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La minería en el fondo del mar dejó cicatrices por más de 40 años en el Pacífico, estudio revela ecosistema que aún no se ha recuperado totalmente y enciende alerta global antes de que empresas intenten avanzar en la extracción de cobre y cobalto para baterías en aguas profundas.

Escrito por Carla Teles
Publicado el 28/05/2026 a las 22:37
Actualizado el 28/05/2026 a las 22:39
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Estudio citado por Reuters indica que una franja del Pacífico minada en 1979 aún muestra sedimentos alterados y menos organismos grandes después de cuatro décadas. La advertencia surge mientras gobiernos discuten reglas internacionales y empresas apuntan a cobre, cobalto y nódulos polimetálicos para baterías en aguas profundas del océano global, sin consenso regulatorio.

La minería en el fondo del mar volvió al centro del debate ambiental después de que científicos identificaron marcas persistentes en el lecho del Pacífico más de 40 años después de una prueba de extracción de metales. El área analizada se encuentra en la zona Clarion-Clipperton, región rica en nódulos polimetálicos.

El descubrimiento pesa porque empresas y gobiernos discuten si la exploración comercial en aguas profundas debe avanzar antes de reglas internacionales definitivas. En juego están minerales como cobre, cobalto y níquel, usados en baterías, tecnologías de energía limpia y cadenas industriales estratégicas.

Minería en el fondo del mar dejó marcas por décadas

Minería en el fondo del mar en el Pacífico alerta para cobre, cobalto y baterías, con riesgo ambiental en aguas profundas.
Minería profunda enciende alerta en el Pacífico

El área estudiada fue impactada por una prueba de minería realizada en 1979. Más de cuatro décadas después, una expedición científica en 2023 encontró señales de que el ecosistema aún no ha vuelto completamente al estado anterior.

El punto más sensible es la lentitud de la recuperación. En ambientes abisales, donde hay poca luz, baja disponibilidad de alimento y organismos de crecimiento lento, una perturbación física puede permanecer visible por muchos años.

Según el levantamiento citado, la retirada de pequeños nódulos polimetálicos de una franja del lecho marino provocó cambios duraderos en los sedimentos. También hubo reducción de muchos organismos mayores que vivían en la región.

Al mismo tiempo, algunos seres menores y más móviles mostraron señales de recuperación. Esto indica que el impacto no es igual para todos los grupos, pero refuerza la dificultad de prever cómo un ecosistema profundo responde a una actividad industrial.

Zona Clarion-Clipperton concentra minerales codiciados

Mineração no fundo do mar no Pacífico alerta para cobre, cobalto e baterias, com risco ambiental em águas profundas.
Cobre y cobalto ponen el fondo del mar en disputa

La zona Clarion-Clipperton, en el Pacífico, es una de las áreas más observadas por empresas interesadas en minería oceánica. El lugar tiene nódulos polimetálicos, formaciones minerales que se acumulan lentamente sobre el fondo del mar.

Estos nódulos pueden contener metales como cobalto, cobre y níquel. Son recursos estratégicos para baterías, coches eléctricos, almacenamiento de energía y otras tecnologías asociadas a la transición energética.

El problema es que estos mismos nódulos también funcionan como parte del hábitat de organismos del fondo del mar. Removerlos no significa solo extraer mineral, sino alterar físicamente una superficie donde la vida se organiza.

Ese es uno de los principales puntos del debate. La minería puede entregar metales importantes para la economía de bajo carbono, pero también puede crear daños en ecosistemas aún poco conocidos por la ciencia.

Estudio muestra recuperación desigual en el fondo del Pacífico

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Nódulos minerales se convierten en objetivo de la carrera por baterías

Los datos indican que los efectos de pruebas antiguas continúan detectables. El área minera mantuvo alteraciones físicas en el sedimento y cambios en la composición de la fauna, especialmente entre organismos mayores.

Esto no significa que nada haya vuelto al lugar, sino que la recuperación es incompleta y desigual. Algunos grupos lograron recolonizar partes del área, mientras que otros siguen reducidos o ausentes en relación al ambiente no impactado.

En ecosistemas terrestres, la recuperación de un área degradada ya puede llevar décadas. En el fondo del océano, la escala de tiempo puede ser aún mayor, porque muchos procesos son extremadamente lentos.

Por eso, los científicos tratan estos resultados como alerta. Pruebas pequeñas, hechas en escala limitada, ya dejaron señales por más de 40 años. Una operación comercial tendría una dimensión mucho mayor.

El debate internacional aún no tiene regla final

La alerta científica aparece mientras delegaciones de decenas de países discuten reglas para eventual minería en aguas internacionales. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, ligada al sistema de las Naciones Unidas, intenta construir un código de minería para orientar la actividad.

El impasse está en el tiempo. Las empresas quieren avanzar, mientras que científicos, ambientalistas y parte de los gobiernos defienden cautela antes de la liberación comercial.

Según Reuters, 32 gobiernos y 63 grandes empresas e instituciones financieras apoyaban algún tipo de pausa o moratoria. El argumento es que aún faltan datos suficientes para medir riesgos a largo plazo.

Por otro lado, empresas del sector afirman que la minería en el fondo del mar podría tener un impacto menor que la minería terrestre convencional, porque sería necesario mover menos material para obtener la misma cantidad de metal.

Empresas apuntan a la primera aplicación comercial

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El océano profundo aún no se ha recuperado totalmente

La canadiense The Metals Company aparece entre los actores más observados en este proceso. La empresa planeaba someter una primera solicitud formal de minería, incluso con reglas aún en discusión.

Este movimiento aumenta la presión sobre los reguladores internacionales. Si se presenta una solicitud antes del código final, los países deberán decidir cómo lidiar con una actividad que aún no tiene un marco completo.

La empresa sostiene que tiene derecho legal de presentar la solicitud y busca claridad en el proceso. Para los defensores de la minería, los nódulos del fondo del mar pueden ayudar a suplir metales necesarios para la electrificación global.

Para los críticos, sin embargo, avanzar antes de entender plenamente los impactos puede repetir errores ambientales históricos. La diferencia es que, en el fondo del océano, monitorear y reparar daños es mucho más difícil.

La ciencia aún conoce poco de las aguas profundas

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Cicatriz en el fondo del mar sigue visible después de 40 años

Una revisión científica sobre los impactos de la minería en aguas profundas señala que las llanuras abisales, fuentes hidrotermales y montes submarinos son ecosistemas muy diferentes. Cada uno reacciona de manera propia a la perturbación.

En las llanuras abisales, como la Clarion-Clipperton, hay señales de impactos ecológicos a escala de décadas. En fuentes hidrotermales y montes submarinos, el riesgo de pérdida de biodiversidad puede ser aún más crítico debido al aislamiento y al endemismo de especies.

El problema central es que el océano profundo aún es poco estudiado. Muchas especies no han sido descritas, muchos hábitats no han sido muestreados y los procesos de recuperación siguen siendo inciertos.

Esto crea una dificultad para decisiones públicas. Autorizar minería comercial sin conocer totalmente el ambiente significa aceptar riesgos que quizás solo queden claros décadas después.

Plumas de sedimento amplían preocupación

Además de la remoción directa de los nódulos o costras minerales, hay otra preocupación: las plumas de sedimento. Máquinas en el fondo del mar pueden suspender partículas que se esparcen y se depositan en áreas cercanas.

También existe debate sobre la descarga de agua y material procesado en capas intermedias del océano. Este tipo de pluma puede afectar no solo el fondo, sino también ecosistemas de la columna de agua.

La revisión científica señala que los efectos de estas plumas aún necesitan más estudios empíricos. Modelos indican posibles áreas amplias de dispersión, pero faltan observaciones suficientes en operaciones reales.

Esto hace que el riesgo sea más complejo. La minería no impactaría solo el punto exacto donde pasa la máquina, sino que podría alterar regiones alrededor e incluso organismos que viven lejos del fondo.

Las baterías aumentan la presión por cobre y cobalto

La búsqueda de metales para baterías es uno de los motores de la nueva carrera por la minería oceánica. Cobalto, cobre, níquel y otros minerales tienen un papel importante en tecnologías de almacenamiento y electrificación.

La contradicción es evidente: la transición energética, pensada para reducir emisiones, puede generar nueva presión sobre ecosistemas poco conocidos. El fondo del mar entra en este debate como una frontera de minería aún no explorada comercialmente a gran escala.

La demanda por baterías tiende a crecer con coches eléctricos, redes de energía renovable y equipos electrónicos. Esto aumenta el interés por fuentes alternativas de minerales.

Pero la pregunta que queda es si el beneficio industrial compensa el riesgo ambiental. El estudio a largo plazo en el Pacífico muestra que una cicatriz pequeña puede durar mucho más que el ciclo económico de una empresa.

La alerta global crece antes de la carrera en aguas profundas

La minería en el fondo del mar está siendo presentada por algunos como solución para la demanda de metales. Pero los datos científicos muestran que el océano profundo no es un espacio vacío, simple o rápidamente recuperable.

La prueba de 1979 en el Pacífico dejó señales por más de 40 años. Este dato cambia la escala de la discusión, porque muestra que los impactos pueden atravesar generaciones humanas.

La decisión sobre liberar o no la exploración comercial involucra ciencia, economía, clima, geopolítica y biodiversidad. No se trata solo de elegir dónde extraer metales, sino de definir cuánto riesgo el mundo acepta imponer a un ambiente que aún apenas conoce.

¿Y tú, crees que la minería en el fondo del mar debe ser pausada hasta que la ciencia entienda mejor los impactos, o los metales para baterías justifican avanzar con reglas estrictas de control? Comenta tu opinión.

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Carla Teles

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