Investigadores de la USP desarrollan técnicas para rastrear el origen de carne, madera y soja usando IA, química y tecnología nuclear. Entienda el proyecto.
Investigadores brasileños están desarrollando herramientas científicas capaces de rastrear el origen geográfico de tres de las principales commodities del país — carne bovina, madera y soja — con el uso de inteligencia artificial, tecnología nuclear y análisis químico avanzado.
El proyecto, llamado RastreIA, es coordinado por la Profa. Elisabete Aparecida de Nadai Fernandes junto con un equipo técnico especializado y alumnos del Laboratorio de Radioisótopos del CENA/USP y nace en respuesta a una demanda creciente del mercado global: ya no basta con saber qué se está vendiendo, es necesario comprobar de dónde vino y cómo fue producido.
La iniciativa cobra fuerza en un momento en que Brasil está bajo presión internacional por prácticas asociadas a la deforestación y la explotación ilegal de recursos naturales — y en que la transparencia en las cadenas productivas se ha convertido en un criterio decisivo de acceso a mercados, según informaciones de Compre Rural.
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El problema: fraude e ilegalidad en las cadenas productivas
Los números son alarmantes. Según un estudio de la Red Simex, basado en imágenes de satélite analizadas entre agosto de 2023 y julio de 2024 y cruzadas con datos oficiales de organismos ambientales, el 62% de la extracción maderera en la Amazonía no tiene autorización legal. Del total ilegal, el 44% ocurre dentro de áreas protegidas — como territorios indígenas, asentamientos rurales y unidades de conservación.
El caso del ipê ilustra bien la gravedad del problema. Especie altamente valorada en el mercado internacional, se estima que solo el 20% de la madera de ipê comercializada no tiene relación con actividades ilegales. La alta demanda y el valor económico de la especie la convierten en un objetivo frecuente de redes de extracción irregular.
Además, el investigador Dr. Sérgio Raposo, de Embrapa, señala que la deforestación es un vínculo común entre las tres commodities analizadas. Según él, la ganadería bovina a menudo funciona como una forma inicial de ocupación de áreas abiertas irregularmente, que luego pueden ser convertidas para otras actividades productivas, como el cultivo de soja.

Cómo los documentos tradicionales pueden ser engañados
El principal instrumento legal para el transporte y almacenamiento de madera de especies nativas en Brasil es el Documento de Origen Forestal (DOF), exigido por el Ibama. El problema, según especialistas consultados en el proyecto, es que este tipo de licencia puede ser falsificada.
El analista ambiental Alexandre Gontijo, del Laboratorio de Productos Forestales del Servicio Forestal Brasileño, explica que existen dos tipos de fraude más comunes en este sistema:
- Fraude taxonómico: cuando una especie de madera es declarada como si fuera otra, generalmente para evadir la fiscalización;
- Fraude de origen: cuando el lugar informado en el documento no corresponde al lugar real de donde se extrajo la madera.
En la práctica, el resultado es un producto que circula en el mercado con apariencia de legalidad, pero que puede haber sido extraído de forma completamente irregular. Es exactamente esa brecha la que la ciencia busca cerrar.
La «huella digital» de los productos: cómo funciona la trazabilidad química
La base científica de RastreIA reside en lo que los investigadores llaman la firma química de los productos. La lógica es que el ambiente en el que vive un organismo —el suelo, el agua, el clima, la vegetación— deja marcas medibles en la composición del material producido. Estas marcas funcionan como una especie de huella digital geográfica, difícil de falsificar.
En el caso de la madera, la composición química del árbol contiene información sobre el ambiente en el que creció. En la carne bovina, la alimentación del animal, el agua que consumió y las características del suelo de la región de cría influyen directamente en el perfil químico del producto final. En la soja, el principio es el mismo: el ambiente productivo deja rastros detectables.

El investigador Dr. Sérgio Raposo resume esta lógica con una frase directa: «el ser vivo es lo que come». Es decir, todo lo que el animal ingiere y absorbe a lo largo de su vida puede, en teoría, ser detectado en la carne que llega al mercado.
Por otro lado, la gran ventaja de este enfoque es que la composición química no puede ser alterada con la misma facilidad que un documento. Mientras que los registros físicos y digitales pueden ser manipulados, la firma química preserva información sobre el origen real del material.
Tecnologías utilizadas para rastrear con precisión
El proyecto RastreIA combina diferentes herramientas científicas para identificar la procedencia de las materias primas. Entre las principales técnicas en desarrollo, se destacan:
- Análisis multielemental e isotópico: identifica elementos químicos presentes en el producto que funcionan como marcadores geográficos;
- Inteligencia artificial: procesa grandes volúmenes de datos y construye modelos de comparación entre muestras de diferentes regiones;
- Tecnología nuclear: utilizada para lecturas precisas de composición química en laboratorio;
- Espectroscopia de infrarrojo cercano (NIRS): técnica que analiza muestras de madera mediante radiación electromagnética, con la ventaja de poder ser utilizada directamente en campo, acelerando la fiscalización.
La investigadora Dra. Teresa Cristina Pastore, especialista en química de la madera en el Laboratorio de Productos Forestales, destaca un importante desafío práctico: cuando la madera ya ha sido cortada y procesada, a menudo carece de hojas, frutos u otros elementos botánicos que facilitarían la identificación visual. En estos casos, las tecnologías que realizan lecturas rápidas y las comparan con bases de datos estadísticas se vuelven fundamentales.

Para garantizar la precisión de los resultados, los investigadores trabajan con bancos de muestras amplios y representativos, reuniendo materiales de diferentes individuos, regiones y sistemas de producción. Cuanto mayor sea esta base de comparación, más fiable tenderá a ser el modelo de rastreo.
Cómo el rastreo puede convertirse en un diferencial económico para Brasil
Aunque el debate sobre la trazabilidad tiene un fuerte componente ambiental, los investigadores involucrados en el proyecto defienden que también debe ser considerada como un activo económico. En mercados cada vez más exigentes, comprobar el origen de un producto puede significar acceso a compradores premium, contratos más ventajosos y reducción de riesgos para la imagen de las empresas.
La investigadora Dra. Gabriela Bielefeld Nardotto, del Departamento de Ecología de la Universidad de Brasilia (UnB), refuerza esta visión al afirmar que rastrear no significa solo identificar un punto en el mapa. Para ella, se trata de «reconstruir la historia de ese producto, entendiendo de dónde vino, en qué condiciones fue producido y qué impacto pudo haber generado».

Por lo tanto, para frigoríficos, empresas comercializadoras, madereras, exportadores y productores rurales, la trazabilidad deja de ser solo una obligación burocrática y pasa a funcionar como un sello de confianza — capaz de separar a quienes producen dentro de la ley de quienes operan en la ilegalidad.
Brasil en el centro de las demandas climáticas globales
El contexto político internacional hace que esta agenda sea aún más urgente. La celebración de la COP30 en Belém, en 2025, posicionó a Brasil en el centro de las discusiones sobre clima y sostenibilidad. Al mismo tiempo, el peso del agronegocio en las exportaciones brasileñas hace inevitable la discusión sobre cómo conciliar producción a gran escala, conservación ambiental y responsabilidad climática.
Además, antes del avance de los planes de regularización y recolección de datos, más del 55% de las empresas del sector que no necesitaban concesión ni siquiera enviaban información básica al gobierno, lo que comprometía la creación de políticas públicas eficientes para el sector.
La Dra. Gabriela Nardotto sintetiza lo que está en juego: el manejo adecuado es, según ella, el «sello de la sostenibilidad» para la madera, el ganado y la soja. En otras palabras, el futuro de las commodities brasileñas no dependerá solo de producir más, sino de probar cómo, dónde y en qué condiciones se produce.
El desafío ahora es transformar la ciencia en una herramienta práctica
RastreIA representa una apuesta concreta de Brasil para unir productividad, preservación y credibilidad. Si las herramientas en desarrollo llegan al campo y a las cadenas productivas a escala, el país podrá avanzar en un frente estratégico: proteger los bosques, combatir la competencia desleal y consolidar su posición como potencia agroambiental.
En un mercado global que exige cada vez más pruebas —y no solo promesas—, la capacidad de rastrear el origen con precisión científica puede convertirse, en breve, no en un diferencial, sino en un requisito básico para quienes deseen exportar a los mercados más exigentes del mundo.
Con información de Compre Rural y CENA/USP

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