Estudio liderado por la Lancaster University calcula que gases usados para sustituir los CFCs generaron 335,5 mil toneladas de TFA, un “químico eterno”, entre 2000 y 2022.
Según la Lancaster University, científicos calcularon por primera vez que los compuestos usados para sustituir los CFCs, junto con ciertos gases anestésicos, fueron responsables de cerca de 335,5 mil toneladas de ácido trifluoroacético, el TFA, depositadas de la atmósfera sobre la superficie de la Tierra entre 2000 y 2022. El trabajo fue publicado en la revista Geophysical Research Letters y señala que esta carga sigue creciendo, porque parte de estos gases permanece por décadas en la atmósfera antes de descomponerse.
El dato llama la atención porque el TFA es tratado como un “químico eterno”. La propia Lancaster University destaca que la sustitución de los CFCs ayudó a proteger la capa de ozono, pero también creó un subproducto persistente que no había sido plenamente considerado cuando estos cambios químicos fueron adoptados. Según el estudio, la producción anual de TFA a partir de estas fuentes aún puede alcanzar su pico en algún momento entre 2025 y 2100.
Qué es el TFA y por qué preocupa a los científicos
De acuerdo con la Lancaster University, el ácido trifluoroacético es una pequeña molécula fluorada que integra la amplia familia de los PFAS, grupo de sustancias conocido por su persistencia ambiental. El motivo de la alerta está precisamente ahí: una vez formado, el TFA no se descompone fácilmente en el ambiente, se disuelve con facilidad en el agua y es difícil de remover por sistemas convencionales de tratamiento.
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Esto significa que el compuesto entra en el ciclo del agua y continúa circulando por largos períodos. En lugar de desaparecer con relativa rapidez, puede ser transportado por ríos, aguas subterráneas, lluvia y nieve, ampliando su alcance y su permanencia en diferentes ambientes.
Cómo los sustitutos de los CFCs se convierten en un contaminante persistente
Según la Lancaster University, los investigadores utilizaron un modelo de transporte químico atmosférico para estimar cuánto TFA se genera cuando gases como HCFCs, HFCs y ciertos anestésicos se degradan en la atmósfera. Estos compuestos fueron adoptados a lo largo de las últimas décadas como alternativa a los CFCs, que destruían la capa de ozono.
Cuando estos gases ascienden en la atmósfera y sufren reacciones químicas, parte de ellos se transforma en TFA, que luego regresa a la superficie disuelto en la lluvia o depositado directamente desde el aire. Según el estudio, las emisiones provenientes de estos sustitutos aumentaron la deposición global de TFA en cerca de 3,5 veces, pasando de 6,8 mil toneladas por año en 2000 a 21,8 mil toneladas por año en 2022.
Contaminación por TFA ya aparece incluso en el Ártico
Según la Lancaster University, uno de los puntos más preocupantes del estudio es que el TFA no se limita a las regiones donde se emiten los gases.
Como algunos de estos compuestos tienen una vida larga en la atmósfera, pueden ser transportados a grandes distancias antes de descomponerse, lo que ayuda a explicar la presencia creciente de TFA en áreas remotas como el Ártico.

La propia universidad afirma que el modelo indica que prácticamente toda la tendencia observada de deposición de TFA en el Ártico puede ser explicada por estos gases sustitutos de los CFCs. Esto refuerza que no se trata de un problema localizado, sino de un proceso global, con señales consistentes de aumento en diferentes regiones monitoreadas.
La solución para la capa de ozono creó un nuevo problema químico
El estudio también lleva una lección ambiental más amplia. El Protocolo de Montreal, firmado en 1987, es visto como uno de los acuerdos ambientales más exitosos de la historia porque ayudó a poner la capa de ozono en el camino de la recuperación.
Pero, según la Lancaster University, el reemplazo de los CFCs por compuestos menos destructivos para el ozono no consideró completamente el destino ambiental de los productos generados cuando estas sustancias se degradan.
En otras palabras, la solución para un gran problema ambiental terminó abriendo espacio para otro. Los gases que ayudaron a contener el avance del agujero en la capa de ozono también comenzaron a alimentar una lluvia invisible y persistente de TFA, que el planeta no puede eliminar fácilmente.
Científicos defienden más monitoreo y cautela sobre impactos a largo plazo
Según la Lancaster University, los autores del estudio afirman que es urgente ampliar el monitoreo del TFA en el ambiente.
El trabajo señala que la sustancia tiene potencial para permanecer en circulación por mucho tiempo, pero también deja claro que las consecuencias ambientales y sanitarias a largo plazo aún necesitan ser mejor comprendidas.
Esto significa que la alerta es fuerte, pero no autoriza conclusiones definitivas sobre todos los impactos futuros. Lo que ya está claro, sin embargo, es que el TFA se está convirtiendo en uno de los ejemplos más importantes de cómo la sustitución de compuestos industriales necesita ser evaluada en ciclo completo, incluyendo el comportamiento de los subproductos formados décadas después de su liberación.


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