Lejos de los hospitales y de la vida urbana, una mujer embarazada enfrenta el trabajo diario, el parto y el nacimiento de su hijo siguiendo creencias antiguas y resistiendo a las condiciones climáticas del Ártico ruso
El día apenas comienza cuando la rutina ya se impone en la Península de Yamal, en el extremo norte de Rusia. En pleno invierno ártico, con temperaturas negativas constantes, Vera, que entonces tenía casi nueve meses de embarazo, se despierta antes que todos. Primero, enciende el fuego. Luego, derrite la nieve para obtener agua. Solo después prepara la comida para su marido y sus hijos. Aún embarazada, la jornada no termina ahí.
A lo largo de las horas siguientes, Vera continúa trabajando afuera, a pesar del intenso viento y la nieve. Esa es la realidad de las mujeres nómadas de la tundra, que mantienen sus actividades hasta el momento del parto. Registros muestran que, para estas familias, el embarazo no altera la rígida división de tareas. Mientras el marido sigue con el rebaño de renos, ella sostiene el funcionamiento de la casa.
El parto fuera de la tienda y las creencias que moldean la vida en la tundra
Entre los nómadas de la tundra, dar a luz dentro del chum, la tienda tradicional, está prohibido. Según la creencia local, el parto hace que el espacio sea inapropiado para su uso inmediato. Por eso, las mujeres se trasladan a un pequeño anexo externo, frío y separado de la vivienda principal, donde el nacimiento ocurre lejos del resto de la familia.
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Vera ya había pasado por esa experiencia. Tenía dos hijos, siendo que el primero nació allí mismo, en la tundra. Aún así, cada gestación exige una gran resistencia física. Incluso cerca del parto, ella seguía trabajando intensamente, como lo hacen todas las esposas nómadas.
La alimentación también sigue patrones propios. No hay restricciones específicas para gestantes. Vera continuaba consumiendo pescado crudo congelado y carne cruda de reno, alimentos tradicionales de la región. Ella desconocía recomendaciones médicas comunes en áreas urbanas, como evitar la carne poco hecha durante el embarazo.
Intento de remoción médica pospuesto por condiciones climáticas
Con la proximidad del parto, el marido logró contactar a un médico de la ciudad más cercana. La previsión era clara: al día siguiente, un helicóptero llevaría a Vera al hospital. Sin embargo, las condiciones climáticas cambiaron rápidamente.
En la mañana siguiente, una fuerte nevada azotó la región. Aunque el equipo estaba listo para volar, la operación fue pospuesta. Las condiciones meteorológicas impidieron desplazamientos aéreos durante varios días. La rutina local tuvo que ajustarse a la fuerza de la naturaleza.
En esa misma noche, Vera comenzó a sentir las contracciones. El trabajo de parto empezó allí mismo, siguiendo las costumbres tradicionales de la familia.
Un parto silencioso, asistido por la familia y por la fe
Durante el parto, se llamó a una tía para ayudar. Ella calentó agua para lavar al bebé después del nacimiento y permaneció al lado de Vera durante horas. El proceso fue largo y exigió mucha resistencia. Aún así, no hubo gritos ni demostraciones de dolor.
En la cultura de la tundra, las mujeres no expresan dolor durante el parto. Gritar se ve como un signo de fragilidad. En medio de las dificultades, la tía recogió paja colocada bajo Vera, destinada al chaman de la comunidad, pues creen que él puede ayudar espiritualmente en el nacimiento.
Después de muchas horas, nació una niña. Pequeña, sana y tranquila, marcó el final de una noche intensa en la tundra cubierta de nieve.
La llegada de los médicos y el contraste entre tradición y medicina
En la mañana siguiente, la familia aguardaba la llegada de los profesionales de la salud. Cuando llegaron, confirmaron el nacimiento del niño. Se trataba de una niña, de alrededor de tres kilos. Ante esto, la orientación fue directa: madre e hija debían ser llevadas al hospital.
Antes de salir, sin embargo, al bebé se le envolvió en piel de reno. Esta práctica tradicional ayuda a preservar el calor corporal en el frío intenso. En ese momento, una enfermera resumió la situación observada. Según ella, la vida de las mujeres nómadas en la tundra es extremadamente exigente.
Aún durante el embarazo, ellas continúan trabajando hasta el final. Además, raramente buscan hospitales cuando se enferman. Así, siguen sus rutinas diarias guiadas por la tradición, la resistencia física y la adaptación continua al ambiente.
Ante este escenario, ¿hasta qué punto estas prácticas reflejan una elección cultural consciente, y en qué momento pasan a representar solo la forma posible de vivir conforme a las reglas de la tundra?


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