientar flujos de comercio.
Paralelamente, la relación con China se sostiene en la complementariedad: los chinos demandan alimentos, energía y minerales, mientras que Brasil compra bienes industriales y componentes esenciales para su producción.
Para el CEBC, el fortalecimiento de la asociación debe ir acompañado de diversificación exportadora, sostenibilidad e inclusión socioeconómica.
La orientación es ampliar el abanico de empresas que pueden vender al mercado chino y explorar nichos con mayor intensidad de trabajo y valor agregado, sin perder de vista la competitividad obtenida en las cadenas de commodities.
Lo que falta avanzar
A pesar de las señales de solidez, persisten desafíos. La pauta de exportaciones sigue concentrada en pocos ítems y la base empresarial es estrecha en el lado de las ventas a China.
Ampliar el número de exportadoras, facilitar acceso a financiamiento y promover adaptación regulatoria y sanitaria para más sectores pueden desbloquear oportunidades.
Simultáneamente, políticas que aprovechen la diversidad de las importaciones —transformándolas en inversión, innovación y productividad— ayudan a capturar mejor los beneficios de empleo indicados por el estudio.
La economía brasileña, por lo tanto, encuentra en la asociación con China un ancle comercial y un vector de empleos formales, especialmente en las cadenas abastecidas por insumos chinos.
Con las cifras ya observadas y las presiones externas en curso, la pregunta que se impone es: ¿qué medidas pueden ampliar el número de empresas brasileñas capaces de vender a China y, al mismo tiempo, reducir la concentración sectorial de las exportaciones?

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