Estudio internacional muestra que el riesgo de las olas de calor va más allá de los termómetros y crece cuando se combina con pobreza, poca arborización, energía cara e infraestructura urbana precaria
Once ciudades brasileñas aparecen entre los centros urbanos más vulnerables del mundo al calor extremo, según un estudio de la Universidad de Oxford publicado en la revista Sustainable Cities and Society. La lista incluye Manaus, Goiânia, Belo Horizonte, Fortaleza, São Paulo, Rio de Janeiro, Brasília, Recife, Salvador, Curitiba y Porto Alegre.
El estudio analizó 205 ciudades con más de 1 millón de habitantes y no midió solo temperatura. Los investigadores cruzaron exposición al calor, condiciones sociales, capacidad de respuesta de la población y factores urbanos, como acceso a la energía, presencia de áreas verdes e infraestructura de enfriamiento.
Entre las brasileñas, Manaus aparece como la más amenazada, en la 27ª posición del ranking global. La capital amazónica también ocupa el tercer lugar entre las ciudades más vulnerables de América Latina y el Caribe, detrás de Barranquilla, en Colombia, y Port-au-Prince, en Haití.
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La alerta llega en un momento en que el calor extremo dejó de ser tratado solo como un malestar climático. En las grandes ciudades, se ha convertido en un problema de salud pública, planificación urbana, energía, vivienda y desigualdad social.
Manaus lidera la lista brasileña y revela el peso de la vulnerabilidad urbana
Según información de la Universidad de Oxford, la ciudad de Basra, en Irak, lidera el ranking mundial de riesgo al calor extremo. La lista está dominada por centros urbanos de India, Pakistán, Nigeria y Ghana, países donde altas temperaturas se suman a crecimiento urbano acelerado y menor capacidad de adaptación.
En Brasil, la secuencia comienza por Manaus en 27º lugar, seguida por Goiânia, en la 46ª posición, Belo Horizonte, en la 66ª, Fortaleza, en la 67ª, São Paulo, en la 77ª, Rio de Janeiro, en la 83ª, Brasília, en la 88ª, Recife, en la 89ª, Salvador, en la 93ª, Curitiba, en la 119ª, y Porto Alegre, en la 120ª.

El caso de Manaus llama la atención porque la ciudad combina calor, humedad, expansión urbana y desigualdades de infraestructura. En áreas con poca sombra, viviendas mal ventiladas y acceso limitado a equipos de refrigeración, la sensación térmica puede transformarse rápidamente en un riesgo real para la salud.
La presencia de ciudades de diferentes regiones brasileñas muestra que el problema no se limita al Norte o al Nordeste. Capitales del Sudeste y del Sur también entran en el levantamiento, lo que refuerza que el calor extremo en las ciudades brasileñas depende tanto del clima como de la forma en que el espacio urbano fue construido.
Pobreza, concreto y poca sombra aumentan el peligro en las periferias
El estudio de Oxford refuerza un punto central para entender la crisis climática en las ciudades: el calor extremo no afecta a todos de la misma forma. Dos personas pueden vivir en la misma ciudad, enfrentar la misma ola de calor y tener riesgos completamente diferentes dependiendo del barrio, del ingreso, de la vivienda y del acceso a servicios básicos.
En las periferias, el problema suele agravarse por calles con poco verde, exceso de asfalto, techos que acumulan calor, casas con mala ventilación y ausencia de equipamientos públicos preparados para períodos de temperatura elevada. En barrios más ricos, la presencia de árboles, plazas, edificios mejor planificados y acceso a aire acondicionado reduce parte de la exposición.
De acuerdo con el WRI Brasil, los riesgos del calor en las ciudades brasileñas varían entre barrios e individuos, especialmente cuando se observan factores sociales y características del entorno construido. La organización también destaca que muchas ciudades aún no tienen datos suficientes para orientar políticas públicas más precisas.
Esta diferencia crea lo que los especialistas llaman desigualdad térmica. En la práctica, quien tiene menos ingresos a menudo vive en los lugares más calientes, trabaja más expuesto al sol y tiene menos posibilidades de pagar por soluciones de enfriamiento.
El calor extremo ya pesa sobre la salud pública brasileña
El impacto del calor va más allá del malestar, la caída de productividad o el aumento de la factura de luz. Según el Ministerio de Salud, las olas de calor son períodos de temperaturas muy por encima de lo esperado para determinada región y época del año, pudiendo durar días o semanas.
El organismo alerta que las áreas urbanas son especialmente sensibles por causa del efecto de isla de calor. Este fenómeno ocurre cuando concreto, asfalto y edificios retienen calor durante el día y liberan parte de esa energía por la noche, dificultando el enfriamiento natural de la ciudad.
Niños, ancianos, mujeres embarazadas, personas con enfermedades cardíacas, renales, respiratorias, diabetes y población en situación de calle están entre los grupos más vulnerables. Las señales de alerta incluyen debilidad, mareos, náuseas, dolor de cabeza, calambres, deshidratación y empeoramiento de enfermedades preexistentes.
Un estudio elaborado por investigadores de Fiocruz y de la Universidad Federal de Bahía estimó que cerca de 120 mil muertes en Brasil entre 2000 y 2019 estuvieron asociadas a olas de calor. El análisis también señaló un aumento de hospitalizaciones por enfermedades respiratorias, renales y gastrointestinales durante períodos de temperaturas extremas.
La energía cara transforma ventilador y aire acondicionado en privilegio
Otro punto destacado por el estudio es la capacidad de respuesta de la población. No basta con tener ventilador o aire acondicionado disponible en el comercio si una familia no puede pagar por el uso diario de estos equipos durante una secuencia de días muy calurosos.
La factura de la luz pesa justamente en los momentos en que el enfriamiento se vuelve más necesario. Para familias de bajos ingresos, usar aire acondicionado por muchas horas puede significar renunciar a otros gastos básicos, como alimentación, transporte o medicamentos.
Además, la dependencia excesiva del aire acondicionado crea otro problema para las ciudades. El equipo retira calor de dentro de los inmuebles, pero libera parte de él al ambiente externo y aumenta la demanda de energía, presionando redes eléctricas que ya pueden sufrir en períodos de pico.
Por eso, los investigadores defienden una combinación de soluciones. Ventilación natural, sombreado, techos más fríos, materiales reflectivos, arborización y alertas tempranas pueden reducir riesgos sin depender solo de aparatos caros y de alto consumo energético.
Qué pueden hacer las ciudades antes de la próxima ola de calor
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, las ciudades ya están adoptando medidas como refugios climáticos en espacios públicos, bebederos, centros de enfriamiento, ampliación de áreas verdes, sistemas de alerta temprana y materiales urbanos que absorben menos calor.
Estas soluciones parecen simples, pero pueden tener un impacto directo en la vida diaria. Una plaza sombreada, una escuela adaptada, un centro de salud preparado o una parada de autobús con cobertura adecuada pueden reducir la exposición de niños, ancianos, trabajadores y pasajeros en los horarios más críticos.
En el caso brasileño, la adaptación necesita considerar las desigualdades locales. Plantar árboles solo en áreas centrales o revitalizar barrios ya valorizados no resuelve el problema si las regiones más calurosas y vulnerables continúan sin sombra, sin agua, sin ventilación y sin estructura pública.
La prioridad, según especialistas, debe ser mapear barrios más expuestos, cruzar datos de salud y temperatura, reforzar redes eléctricas, crear protocolos para escuelas y unidades de salud y planificar viviendas menos dependientes del enfriamiento artificial.
Alerta de Oxford coloca la planificación urbana en el centro de la crisis climática
La entrada de 11 ciudades brasileñas en el ranking de Oxford no significa que todas enfrentarán el mismo tipo de riesgo. Cada capital tiene clima, relieve, infraestructura, renta media, cobertura vegetal y desafíos propios.
Aun así, el mensaje del estudio es directo. El calor extremo será cada vez más una prueba para alcaldes, gobiernos estatales, redes de salud, sector eléctrico, transporte público y políticas habitacionales.
En Brasil, donde gran parte de la población vive en áreas urbanas, la adaptación climática no puede ser tratada como una obra de lujo o un proyecto distante. Involucra decisiones cotidianas sobre aceras, árboles, techos, autobuses, escuelas, centros de salud, viviendas y acceso a la energía.
La polémica es que muchas ciudades aún priorizan obras visibles y de corto plazo, mientras que las medidas contra el calor suelen parecer menos urgentes hasta la llegada de una nueva ola de temperaturas extremas. Pero, cuando los termómetros suben, la diferencia entre barrios arbolados y periferias de concreto puede transformarse en la diferencia entre protección y riesgo.
¿Crees que las alcaldías brasileñas están tratando el calor extremo con la urgencia necesaria o solo actuarán cuando la crisis sea imposible de ignorar? Deja tu opinión en los comentarios y di si tu ciudad ya siente esta diferencia entre barrios más arbolados y regiones tomadas por concreto.

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