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Ingeniero keniano transforma desechos plásticos de ríos en combustible para su automóvil mediante un proceso innovador.

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Escrito por Débora Araújo Publicado el 03/07/2026 a las 13:57 Actualizado el 03/07/2026 a las 13:58
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Al transformar residuos plásticos en combustibles alternativos, Joseph Muritu muestra cómo la innovación, sostenibilidad y visión emprendedora pueden convertir un grave problema ambiental en una solución energética prometedora y práctica.

Según Africanews, la basura plástica que la mayoría de las personas ve como un problema sin solución se ha convertido, en manos de un emprendedor keniano, en una fuente de combustible capaz de mover coches y máquinas de todo tipo. Joseph Muritu, al frente de un proyecto llamado Progreen Innovations, encontró una forma de calentar el plástico a temperaturas altísimas en ausencia de oxígeno —un proceso conocido como pirólisis— y, con ello, transformar el residuo de nuevo en un líquido oleoso, similar al petróleo, del cual se extraen combustibles.

El resultado es impresionante: Muritu produce dos tipos de combustible alternativo. «El primero es una gasolina alternativa, usada en máquinas de pequeño y mediano tamaño. Y hay el diésel alternativo, usado por motores diésel pesados: generadores, y también vehículos —en mi propio coche, es eso lo que uso», contó él a la publicación.

Es decir, el combustible que sale de las bolsas y botellas desechadas no se queda solo en teoría: ya abastece el coche del propio inventor. La historia de Joseph Muritu es la prueba de que, con ingenio y ciencia, es posible ver tesoro donde otros solo ven basura —y transformar una de las mayores amenazas ambientales del planeta en parte de una solución energética.

Un descubrimiento que nació de un accidente

Como ocurre con muchas grandes ideas, el viaje de Muritu hacia el combustible de plástico no comenzó con un plan grandioso, sino con una curiosidad despertada por un feliz accidente en el patio de su casa. Según Business Daily Africa, Muritu pasó más de 20 años construyendo sistemas de software y hardware en África, América del Norte y Australia antes de dedicarse a esta nueva empresa. Él cuenta que entró en el ramo de la manufactura por puro accidente.

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«En los últimos tres años, desarrollé un interés por la química y comencé un experimento en el patio para recuperar aluminio de materiales de aluminio desechados. Y, por pura casualidad, una vez, derretimos plástico, lo que nos dio una especie de líquido gelatinoso, y a partir de ahí surgió un interés, y comenzamos a investigar», recuerda Muritu. «Con eso, nos sumergimos en una investigación profunda en el campo, y no paramos más.»

Fue así, de una experiencia que salió «mal» al derretir plástico sin querer, que nació la semilla de un negocio innovador. Basado en Kenol, en la región de Murang’a, en Kenia, Muritu montó un reactor localmente para realizar el proceso. Para sacar la idea del papel y financiar el negocio, se sumergió en sus propios ahorros, invirtiendo más de 5 millones de chelines kenianos — y, según él, esa inversión seguía creciendo. Su socio, Michael Nthenge, un ingeniero mecánico, fue el responsable de fabricar todos los compartimentos del proyecto.

Cómo el plástico se convierte en combustible

El corazón de la invención de Muritu es un proceso químico que, aunque pueda sonar complejo, se basa en un principio relativamente simple — y que es fundamental entender para no confundirlo con la mera quema de basura. Según Africanews, la pirólisis consiste en calentar el plástico a temperaturas muy elevadas en ausencia de oxígeno. Sin oxígeno, el plástico no se incendia: en lugar de quemarse, se descompone, volviendo a su origen — después de todo, el plástico es derivado del petróleo.

El resultado de este calentamiento es un aceite, o líquido de hidrocarburos, que puede luego ser refinado en diferentes tipos de combustible. Uno de los subproductos del proceso es el llamado biochar (una especie de carbón), que, de forma ingeniosa, se reutiliza para alimentar los propios hornos del reactor, haciendo el sistema más eficiente. Según Business Daily Africa, el proceso tiene etapas bien definidas. Primero, los empleados separan la basura plástica para obtener el tipo ideal de plástico necesario para la producción de combustible.

A continuación, la materia prima se tritura en pedazos más pequeños, que se lavan para eliminar cualquier impureza. Solo entonces este material pasa al reactor, donde el calor, en ausencia de oxígeno, hace su magia química. Del proceso salen un producto equivalente a la gasolina, adecuado para motores de pequeño y mediano tamaño, y un equivalente al diésel, que funciona bien en todos los motores diésel, incluidos los de vehículos, generadores y maquinaria pesada.

Un ejército de recolectores y la economía de la basura

La operación de Muritu va mucho más allá de la química: ha creado un pequeño engranaje económico que genera empleos y moviliza comunidades enteras en torno a la recolección de plástico. Muritu ya ha contratado a siete empleados y trabaja con grupos de voluntarios, comerciantes de chatarra y mujeres en la recolección del material plástico usado para la producción de combustible en Kenol. Este arreglo transforma la basura en un recurso con valor: lo que antes obstruía alcantarillas y contaminaba ríos pasa a tener un propósito y un destino. El contexto del problema que él ataca es gigantesco.

La producción global de residuos alcanza los 400 millones de toneladas por año, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. De ese total, solo el 12% se incinera y solamente el 9% se recicla. El resto — la inmensa mayoría — termina en vertederos o en la naturaleza, donde puede tardar cientos de años en descomponerse, cuando eso llega a suceder, debido a la estructura química resistente y duradera del plástico. Es ante esta montaña de basura prácticamente eterna que soluciones como la de Muritu ganan relevancia: cada kilo de plástico transformado en combustible es un kilo menos contaminando el medio ambiente por siglos.

Las reservas ambientales: no todo es simple

Sería irresponsable presentar la tecnología de Muritu como una solución mágica y sin costos. Los especialistas hacen consideraciones importantes, y es justo reconocerlas para entender el verdadero alcance — y los límites — de esta innovación. Según Africanews, el especialista Otieno, consultado por la publicación, hace una reserva fundamental: «La manera más eficaz, en términos de carbono, de lidiar con la basura plástica es no producir plástico ninguno. Entonces, necesitamos innovar para encontrar alternativas al plástico.»

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Pero él reconoce el valor de la solución para el problema que ya existe: «Mientras tengamos el plástico — aquellos que ya hemos producido —, necesitamos explorar todas las opciones. Y creo que la pirólisis y procesos de baja tecnología producidos localmente, como el que este innovador ha desarrollado, deben ser incentivados.» También está la cuestión de las emisiones. Existe una preocupación legítima respecto a los gases nocivos liberados durante la reacción de pirólisis.

Sin embargo, Otieno aclara una distinción técnica crucial: es necesario entender la diferencia entre pirólisis e incineración. «La incineración es la quema en presencia de aire; la pirólisis es el calentamiento en un sistema cerrado», explica. Por eso, según él, la cantidad de gases tóxicos liberados es, por sí sola, limitada — y Otieno añade que la mayoría de esos gases producidos en la pirólisis se redirigen de vuelta al propio proceso, lo que ayuda a mitigar el impacto. Vale la pena registrar, para el lector, que el combustible obtenido del plástico y su quema aún son objeto de estudio y debate ambiental, y que la tecnología, aunque prometedora, no sustituye la necesidad más amplia de reducir la producción de plástico en el origen.

Una solución que señala caminos

El trabajo de Muritu se inserta en un movimiento mayor que viene ganando fuerza en todo el continente africano — y que puede transformar la forma en que el mundo enfrenta tanto la basura como la producción de energía. El caso keniano no es aislado. Iniciativas similares de transformar plástico en combustible por pirólisis vienen surgiendo en diversos países africanos, de Ghana a Nigeria, movidas por la misma lógica: atacar simultáneamente dos problemas crónicos — la acumulación de basura plástica y la escasez o el alto costo de combustible.

Lo que hace que el enfoque de Muritu sea especialmente inspirador es su carácter local y replicable: un reactor montado con conocimiento propio, alimentado por basura recolectada en la comunidad, generando combustible usado allí mismo. Es la economía circular en su forma más concreta y tangible. Claro, es importante mantener la perspectiva: se trata de una solución de escala aún modesta, con desafíos técnicos, ambientales y económicos que deben superarse antes de que pueda adoptarse de forma amplia y segura. Pero el valor simbólico y práctico de la iniciativa es innegable.

La historia de Joseph Muritu es, al final, un recordatorio poderoso de que los problemas más obstinados de la humanidad a menudo esconden, dentro de sí, las semillas de sus propias soluciones —bastando que alguien, con curiosidad, conocimiento y determinación, se disponga a verlas. Un ingeniero que pasó la vida entre software y circuitos encontró, en un accidente con plástico derretido en el patio, una nueva misión: demostrar que aquello que tiramos todos los días, sin pensarlo dos veces, puede contener la energía que hace que el mundo se mueva. Y que, a veces, el combustible del futuro puede estar exactamente donde menos se espera —en el fondo de un bote de basura.

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Débora Araújo

Débora Araújo es redactora en Click Petróleo e Gás, con más de dos años de experiencia en producción de contenido y más de mil artículos publicados sobre tecnología, mercado laboral, geopolítica, industria, construcción, curiosidades y otros temas. Su enfoque es producir contenido accesible, bien investigado y de interés colectivo. Sugerencias de temas, correcciones o mensajes pueden ser enviados a contacto.deboraaraujo.news@gmail.com

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