La apuesta de Ricardo Fey comenzó en una sala pequeña de Indaial, pasó por un drama familiar al inicio y se convirtió en una industria con hasta 3 mil toneladas de capacidad mensual
Un agricultor de Santa Catarina decidió, en 1966, abandonar la seguridad del campo para apostar en un sector que prácticamente no conocía. Ricardo Fey vendió el patrimonio agrícola de la familia y compró una pequeña fábrica de tuercas torneadas que estaba con las actividades paralizadas en Indaial, en el Valle del Itajaí.
La decisión parecía arriesgada incluso para los estándares de quienes ya estaban acostumbrados a trabajar duro. Sin experiencia en metalurgia, entró en un área que requería máquinas, precisión técnica, proveedores, clientes y conocimiento industrial.
El negocio comenzó en una sala de aproximadamente 70 metros cuadrados, con los dos hijos, Adolfo y Bertoldo, y solo un empleado. La producción inicial era de cerca de dos toneladas de tuercas por mes, volumen pequeño frente a lo que la empresa llegaría a ser.
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Pero el primer mes trajo un golpe inesperado. De acuerdo con la NSC Total, Ricardo Fey sufrió un ACV en el día 30 de funcionamiento de la empresa y quedó imposibilitado de trabajar, dejando a los hijos la misión de mantener viva la apuesta que había consumido el patrimonio de la familia.
La fábrica parada que se convirtió en apuesta familiar en Indaial

El origen de Fey ayuda a explicar por qué la trayectoria aún llama la atención en el sector industrial catarinense. La empresa no nació de un gran grupo, de capital extranjero o de un plan sofisticado de expansión, sino de una decisión familiar tomada en un momento de incertidumbre.
Ricardo Fey venía de una pequeña ciudad del interior de Santa Catarina y vio en la fábrica parada una oportunidad. Al comprar el negocio, no solo estaba cambiando de actividad económica, sino intentando abrir camino para que los hijos tuvieran una ocupación fuera de la agricultura.
Según registros de la FIESC, la fábrica comprada producía tuercas mecanizadas y estaba en quiebra o inactiva cuando pasó a la familia Fey. Esto hacía el desafío aún mayor, porque no bastaba con aprender metalurgia, era necesario recuperar una operación que ya había perdido impulso.
El comienzo fue simple y ajustado. La estructura de 70 metros cuadrados requería improvisación, disciplina y capacidad de aprender en la práctica, algo común en muchos casos de emprendimiento industrial en el interior de Brasil.
El AVC en el primer mes cambió el mando de la empresa
El episodio más dramático de la historia ocurrió cuando la fábrica aún estaba dando sus primeros pasos. Con solo 30 días de operación, Ricardo Fey sufrió un AVC y no pudo asumir la rutina de trabajo que había planeado para sí mismo.
Aunque alejado de la operación, vivió por cerca de 30 años más y acompañó, aunque a distancia, la transformación de la pequeña fábrica en una industria de gran porte. El mando práctico quedó en manos de los hijos Adolfo y Bertoldo Fey.
El cambio forzado de liderazgo podría haber terminado con la empresa en sus inicios. En lugar de eso, los hijos asumieron la operación y comenzaron a conducir el negocio en una fase en la cual casi todo dependía de persistencia, aprendizaje técnico y relación con clientes.
Este punto es central en la historia porque muestra que Fey no creció solo por una apuesta inicial. El avance ocurrió porque la segunda generación logró transformar una compra arriesgada en un proyecto industrial a largo plazo.
La primera expansión vino en dos años y preparó el salto tecnológico
La demanda comenzó a crecer rápidamente. En dos años, el pequeño espacio inicial ya no soportaba la operación, y la fábrica fue ampliada a 412 metros cuadrados, con la adquisición de nuevos tornos automáticos.

Este avance marcó la transición de una producción casi artesanal a una operación industrial más estructurada. En la metalurgia, este tipo de cambio es decisivo, porque la productividad, estandarización y repetibilidad son esenciales para competir en el suministro de piezas.
El salto tecnológico más importante vino en 1972. Ese año, la empresa importó de Estados Unidos la primera máquina conformadora de tuercas en frío, equipo que permitió elevar la capacidad productiva de forma significativa.
La conformación en frío es un proceso usado para moldear piezas metálicas sin la necesidad de calentar el material a altas temperaturas. En la práctica, esto puede aumentar la velocidad de fabricación, reducir desperdicios y mejorar la estandarización, factores esenciales para quienes desean atender mercados más exigentes.
La decisión de importar una máquina de este tipo en los años 1970 muestra que Fey dejó pronto de pensar solo como un pequeño taller local. La empresa comenzó a invertir en tecnología para ganar escala y competir por clientes en cadenas productivas más grandes.
El traslado a la BR-470 puso a la empresa en ruta de crecimiento
Con el aumento de la producción, el espacio en el centro de Indaial se volvió insuficiente. La solución fue construir una nueva unidad a orillas de la BR-470, una carretera estratégica para el Valle del Itajaí y para la logística industrial de Santa Catarina.

Las actividades en la nueva dirección comenzaron en 1976. La elección de la ubicación fue importante porque colocó a la empresa en un área con más posibilidades de expansión y mejor conexión para el transporte de insumos y productos terminados.
La estructura inicial de la nueva unidad tenía cerca de 3,2 mil metros cuadrados. Década tras década, la fábrica fue creciendo hasta alcanzar 15 mil metros cuadrados en el año 2000, acompañando la ampliación del portafolio y la demanda.
En 2001, la empresa abrió otro capítulo con la construcción de un nuevo pabellón de 8 mil metros cuadrados, también en la BR-470. Cinco años después, en 2006, toda la operación fue trasladada a este complejo, que pasó a concentrar la producción.
Hoy, según materiales institucionales de Fey e información divulgada por la prensa catarinense, la empresa opera en una estructura superior a 40 mil metros cuadrados e informa capacidad instalada de hasta 3 mil toneladas de productos por mes.
De tuercas a una línea completa de fijadores industriales
Fey comenzó produciendo pequeñas tuercas para reposición, pero la empresa amplió su actuación a lo largo de las décadas. Actualmente, el portafolio incluye tuercas, tornillos, abrazaderas de resorte, pasadores de centro y piezas especiales de alto valor agregado.
Estos productos forman parte del universo de los fijadores, artículos que parecen simples para el consumidor común, pero son indispensables para vehículos, máquinas, implementos agrícolas, motocicletas, tractores y diferentes equipos industriales.
Según información institucional de la compañía, Fey abastece mercados como automotriz, agrícola, tractores, motocicletas, distribución general y puestos de resortes. Esta diversificación ayudó a la empresa a depender menos de un único nicho y a posicionarse como proveedora para cadenas más exigentes.
El sector automotriz, por ejemplo, suele exigir estandarización, trazabilidad, control de calidad y capacidad de suministro continuo. Por eso, un fabricante de fijadores que entra en esta cadena necesita operar con un nivel técnico superior al de una simple producción de reposición.
La evolución también muestra cómo una pieza pequeña puede sostener una industria grande. Tuercas, tornillos y grapas no llaman la atención en el producto final, pero sin ellos no hay montaje seguro, mantenimiento confiable ni escala productiva.
El caso Fey ayuda a explicar la fuerza industrial de Santa Catarina
La historia de Fey no es solo una narrativa familiar. También se conecta al perfil industrial de Santa Catarina, estado conocido por polos regionales fuertes, empresas familiares longevas y presencia relevante en sectores como metalmecánico, textil, alimentos, cerámica, máquinas y equipos.
De acuerdo con la FIESC, la industria catarinense tiene un peso elevado en la generación de empleos y en la diversificación económica del estado. Este ambiente ayuda a explicar por qué empresas medianas y grandes lograron crecer fuera de los grandes centros nacionales.
En el caso de Fey, la ubicación en el Valle del Itajaí también fue relevante. La región desarrolló una cultura industrial fuerte, con mano de obra entrenada, proveedores cercanos, tradición emprendedora y conexión logística con otras áreas de Santa Catarina.
La trayectoria, sin embargo, también revela un punto sensible. El crecimiento de la empresa vino acompañado de decisiones arriesgadas, sucesión familiar, inversión pesada en máquinas y adaptación constante a las exigencias del mercado.
Por eso, el caso no debe ser leído solo como una historia de suerte. La compra de la fábrica parada abrió la puerta, pero fueron décadas de expansión, tecnología y cambio de escala lo que transformaron la apuesta del agricultor en una operación industrial consolidada.

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