Hernán Alberto Gil Flores estuvo atrapado desde el 24 de junio bajo los escombros del Galerías Playa Grande, en La Guaira, y fue rescatado con vida el 2 de julio, tras una operación internacional realizada entre lluvia, réplicas y riesgo de nuevo derrumbe
El venezolano Hernán Alberto Gil Flores, guardia de seguridad de 43 años, fue rescatado con vida el jueves 2 de julio, después de estar atrapado por más de 150 horas bajo los escombros del centro comercial Galerías Playa Grande, en Catia La Mar, en el estado de La Guaira, una de las áreas más afectadas por los terremotos que golpearon a Venezuela.
Estaba en el sótano del centro comercial desde el 24 de junio, cuando dos fuertes temblores sacudieron el norte del país. El rescate ocurrió después de días de excavación lenta, comunicación por cámara y envío de agua y nutrientes por una abertura estrecha.
Según la Associated Press, el guardia salió en una camilla, cubierto de polvo, usando una máscara de oxígeno y rodeado por equipos de rescate que trabajaron por más de 100 horas para abrir camino hasta él en una estructura inestable, bajo fuerte lluvia y nuevas réplicas.
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El caso se convirtió en uno de los símbolos de supervivencia en medio de la tragedia. Mientras las familias aún buscan a parientes desaparecidos, la escena de Hernán siendo llevado a una ambulancia provocó aplausos entre bomberos, voluntarios y residentes que seguían la operación desde afuera.
Dos temblores golpearon a Venezuela y dejaron a La Guaira en el centro de la destrucción
Los terremotos ocurrieron el 24 de junio y tuvieron magnitudes de 7,2 y 7,5, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos. El organismo informó que los temblores ocurrieron en el norte de Venezuela, al oeste de Caracas, y también señaló el riesgo de deslizamientos significativos después de los temblores.
La Guaira, región costera cercana a la capital venezolana, fue uno de los puntos más destruidos. Edificios residenciales, centros comerciales y estructuras antiguas sufrieron colapsos parciales o totales, lo que dificultó el trabajo de los equipos en los primeros días.
En el caso de Hernán, el colapso ocurrió en Galerías Playa Grande. Trabajaba en el turno de noche y estaba en una pequeña cabina de seguridad cuando la estructura alrededor cedió. Esta cabina terminó funcionando como un espacio de protección, creando un área con aire suficiente para mantenerlo vivo.
La cabina de seguridad se convirtió en una burbuja de aire bajo toneladas de concreto
El detalle que cambió el desenlace fue la posición de Hernán en el momento del primer temblor. No quedó prensado directamente por el concreto, según los relatos de los socorristas, y permaneció en un área donde podía responder a los llamados.
El equipo de la Cruz Roja de Costa Rica fue uno de los primeros en detectar señales de vida. Terra informó que los socorristas lograron establecer contacto con Hernán y conducir la retirada en seguridad, después de una operación que involucró equipos de varias nacionalidades.
La comunicación fue decisiva. Por medio de una cámara telescópica, los rescatistas lograron monitorear el estado del guardia, conversar con él y enviar hidratación. En los últimos días, líquidos y nutrientes pasaron por una abertura estrecha mientras el túnel de acceso era reforzado.
Este tipo de rescate exige paciencia porque cualquier retirada brusca de concreto puede matar a quien está atrapado y también a quien intenta salvar. En estructuras inestables, el camino necesita ser apuntalado, medido y reevaluado a cada avance.
Más de 100 personas de varios países se turnaron en la operación

El rescate de Hernán movilizó equipos de Venezuela, Costa Rica, Chile, México, Portugal, Estados Unidos y otros países. El País relató que cerca de 100 personas de diez países participaron en la operación, realizada en un escenario de riesgo constante porque el edificio aún se movía y partes del techo podían caer durante la excavación.
Los trabajos comenzaron con pocos socorristas y ganaron refuerzos después de que la presencia de un sobreviviente fue confirmada. A partir de ahí, especialistas en búsqueda urbana, bomberos, paramédicos y voluntarios comenzaron a actuar por turnos.
Hernán pidió a los socorristas que no avisaran a su esposa de inmediato, con miedo de que no resistiera hasta el final de la retirada. La decisión muestra el nivel de tensión dentro de la operación, incluso después de que los rescatistas ya supieran que él estaba vivo.
Afuera, familiares esperaban noticias mientras otros equipos seguían en busca de desaparecidos en edificios cercanos. Cada hora, el rescate exitoso de Hernán compartía espacio con el dolor de familias que aún no tenían ninguna información.
Sobrevivir tanto tiempo bajo escombros depende de aire, agua y heridas menos graves
Casos como el de Hernán son raros, pero no imposibles. Especialistas consultados por AP explican que la supervivencia bajo escombros depende de varios factores, como acceso a aire, temperatura, agua y ausencia de heridas graves. La posibilidad disminuye con el paso de los días, pero las personas pueden resistir una semana o más cuando están en un espacio protegido, sin aplastamiento directo.
El riesgo médico no termina en el momento en que la víctima es rescatada. Personas atrapadas durante muchas horas pueden sufrir deshidratación, hipotermia, lesiones musculares y síndrome de aplastamiento, condición asociada a la compresión prolongada de los tejidos y a alteraciones graves en la circulación.
Una revisión médica publicada en el Turkish Journal of Emergency Medicine describe que la respuesta a terremotos involucra búsqueda, triaje, estabilización y evacuación, y advierte que las lesiones por aplastamiento pueden causar rabdomiólisis y alteraciones metabólicas peligrosas tras la liberación de la víctima.
Balance de muertos subió mientras equipos aún buscaban desaparecidos
La tragedia sigue en actualización. La fuente inicial citada por Terra registraba 2.295 muertes y más de 11 mil heridos, pero un balance posterior informado por Reuters, basado en el gobierno venezolano, elevó el número de muertos a 2.595 hasta el 2 de julio. La agencia también informó que las búsquedas continuaban y que miles de personas aún eran buscadas.
La diferencia entre los números muestra cómo el escenario aún cambia a medida que se encuentran nuevos cuerpos, se localizan sobrevivientes y se revisan listas de desaparecidos. En desastres de esta magnitud, los balances oficiales suelen actualizarse durante días o semanas.
El rescate de Hernán no reduce la dimensión de la tragedia, pero explica por qué los equipos aún insisten en buscar señales de vida incluso después de la ventana inicial de 48 a 72 horas. En Catia La Mar, una cabina de seguridad, una pequeña apertura de aire y la persistencia de los socorristas fueron suficientes para transformar un sótano destruido en una historia de supervivencia.
¿Crees que las operaciones de rescate deben continuar por más tiempo incluso cuando las posibilidades parecen mínimas? Deja tu opinión en los comentarios y cuenta si ya has seguido otro caso parecido de supervivencia tras terremotos.

