Con agua salada en evaporación, investigadores de la EPFL desarrollaron un nanodispositivo hidrovoltaico de tres capas que usa calor y luz para controlar iones y electrones. La tecnología alcanzó un voltio y 0,25W/m², apuntando a sensores ambientales, vestibles e internet de las cosas donde haya agua, calor y sol disponibles sin batería externa.
El agua salada se convirtió en la base para un nanodispositivo capaz de producir electricidad continua a partir de la evaporación, en una investigación de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, la EPFL, en Suiza. El estudio, publicado en Nature Communications, involucra a investigadores del Laboratorio de Nanociencia para Tecnología de Energía, liderado por Giulia Tagliabue.
De acuerdo con la EPFL, el trabajo actual desarrolla una plataforma presentada en 2024 para estudiar el efecto hidrovoltaico, fenómeno en el que el paso de un fluido por una superficie cargada puede generar electricidad. Ahora, el equipo mostró un sistema que combina evaporación, calor, luz solar, iones y electrones en una estructura diseñada para aplicaciones autónomas de baja potencia.
La evaporación del agua salada pasa a generar corriente estable

El principio del dispositivo parte de una situación común: la evaporación. Cuando el agua salada se evapora sobre la estructura del nanodispositivo, los iones presentes en el fluido se desplazan, creando separaciones entre cargas positivas y negativas en la interfaz entre líquido y sólido.
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Esa separación de cargas forma un campo eléctrico capaz de impulsar electrones a través de un circuito conectado. La diferencia es que el sistema de la EPFL no usa calor y luz solo para acelerar la evaporación, sino para controlar el movimiento de iones en el agua y el flujo de electrones en el material de silicio.
Tres capas separan evaporación, iones y recolección eléctrica

El nanodispositivo fue diseñado con tres capas distintas. Una de ellas está ligada a la evaporación, otra al transporte de iones y la tercera a la recolección de carga eléctrica. Esta separación permite observar mejor cada etapa del proceso y ajustar el rendimiento del sistema con más precisión.
La estructura incluye nanopilares de silicio organizados de forma que crean canales para la evaporación del agua salada. Estos pilares están revestidos con una capa de óxido, pensada para proteger el material contra reacciones químicas indeseadas y mantener estabilidad bajo calor y luz.
Calor y luz solar amplían la producción de energía
En muchos estudios sobre evaporación, calor y luz son vistos principalmente como aceleradores del proceso. En la investigación de la EPFL, estos factores adquieren otra función: ayudan a intensificar los efectos eléctricos dentro del nanodispositivo.
Como el silicio es semiconductor, los fotones de la luz solar excitan electrones en el material. Al mismo tiempo, el calor aumenta cargas negativas en la superficie, mientras la evaporación del agua salada mueve iones. Según Giulia Tagliabue, la combinación de luz y calor solar puede aumentar la producción de energía hasta cinco veces.
La potencia es pequeña, pero puede servir para dispositivos autónomos
El sistema alcanzó una tensión de 1 V y una densidad de potencia de 0,25 W/m². Estos números no apuntan a una generación eléctrica a gran escala, como una planta, pero son relevantes para aplicaciones pequeñas y distribuidas, especialmente cuando el objetivo es alimentar sensores sin batería.
La propuesta tiene sentido en escenarios donde haya agua salada, calor y luz solar disponibles. El enfoque está en dispositivos de baja potencia, como sensores ambientales, equipos vestibles y aplicaciones de internet de las cosas, que necesitan fuentes autónomas, estables y localizadas.
La estabilidad en ambiente salino es un punto importante
Trabajar con agua salada presenta un desafío técnico: los materiales pueden degradarse con el tiempo en ambientes corrosivos. El equipo de la EPFL destaca que los nanopilares recubiertos con óxido ayudan a proteger el dispositivo y evitar reacciones químicas que podrían comprometer el rendimiento.
Este punto diferencia la propuesta de sistemas de alta tensión que pueden sufrir degradación cuando se exponen a calor, luz y salinidad. La estabilidad es decisiva para cualquier aplicación práctica, porque los sensores autónomos necesitan funcionar por largos períodos sin mantenimiento constante.
Investigación apunta a sensores, wearables e internet de las cosas
Los investigadores creen que el avance puede acelerar el desarrollo de dispositivos hidrovoltaicos. La idea es crear pequeñas fuentes de energía para redes de sensores en lugares donde la sustitución de baterías sea cara, difícil o poco práctica.
Entre las aplicaciones citadas están el monitoreo ambiental, dispositivos wearables e internet de las cosas. En todos estos casos, el agua salada en evaporación podría funcionar como parte de una fuente energética local, aprovechando condiciones naturales de calor y luz para mantener sistemas operando.
El nanodispositivo de la EPFL muestra cómo el agua salada puede dejar de ser solo un fluido en evaporación y convertirse en parte de una plataforma experimental de generación eléctrica. La propuesta une nanotecnología, silicio, calor solar, luz y movimiento de iones en un sistema orientado a electricidad continua y autónoma.
Todavía hay distancia entre el laboratorio y el uso amplio, pero el concepto plantea una cuestión interesante: ¿pequeñas fuentes de energía dispersas en el ambiente pueden reducir la dependencia de baterías en sensores y dispositivos conectados? ¿Crees que tecnologías de este tipo pueden cambiar la internet de las cosas o aún parecen demasiado limitadas? Deja tu opinión en los comentarios.


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