Estudios asocian la falta de actividad física al envejecimiento cerebral acelerado, mientras ejercicios regulares ayudan en la circulación, estimulan conexiones neurales y pueden reducir riesgos ligados a la memoria
Estudios recientes señalan: la falta de actividad física está asociada al declive más acelerado de la memoria. El sedentarismo y memoria aparecen ligados por mecanismos que involucran menor circulación cerebral, peor oxigenación de las neuronas y reducción de sustancias importantes para aprendizaje, enfoque y cognición durante el envejecimiento.

Cómo la falta de movimiento afecta al cerebro
La ausencia de una rutina activa reduce el flujo de sangre al cerebro. Con menos circulación, las neuronas reciben menos oxígeno, lo que puede perjudicar procesos ligados a la memoria y al funcionamiento cognitivo.
El sedentarismo también afecta la producción de sustancias esenciales para la memoria, como noradrenalina y dopamina.
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A lo largo de los años, este conjunto de factores puede contribuir a un envejecimiento cerebral más acelerado.
Además del impacto directo en el cerebro, la falta de actividad física está relacionada con condiciones que también perjudican la cognición, como obesidad, hipertensión y diabetes. Por eso, pequeños pasos diarios pueden tener un efecto positivo y duradero.
Ejercicios estimulan conexiones neurales y protegen la memoria
Durante la práctica de ejercicios, el cuerpo libera factores de crecimiento, entre ellos el BDNF. Esta sustancia estimula la formación de nuevas conexiones entre las neuronas y ayuda a proteger regiones ligadas a la memoria, como el hipocampo.
Las actividades aeróbicas son señaladas como especialmente protectoras. El efecto del movimiento también aparece en el humor, en el enfoque y en la capacidad de aprendizaje en diferentes etapas de la vida, no solo en la vejez.

Estudios asocian actividad física a menor riesgo cognitivo
La revisión sistemática con meta-análisis “Does physical activity prevent cognitive decline and dementia?”, publicada en BMC Public Health e indexada en PubMed, refuerza la relación entre movimiento y salud cerebral.
Según el estudio, las personas con niveles más altos de actividad física presentaron una reducción del 35% en el riesgo de deterioro cognitivo y alrededor del 14% en el riesgo de demencia en comparación con personas menos activas.
Los autores destacan que los efectos se mantuvieron consistentes incluso en estudios con seguimiento superior a 10 años. El dato refuerza la importancia de la actividad física como hábito continuo para preservar la cognición.
Hábitos que ayudan a proteger la mente
No es necesario ser atleta para obtener beneficios. La recomendación presentada en el material es combinar ejercicios aeróbicos, de fuerza y de equilibrio a lo largo de la semana, respetando ritmo y limitaciones individuales.
La protección de la mente también depende de otros cuidados, como dormir entre 7 y 9 horas por noche, estimular el cerebro con lectura y juegos, mantener vínculos sociales, adoptar una alimentación rica en vegetales, pescados y aceite de oliva, controlar presión arterial, colesterol y glucemia, evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol.
En casos de olvidos frecuentes, dificultad de concentración o caída significativa del rendimiento mental, la orientación es buscar un médico neurólogo o geriatra para evaluación y seguimiento adecuado.
Este artículo fue elaborado con base en información de Tua Saúde y de la revisión sistemática con meta-análisis “Does physical activity prevent cognitive decline and dementia?”, publicada en BMC Public Health e indexada en PubMed, con datos, números y declaraciones preservados conforme el material consultado.

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