Ciudad paulista sin cementerio ni delegado aparece en 4º en el ranking nacional de calidad de vida, sustentada por aguas medicinales
A poco más de dos horas de la capital de São Paulo, Águas de São Pedro llama la atención por un detalle inusual: el municipio no cuenta con cementerio ni delegado fijo. Con poco más de 80 años de emancipación, la estación turística aparece en la 4ª posición del ranking nacional de calidad de vida elaborado por el Índice de Progreso Social (IPS).
La rutina es tranquila. Calles arboladas, ausencia de semáforos y una vida comunitaria que mantiene tradiciones poco vistas en otras ciudades.
Muchos residentes destacan esta tranquilidad como la principal razón para quedarse.
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La ciudad más ‘aislada’ de Brasil tiene más de 2,06 millones de habitantes, es la séptima más grande del país, no tiene conexión vial, alberga un polo industrial multimillonario y se encuentra en el corazón de la Amazonía.
Choque de realidades
Marcelo Brega, 48 años, trabaja como autónomo y vive en la ciudad desde hace dos décadas. Creció en la capital paulista y recuerda bien el cambio de ritmo cuando decidió seguir los pasos de sus padres y mudarse.
“Fue un gran choque. Como buen paulista, nací y crecí en medio del tráfico. Aquí no tenemos ni semáforo. No hay violencia ni nada. Mi casa ya quedó con una puerta abierta y no pasó nada”, cuenta.
La seguridad es uno de los aspectos que más impresiona. Una situación rara en otros municipios, la comisaría local funciona con poca demanda.
“Hasta hay una, pero no hay delegado. Hay un escribano y a veces un investigador. Es una comisaría que tiene poco trabajo”, explica el jubilado Orlando Cirino, de 85 años, que vive allí desde 2004.
Ciudad segura y relaciones de confianza
Cuando hay algún registro de ocurrencia, la población recurre a la comisaría de la vecina São Pedro, que se encuentra a 7 km.
No obstante, esto no llega a ser frecuente. La ciudad es conocida por su calma y por la confianza entre vecinos y comerciantes.
Cirino ejemplifica esta relación con historias cotidianas. “El panadero deja el pan en la puerta y yo pago después.
P Puede ser al día siguiente o incluso en la semana siguiente. Nadie desconfía porque todos se conocen”, relata.
Esta confianza, sumada a la baja criminalidad, refuerza la idea de que Águas de São Pedro aún preserva un aire de ciudad del interior, a pesar de estar cerca de grandes centros.
La búsqueda por el “oro negro”
La tranquilidad actual contrasta con la historia de la ciudad. En los años 1920, se creía que el territorio escondía yacimientos de petróleo.
El gobierno estatal inició perforaciones, pero solo encontró agua. El episodio alimentó el rumor de que Monteiro Lobato había perdido dinero en la región.
El fracaso no borró las marcas. La antigua torre de perforación aún puede ser vista y se ha convertido en un punto histórico. Pero fue precisamente el descubrimiento inesperado lo que cambió el rumbo del pueblo.
De la frustración al encanto de las aguas
En la década de 1930, el comerciante Octavio Moura Andrade visitó la región y se encontró con las aguas oscuras y de fuerte olor provenientes de las perforaciones.
El líquido, rechazado como petróleo, llamó la atención porque era beneficioso para el ganado.
Encantado con el efecto, Andrade compró la hacienda y construyó lo que más tarde sería el Gran Hotel São Pedro. La apuesta transformó el lugar en una estación hidromineral, dando origen al municipio.
Décadas más tarde, investigaciones del Instituto de Investigaciones Tecnológicas de la USP comprobaron las propiedades medicinales de las aguas.
La ciudad donde nadie es enterrado
Las aguas medicinales influyeron incluso en la organización urbana. Para evitar contaminaciones, nunca se construyó un cementerio en la ciudad.
Cuando alguien muere, el cuerpo debe ser trasladado a municipios vecinos, como São Pedro o Piracicaba.
Marcelo Brega explica que ya hubo un intento de abrir un velorio, pero el espacio terminó desactivado y convertido en edificio público.
Hoy, la única excepción es el propio fundador. Octavio Moura Andrade fue sepultado en la Capela Nossa Senhora Aparecida, ubicada en el punto más alto del municipio.
A pesar de su tamaño reducido, la ciudad mantiene un calendario activo de eventos culturales y deportivos. Uno de los grupos tradicionales es los Chorões da Velha Guarda, formado por residentes que cultivan el samba y el choro.
Orlando Cirino es integrante y se enorgullece de la historia del colectivo. “Interpretamos samba y choro desde hace casi 20 años. El grupo está formado por gente que vino de fuera. Uno de los integrantes era conocido mío en Santos, que no veía desde hace 30 años, y nos reencontramos aquí”.
Un estilo de vida que conquista
Para los residentes, la mayor riqueza de Águas de São Pedro es la forma de vivir. Marcelo Brega resume: “Después de que nos acostumbramos, es difícil querer salir.
En São Paulo, ni siquiera puedo andar mucho por las calles, ya pierdo la paciencia con el tráfico”.
No es casualidad que la ciudad aparezca bien posicionada en el ranking nacional de calidad de vida. La combinación de seguridad, confianza comunitaria y aguas con fama medicinal han transformado el pequeño municipio en un lugar único.
Para muchos, más que una dirección, Águas de São Pedro representa un pedazo raro de encantamiento en el interior paulista.
Con información de UOL.


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