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Fenómeno natural visible desde el espacio tiñe de turquesa el Mar Negro tras proliferación de miles de millones de microorganismos

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Escrito por Ruth Rodrigues Publicado el 28/06/2026 a las 14:03 Actualizado el 28/06/2026 a las 14:04
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Descubra cómo minúsculos seres vivos alteraron el paisaje del Mar Negro en 2026, en un espectáculo capturado por astronautas y satélites.

El satélite PACE registró una transformación impresionante en la frontera entre Europa y Asia, donde las aguas tradicionalmente oscuras del Mar Negro adquirieron un inusual y vibrante tono azul turquesa.

El fenómeno natural, que pudo ser visto a kilómetros de distancia por astronautas e instrumentos orbitales, ocurre debido a la floración masiva de cocolitóforos, un tipo de fitoplancton microscópico.

Los científicos utilizan tecnologías de teledetección para monitorear el comportamiento de estas especies a distancia, sorteando limitaciones de recolección directa de muestras para entender cómo la proliferación de estos microorganismos altera la dinámica ambiental de la región durante la primavera del hemisferio norte.

El monitoreo espacial en el Estrecho del Bósforo

Los datos orbitales demostraron que el alcance de este cambio estético fue más allá de las fronteras habituales del mar.

El 27 de mayo, fotografías tomadas desde el espacio ya habían detectado el mismo tono turquesa en el Estrecho del Bósforo, canal que atraviesa la ciudad de Estambul, en Turquía.

El comportamiento de los microorganismos en la región siguió una dinámica bien definida:

  • Flujo de navegación: El fitoplancton se extendió siguiendo las fuertes corrientes en ambos lados del canal;
  • Conexión hídrica: La mancha colorida avanzó desde el Mar Negro hacia el Mar de Mármara;
  • Superación de barreras: Los sensores sortearon las restricciones geográficas para estudiar el comportamiento de las especies a distancia.
Descubra cómo minúsculos seres vivos alteraron el paisaje del Mar Negro en 2026, en un espectáculo capturado por astronautas y satélites.
Descubra cómo minúsculos seres vivos alteraron el paisaje del Mar Negro en 2026, en un espectáculo capturado por astronautas y satélites. Fuente: ISS Crew Earth Observations Facility y Earth Science and Remote Sensing Unit at NASA Johnson Space Center.

Los seres microscópicos detrás de la coloración turquesa

Aunque la mancha de color es gigantesca y visible desde el espacio, los agentes causantes de esta «repaginación» visual son totalmente invisibles a simple vista.

Se trata de los cocolitóforos, un tipo de fitoplancton cuyos cuerpos diminutos poseen una fisionomía muy específica: están completamente revestidos por placas de carbonato de calcio.

Cuando estos organismos se unen en grandes floraciones, el material calcáreo de sus estructuras refleja la luminosidad solar de forma colectiva.

Esta reacción física confiere a las aguas superficiales un aspecto azul-lechoso y algo turbio, generando la tonalidad turquesa que varía de intensidad cada temporada.

El ciclo de las algas y el origen del nombre del mar

Esta mutación cromática obedece a un cronograma de la naturaleza ligado a las estaciones del año en el hemisferio norte.

La proliferación de los cocolitóforos ocurre específicamente en un período de transición:

  1. Primavera y verano: Los seres calcáreos se multiplican intensamente entre los meses de junio y julio;
  1. Otoño e invierno: La superficie vuelve a oscurecer debido a la dominancia de otro grupo, las diatomeas;
  1. Diferencia estructural: A diferencia de los cocolitóforos, las diatomeas son algas microscópicas protegidas por caparazones de sílice.

La importancia del fenómeno para el equilibrio del planeta

Más allá del espectáculo visual capturado por las lentes espaciales, el ciclo de vida y muerte de estos microorganismos tiene una función ambiental vital, pues contribuyen directamente al ciclo del carbono en el océano.

Como señalan los investigadores, las floraciones actúan como un regulador climático. Cuando los fitoplancton mueren, una parte significativa del carbono que absorbieron en vida se hunde y se deposita en el lecho marino profundo.

Una vez en el fondo del océano, este carbono puede permanecer almacenado por períodos extremadamente largos, impidiendo que el gas regrese a la atmósfera y ayudando en el control del equilibrio ambiental.

Fuente: Revista Galileu

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Ruth Rodrigues

Graduada en Ciencias Biológicas por la Universidade do Estado do Rio Grande do Norte (UERN), se desempeña como redactora y divulgadora científica.

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