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Los científicos no esperaban, pero encontraron en una cueva fósiles de especies misteriosas entre cenizas volcánicas de más de 1 millón de años, revelando una historia antigua.

Publicado el 26/05/2026 a las 08:58
Actualizado el 26/05/2026 a las 08:59
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Fósiles de aves y ranas encontrados en la Isla Norte muestran que cambios climáticos y eventos volcánicos ya remodelaban la fauna local mucho antes de la llegada humana a Nueva Zelanda

Fósiles encontrados en una cueva de la Isla Norte de Nueva Zelanda revelaron un ecosistema de más de 1 millón de años, con aves y ranas preservadas entre cenizas volcánicas. El descubrimiento muestra que grandes cambios en la fauna ya ocurrían mucho antes de la llegada humana al país.

Fósiles en Nueva Zelanda llenan una antigua laguna de la biodiversidad

El descubrimiento descrito en la revista Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology presenta la primera evidencia directa de una comunidad animal del inicio del Pleistoceno en la Isla Norte.

El conjunto fue encontrado en depósitos de una cueva preservada entre capas de cenizas volcánicas.

Los investigadores identificaron fósiles de 12 especies de aves y cuatro especies de ranas. Parte de estas aves aún no había sido reconocida por la ciencia, lo que amplía el conocimiento sobre la fauna que habitaba los antiguos bosques neozelandeses.

Durante mucho tiempo, las extinciones en Nueva Zelanda fueron discutidas principalmente a partir del poblamiento humano, ocurrido hace cerca de 750 años.

El nuevo material muestra que cambios profundos ya estaban en marcha mucho antes de ese período.

Fósiles super antiguos encontrados en cueva sorprende a científicos
Excavación en el interior de la Cueva Moa Eggshell, en Nueva Zelanda, mostrando las capas volcánicas y los sedimentos fosilíferos. Crédito: Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology

Cenizas volcánicas preservaron un bosque de más de 1 millón de años

Los sedimentos de la cueva quedaron sellados entre dos capas de cenizas volcánicas, formadas en erupciones diferentes.

La capa inferior fue datada en cerca de 1,55 millones de años, mientras que la superior tiene aproximadamente 1 millón de años.

Este intervalo preservó un registro raro de la vida animal en una fase poco documentada de la historia natural de Nueva Zelanda.

La colección muestra un bosque ancestral con especies diferentes de las asociadas a los ecosistemas actuales.

Trevor Worthy, de la Universidad Flinders y líder del estudio, afirmó en un comunicado del Museo de Canterbury que el descubrimiento documenta una avifauna que ya no existía cuando los humanos llegaron a Nueva Zelanda.

Fósiles súper antiguos encontrados en cueva sorprenden a científicos
Huesos fosilizados recuperados del sitio, incluyendo fragmentos de miembros y vértebras, fueron usados para identificar especies de aves extintas del antiguo ecosistema de Nueva Zelanda. Crédito: Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology

Extinciones naturales ya remodelaban la Isla Norte

El estudio indica que cerca del 33% al 50% de las especies de la Isla Norte desaparecieron durante el millón de años anterior al establecimiento humano en la región. La estimación fue hecha a partir de las evidencias fósiles recuperadas.

Según Paul Scofield, coautor del estudio y curador sénior de Historia Natural del Museo de Canterbury, cambios climáticos y grandes eventos volcánicos probablemente tuvieron un papel central en este declive.

Worthy afirmó que los resultados desafían la visión de que la extinción de las aves de Nueva Zelanda debe ser observada solo por la llegada humana.

Fuerzas naturales, como supervolcanes y cambios climáticos drásticos, ya moldeaban la fauna local hace más de 1 millón de años.

Loro ancestral y otras especies muestran historia aún incompleta

Entre los hallazgos, los científicos destacaron Strigops insulaborealis, una nueva especie de loro emparentada con el Kākāpō moderno. El equipo sugirió que este pariente ancestral podría haber mantenido la capacidad de volar.

La hipótesis proviene de diferencias anatómicas, como patas más débiles en comparación con las del Kākāpō actual, conocido por no volar y por su habilidad de escalar. Los investigadores resaltaron que nuevos estudios aún son necesarios.

La cueva también preservó fósiles ligados a un ancestro del Takahe moderno y restos de una paloma extinta, cercana a las palomas de alas bronceadas australianas.

Excavaciones anteriores ya habían encontrado evidencias de vida en Nueva Zelanda datadas de 20 a 16 millones de años atrás.

El nuevo descubrimiento ayuda a llenar el período entre 15 millones y 1 millón de años atrás, una brecha importante en la historia antigua del país.

Esta materia fue elaborada con base en información de la revista Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology y del Museo de Canterbury, con datos, números y declaraciones preservados conforme al material consultado.

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Romário Pereira de Carvalho

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