Dell lleva fábrica en Texas a pruebas con 3 mil caídas, cámaras de 5 decibelios y centro de datos de 110 decibelios para validar laptops y servidores bajo presión extrema
Dell abrió la rutina de sus laboratorios en Texas y mostró un ambiente donde las pruebas están lejos de ser básicas. En Round Rock, sede global de la empresa, los equipos enfrentan impactos repetidos, variaciones severas de temperatura y niveles de ruido que cambian de casi silencio a extremo.
El enfoque está en dos frentes. El primero es aumentar la durabilidad de las laptops utilizadas en operaciones pesadas. El segundo es medir con precisión el comportamiento acústico de servidores y computadoras que hoy trabajan a una escala cada vez mayor.
El contraste impresiona. En una sala, el sonido de fondo cae a solo 5 decibelios. En otra área, entre filas de servidores, el ruido alcanza 110 decibelios, exigiendo protección auditiva para circular en el lugar.
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Round Rock concentra pruebas y operación de gran envergadura
La estructura de Dell en Round Rock se encuentra a aproximadamente media hora de Austin y alberga un complejo donde trabajan alrededor de 7,400 personas. Es allí donde la empresa reúne una parte importante de sus operaciones y mantiene ambientes dedicados a la validación de equipos.
En el lugar, las pruebas no solo sirven para observar el rendimiento en situaciones comunes. La idea es forzar el equipo hasta el límite, encontrar fallas y ajustar diseños antes de poner los productos en circulación.
Esta lógica aparece tanto en las laptops reforzadas como en los servidores. El objetivo es verificar cómo cada máquina reacciona cuando se somete a condiciones que imitan un uso severo, presión continua y ambientes difíciles.

Rugged Lab deja caer laptop 3 mil veces
En el Rugged Lab, un brazo robótico toma una laptop de la línea rugged y la suelta al suelo repetidamente. El procedimiento es directo y duro: el equipo sufre 3 mil caídas, pasa por inspección y luego vuelve al ciclo de prueba.
La línea rugged está dirigida a contextos en los que golpes y desgaste son parte de la rutina. Esto incluye operaciones policiales, uso militar y ambientes industriales pesados, como plataformas petroleras y áreas con manipulación intensa.
La lógica del laboratorio es simple. Si el diseño estructural tiene un punto débil, debe aparecer dentro de la prueba. Por eso, el equipo trabaja para romper el diseño en un ambiente controlado, y no después de que la máquina ya esté en el campo.
Agua salada, calor de 70 grados y frío de 51 negativos
Los impactos son solo una parte de la rutina. Las máquinas también pasan por inmersión, chorros de agua dulce y agua salada y cámaras térmicas que elevan la temperatura a 70 grados o bajan el ambiente a 51 grados bajo cero.
Según Superinteressante, revista brasileña de ciencia y tecnología, este sistema térmico opera conectado a un enorme tanque de nitrógeno líquido ubicado fuera del edificio. Esto amplía la capacidad de simular escenarios extremos en secuencia.
En otra prueba física, un empleado de 102 kilos sube sobre el portátil para presionar la estructura. El mensaje es claro: la validación va más allá de medir velocidad o acabado y entra en el terreno de la resistencia bruta.
Cámara semianecoica reduce el ambiente a 5 decibelios

Después del área de impacto, la visita cambia completamente de atmósfera. El laboratorio de acústica alberga cuatro cámaras semianecoicas, siendo tres más pequeñas y una principal con 194 metros cúbicos.
Las paredes internas están revestidas con material que absorbe casi todo el sonido e impide la reflexión en las superficies. El resultado es un ambiente con un ruido de fondo de apenas 5 decibelios, un nivel muy por debajo de lo que se encuentra en espacios comunes del día a día.
Es en este espacio donde Dell mide el ruido emitido por PCs, laptops y servidores. En máquinas cada vez más potentes, controlar el sonido generado por el equipo se ha convertido en parte decisiva del proyecto, especialmente en productos que operan durante largos períodos.
Datacenter experimental llega a 110 decibelios
Si la cámara acústica representa el silencio extremo, el datacenter experimental muestra lo opuesto. Entre pasillos de servidores, el ruido llega a 110 decibelios, un volumen comparable al de un concierto de rock.
En este punto de la operación, la protección auditiva deja de ser un detalle. Para entrar en el área más ruidosa, es necesario usar protectores en los oídos, y el propio equipo recurre a capas adicionales de aislamiento cuando necesita permanecer allí por más tiempo.
Durante la instalación de los servidores Dell PowerEdge 9680, un error hizo que los ventiladores operaran al 100 por ciento. El efecto sonoro fue descrito como el de un avión, señal de cuánto la potencia de estas máquinas exige un control fino dentro del laboratorio.
Lo que estos tests cambian en el producto final
Este conjunto de pruebas ayuda a definir cuánto impacto una máquina soporta, cómo reacciona al agua y a temperaturas extremas y qué nivel de ruido entrega en operación real. Para quienes compran, esto influye en la vida útil, el confort de uso y la previsibilidad en el trabajo.
En el caso de los servidores, la medición acústica y la validación en un ambiente controlado adquieren un peso adicional porque estas máquinas operan sin pausa y a alta intensidad. En los laptops reforzados, la diferencia aparece en la capacidad de seguir funcionando incluso después de un uso agresivo.
Al exponer sus laboratorios en Texas, Dell muestra que la fábrica no trabaja solo para ensamblar equipos. Trabaja para llevar cada proyecto al límite y descubrir dónde cede. Este método transforma la prueba en estrategia y cambia la lectura del sector.

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